Hablando del Fondo en teoría y sin su experiencia
La "conciencia cognitiva" (del latín
cognoscere = "conocer") tiene la capacidad de conocer, de
correlacionar los hechos observados para sacar conclusiones, y de organizar, en
consecuencia, el pensamiento y las acciones de la persona. Su condición básica
de funcionamiento remite a la relación entre "sujeto" y
"objeto", que se manifiesta como la base misma de todo nuestro
conocimiento.
En Occidente esta conciencia cognitiva es el vehículo empleado para la
búsqueda y obtención de conocimiento. Pero, desde el punto de vista del
pensamiento oriental, este conocimiento se considera una limitación impuesta
sobre una naturaleza más profunda de la conciencia; como si los objetos y las
representaciones mentales asociadas a la conciencia cognitiva (chitta,
en sánscrito) formasen una red cerrada que velara y ocultase la denominada
"conciencia pura" (Chit).
La intencionalidad de la conciencia cognitiva
Funcionando dentro del esquema de la relación sujeto-objetiva, los filósofos
señalan que la característica fundamental de la conciencia cognitiva es su intencionalidad,
del latín intendere = "tender hacia",
"dirigirse hacia" los objetos, en este caso). Se dice, al
respecto, que toda conciencia, o acto de la conciencia cognitiva, es siempre
conciencia de "algo" (del objeto, en general), sin que pueda darse
dicho acto al margen de ese "algo" hacia el que se dirige. Es
importante no confundir la intencionalidad de la conciencia cognitiva con el
término homónimo que expresa la determinación de la voluntad en orden a un
fin.
Para desvelarse como conciencia pura, la conciencia cognitiva tiene que dejar de
lado su naturaleza intencional, es decir, debe dejar de estar dirigida hacia los
objetos y las representaciones, ya sean internas o externas.
Imaginemos como acto de la conciencia intencional una escucha dirigida hacia
"algo". Proponemos esta escucha como analogía de la conciencia
cognitiva. En tal caso la conciencia pura sería la propia escucha al margen de
ese "algo" (el objeto) escuchado, la cual por ello poseería la
capacidad global de escuchar cualquier cosa. En el caso de la escucha dirigida
hacia "algo", la escucha incluso pierde relevancia frente a lo
escuchado (el objeto de la escucha). En una escucha no dirigida se recupera su
importancia. La escucha sin objeto escuchado sería algo así como un puro
escuchar.
En su forma intencional la conciencia se dirige hacia los objetos. En su estado
puro no remite a la diferenciación sujeto-objetiva, sino que consiste,
precisamente, en su supresión, por la que se unifican el sujeto que conoce, el
objeto conocido y el proceso del conocimiento.
La naturaleza de la conciencia pura
El pensamiento oriental mantiene que la conciencia pura sin objeto posee una
naturaleza propia que se puede aprehender de forma clara al margen de las
representaciones particulares de la conciencia cognitiva, pues éstas son sólo
formas de la conciencia intencional sujeto-objetiva, y no pueden existir sin
aquélla.
La ilustración clásica para comprender esta sutil relación es el ejemplo del
oro y las joyas que pueden labrarse con él; ¿podrían existir las joyas en su
bella diversidad, si no existiese el oro como su fundamento seguro e invariable?
El oro es a las joyas lo que la conciencia pura a las representaciones, y en el Yoga
Vasishta se dice: "Quien no entiende de oro, sólo ve el brazalete. No
se da cuenta de que únicamente es oro."
El mundo de los objetos posee, así, "otra cara", que corresponde a su
naturaleza esencial, al margen de la actividad representacional de la conciencia
cognitiva. Esa "otra cara" es "el rostro originario" de los
textos budistas chinos y japoneses, y para los hindúes el Testigo
ligado a la conciencia pura sin objeto, que corresponde a la
"Realidad" más allá de las representaciones de la conciencia
cognitiva. Nada más alejado, por tanto, del mundo de los objetos relativos a
esta conciencia, y de la "realidad" que habitualmente se les atribuye.
La evidencia de lo Real
La agitación permanente de la conciencia cognitiva revela una capacidad
inagotable de inquirir y preguntar; cuando esta capacidad se dirige hacia su
propio interior y se indaga de manera profunda en la naturaleza y en el origen
de la propia conciencia, esta búsqueda tenaz puede conducir a la detención de
su propia actividad representacional. Esta es formalmente la vía que los
seguidores del Vedânta denominan "jñâna-mârga", el camino (mârga)
que conduce al conocimiento directo (jñâna) de lo Real.
En la posición resultante del Testigo, la actividad representacional de la
conciencia cognitiva y la representación del ego individual (ahamkâra) se
extinguen; la conciencia pura brilla sola sin ser velada por conocimiento alguno
de objetos internos ni externos. El acceso a esa posición, por tanto, no se
alcanza añadiendo más y más "conocimiento", sino que requiere
adoptar un modo alternativo de conocer, un cambio total de enfoque que podemos
denotar como la "evidencia" (vidyâ) de lo Real.
La transformación de la conciencia
A pesar de ser en esencia indescriptible e impensable, todo el mundo puede
alcanzar la evidencia de lo Real. Quien realiza el estado de conciencia pura,
siquiera por un instante, realiza la verdad suprema contenida en la solemne
afirmación de las Upanishads:
"Tat tvam asi", "Eso (el Testigo, la conciencia pura) eres
tú".
Es obvio que a nadie le es posible permanecer para siempre en el estado de
conciencia pura, que es un estado de conocimiento por evidencia, sin conciencia
de lo particular. Quien lo realiza, tarde o temprano "regresa" al
mundo habitual de los objetos de la conciencia cognitiva; pero para él este
mundo ya no es como lo conocía, pues ve que "Eso" (Tat) que ha
realizado irradia en todas las cosas.
Lo Real que ha evidenciado en el interior lo ve ahora también en el exterior.
De hecho, las palabras "interior" y "exterior" pierden su
sentido, ya que el ilusorio poder diferenciador del ego individual que le
separaba de las cosas se ha debilitado por completo. Para él todo
es Uno.
Habiendo transcendido la fase de la diferenciación sujeto-objetiva, se halla
establecido ahora en el estado de no diferenciación, en el que se produce la
unión del sujeto que conoce y del objeto conocido, que los orientales desde
diferentes tradiciones denominan samadhi, turiya, kaivalya,
nirvana, satori
de otras formas, que sólo son nombres distintos para referirse a la liberación
del teatro de sombras ilusorias (objetos, representaciones) de la conciencia
cognitiva.
Un espejismo compartido
Según hemos señalado, la conciencia sujeto-objetiva se dirige hacia los
objetos desde la posición del sujeto. Para el Vedânta, tanto esos objetos como
el sujeto que les es relativo son ilusorios; no falsos, sino ilusorios, pues son
meras representaciones a las que se atribuye una realidad que en un sentido
absoluto no poseen.
El problema de fondo es si lo Real puede predicarse de lo que existe en el
tiempo y que, por ello, no encarna siempre una misma mismidad, o sólo puede
predicarse de una entidad totalizadora única, que no está en el tiempo y que,
por tanto, es siempre la misma.
Este problema se expresa en la doctrina hindú de mâyâ,
la cual refleja un punto de vista muy antiguo recogido también en el
pensamiento occidental. Instalado en él, Heráclito lamentaba el flujo
permanente de las cosas; Platón hablaba de lo que deviene siempre y nunca es;
Spinoza, de meros accidentes de la única substancia a la que corresponde el
verdadero Ser y la existencia por sí; Kant opuso lo conocido de este modo, como
mero fenómeno, al noúmeno.
La obra de mâyâ
se delata justamente en la forma múltiple, transitoria y cambiante de este
mundo sensible en el que estamos: un hechizo provocado, una apariencia
inestable, irreal en sí misma y comparable a la ilusión óptica y al sueño,
un velo que envuelve la conciencia cognitiva humana en un entramado de objetos y
meras representaciones.
Liberación y trascendencia del tiempo: la Presencia
La creencia de que el paradigma entero de la experiencia humana está enraizado
en algún tipo de ilusión desconcertante constituye un hilo común que recorre
la geografía y la historia del pensamiento.
La liberación, de la que hablan los hindúes, es una liberación de la potencia
ilusoria de la conciencia cognitiva que nos induce a ver la realidad alojada en
el tiempo. A partir de esta creencia se afirma que el transcurso del tiempo
puede ser controlado, e incluso suspendido, junto con la actividad de la
conciencia. Para quienes mantienen este punto de vista, la verdadera Realidad
transciende el tiempo: los europeos lo denominan eternidad,
los hindúes lo refieren como moksha
y los budistas como nirvana.
La inmersión de la conciencia cognitiva en la conciencia pura, que acompaña la
evidencia de lo Real, exige la emancipación de los modos de conocer propios de
aquélla, lo que afecta de manera decisiva a la temporalidad. Todas las
tradiciones espirituales incorporan planteamientos y métodos para favorecer las
ocasiones que permiten al individuo escapar del tiempo y ser Testigo, digámoslo
así, de la conciencia pura.
Siguiendo, por ejemplo, el camino de la autorrealización, a través de la rama
advaita del Vedânta, se aspira a alcanzar una experiencia de la Realidad
verdaderamente atemporal, no en el sentido de una duración sin fin, sino como
compleción del tiempo en un instante más allá del mismo que no requiere para
sí ni un antes ni un después, en relación con un tipo de
"despertar" súbito en que se engloba en ese instante todo el devenir
pasado y futuro.
Si despojamos a la conciencia cognitiva de todo lo relacionado con su
proyección hacia el pasado y el futuro, lo que nos queda es una cierta forma de
presente. Pero tal "presente" no debe interpretarse como un ahora
fugaz (nunc fluens) ubicado en el intersticio entre el pasado y el futuro, sino
como una forma de ahora estático (nunc stans) que permanece "siempre
presente", a la que denominamos "Presencia". La Presencia se
aleja por completo, pues, de la forma proyectiva característica de la
conciencia cognitiva puesta en juego en la temporalidad habitual del individuo.
La extinción del ego individual
Aquello que existe por sí mismo cuando se detiene por completo la actividad
representacional de la conciencia cognitiva, junto con todas sus formas y
procesos mentales, es lo Real evidenciado que, en un sentido no sólo figurado,
sino literal, queda por ello más allá de dicha conciencia. Obviamente, esta
"evidencia" difiere por completo del "conocimiento" habitual
que se adquiere mediante el uso de la conciencia cognitiva, la cual no puede
funcionar en aquélla, pues se parte de la premisa de que, lo mismo que el ego
individual que la sustenta, se halla ausente.
Se trata de la misma situación que la de la imaginaria muñeca de sal que se
sumergió en el océano para medir su profundidad, pero antes de alcanzar el
fondo perdió enteramente su identidad al disolverse en el agua. ¿Qué aporta
mejor conocimiento, al respecto, el medir o el disolverse?
La dificultad estriba, claro está, en cómo comunicar el resultado de la
medición (en caso de que pudiera hacerse) si se ha producido la disolución,
pues el centro de referencia de la conciencia cognitiva, el "ego", ha
desaparecido. La detención completa de todos los procesos de esta conciencia
cognitiva, incluidos todos los pensamientos, consiste precisamente en fundirlos
y disolverlos, como la muñeca de sal, "en el océano" de la
conciencia pura.
El ego individual que analiza el mundo exterior, lo reduce a partes y lo
descompone de acuerdo con las categorías de la conciencia cognitiva, muy poco
tiene que ver con el Testigo de la conciencia pura ligada a la Presencia. A
propósito de esta cuestión, la Presencia del Testigo puede definirse
ciertamente como "la ausencia" de ese ego, y así como es acertado
denotar resumidamente la Presencia como "no-tiempo", el Testigo puede
expresarse brevemente como "no-ego".
Oriente y occidente: integrando planteamientos
En la transición de la conciencia cognitiva a la conciencia pura se abandona la
naturaleza intencional propia de aquélla, lo que se relaciona con la
disolución de la dualidad sujeto-objetiva esencial a dicha naturaleza. En este
punto el pensamiento oriental aporta un elemento fundamental ignorado por
la filosofía occidental (subrayado y negrita
propio) : la posibilidad de rebasar el carácter intencional de la
conciencia cognitiva, tan bien estudiado en Occidente, con la búsqueda
intuitiva de la conciencia pura que, al margen del conocimiento de lo
particular, liga y subyace a todos los actos de la conciencia cognitiva.
No hay nada más allá de la conciencia pura. Vistos desde ella, tales actos de
conciencia y los objetos que les son relativos tienen su origen en la ilusión y
sólo aparecen como consecuencia de la ignorancia fundamental (avidyâ) que vela
la posición de conocimiento de la conciencia intencional cognitiva.
Únicamente la superación de esta ignorancia otorga realidad al estado de
conciencia pura, más allá del ego individual. Se trata de un estado carente de
objetos, de pensamientos y de representaciones, que puede identificarse con lo
que los orientales entienden por "samadhi", e interpretan
retóricamente como la unión (yoga) de âtman y Brahman; es decir la unión por
identidad entre la naturaleza profunda del individuo y el Ser (Sat) que, una vez
detenida la actividad representacional de la conciencia cognitiva, se revela en
la conciencia pura (Chit), en la que se alcanza de manera especialmente dichosa
(Ananda) la íntima evidencia de lo Real (Sat-Chit-Ananda).
Es importante comprender que dicha unión (la "Identidad Suprema" en
el lenguaje tradicional) no implica ningún movimiento de la conciencia
cognitiva en busca de tal o cual conocimiento que le faltase, sino la simple
detención de su actividad representacional y la consiguiente extinción de la
representación ilusoria del ego individual que le sirve de base.
El autor:
Mario Toboso es Doctor en Ciencias Físicas por la Universidad de Salamanca y
miembro de la Cátedra
de Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia Comillas.
Editor del blog Tempus
Tendencias21 y miembro del Consejo
Editorial de nuestra revista. Este artículo es la primera entrega de una
serie de dos sobre el tema de la conciencia. Ver segundo
artículo.
Fuente: http://www.tendencias21.net/Oriente-y-Occidente-dos-aproximaciones-a-la-conciencia_a1091.html