Arquitectura monumental. Techumbres 11.

El Renacimiento 8.

© Copyright  Fernando Conde Torrens

 

 

 

 

 

 

 

 

        El Renacimiento ha dado muchas obras de arte como para que lo cerremos con tanta velocidad. No me resisto a mostrar algunos de los monumentos que se construyeron en dicha época para solaz del lector. Buscaremos la solución dada a los techos del edificio en cuestión, con la idea de que no siempre tendremos ese dato. Pero el no tenerlo no va a servir para desechar la vista de una gran construcción. Un ejemplo de techumbre ya conocida, los artesonados, se dio en la catedral de Mantua. El arquitecto remedó la construcción del estilo románico, colocando arcos de medio punto por doquier, amén de una bóveda de cañón para el interior de la iglesia. Pero la decoración de la fachada, con esos capiteles tan elaborados ya indican que no estamos en el austero y sobrio Románico. El techado del pórtico de entrada va a ser igual el colocado sobre toda la nave principal.

 

 

Fachada de la Catedral de Mantua. Italia.

(Fuente: El Gran Arte. Arquitectura. Renacimiento I. Salvat, 1.987.)

 

 

        El interior de la Catedral participa del estilo apuntado en el exterior. Pero los artesonados reales son los que decoran las pequeñas capillas laterales. Los artesonados del techo son del estilo tromper l´oeil, son pintura. Fíjese el lector la diferencia con las sombras en los artesonados bajo los arcos que se abren a la nave central. Era mucho más barato pintar que obrar en semejante área. 

 

Interior de la Catedral de Mantua. Italia.

                   

(Fuente: El Gran Arte. Arquitectura. Renacimiento I. Salvat, 1.987.)

 

 

        Vamos a darnos un pequeño paseo por el Loira, pequeño no, minúsculo. Uno de los castillos que no he visto es el de Assay-le-Rideau. Colocado en medio de un pequeño lago, es un bloque macizo con cuatro torres redondas en las esquinas. Una parte importante de su encanto reside en el agua que le rodea en sus tres cuartas partes. 

 

Castillo de Assay-le-Rideau. Francia.

(Fuente: El Gran Arte. Arquitectura. Renacimiento III. Salvat, 1.987.)

 

 

 

        Conozco, en cambio, el castillo de Chenonceau y es una preciosidad. No es sorprendente ya que se dice que el un regalo de Enrique II de Francia a su amante, Diana de Poitiers. Creo recordar también que cuando le rey Enrique murió, su viuda, mujer de armas tomar, le hizo la vida imposible a la señorita de Poitiers y, entre otras perrerías, le hizo devolver el regalo regio. Originalmente, el castillo era esa torrecita que se ve a la izquierda, antes del puente. Claro que la entrada da a los jardines y tiene una apariencia un poco más decente. Así y todo, era un castillo para una sola familia, unifamiliar.

        El rey encargó a Desormes, de quien ya hemos hablado algo, que ampliara el recinto de una manea regia. Desormes diseñó el puente - del que sólo vemos la mitad por el afán editorial de cortar las fotos en dos, una para cada página del libro-, un pequeño castillo, teniendo en cuenta que iba a ser para muy pocos habitantes, y una galería sobre el río. Hay todavía unas dependencias, no visibles en la foto, al lado derecho de la imagen, aunque de menor valor. 

 

Vista general del castillo de Chenonceau.

     

(Fuente: El Gran Arte. Arquitectura. Renacimiento III. Salvat, 1.987.)

 

        Haciendo la revisión final de edificios renacentistas aún no vistos, ha salido esta bonita fachada de una de las villas diseñadas por Palladio con la típica intención de ennoblecer una mansión rústica. Palladio varió el espacio entre columnas, haciendo que sea más amplio allá donde se abre una puerta principal del edificio, o bien concibió el tamaño de las puertas de forma tal que, para que se vieran sin obstáculos,  tuviera que ampliar el espacio entre columnas. Los estilos son jónico, en el bajo, y corintio, en el piso superior. Los techos, como puede imaginarse, altísimos. 

 

Villa Cornaro. Piombino, Italia.

(Fuente: El Gran Arte. Arquitectura. Renacimiento II. Salvat, 1.987.)

 

 

        Y, viajando hacia Poniente y hacia Septentrión, veamos una bonita muestra del hacer renacentista en Francia. Se trata del castillo-palacio de XXX en un estilo que recuerda el de los dos castillos franceses mostrados, si bien, con una mayor decoración y ornato. En las torres se apuntan unos matacanes, pero en este caso son pura ornamentación. Asimismo las torres no tiene ningún objetivo defensivo. 

 

Castillo de Brissac

(Fuente: El Gran Arte. Arquitectura. Renacimiento III. Salvat, 1.987.)

 

        Éstas que hemos visto hoy son muestras de Arquitectura monumental, pero no de las más lujosas, imponentes y rebuscadas. Aún se podían hacer cosas más complejas, como veremos en breve.

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com  hay comentarios y más información sobre este libro.