Pavos reales y 3. Situación de la búsqueda.

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       Tomando base en la información de los dos artículos anteriores sobre pavos reales y otros hurtos, veamos las conclusiones que pueden extraerse, o al menos que un servidor extrae, de los datos siguientes:

        1. No que quedado ni un solo documento episcopal de los muchos obispos que debió haber en los siglos I, II y III a todo lo ancho del Imperio. Ni en papel ni el piedra. Han quedado miles de papiros sobre personajes que vivieron siglos antes de Cristo, cierto, en Egipto, donde el clima ayuda. En cambio, de obispos egipcios, ni uno.

        2. Por contraste, las informaciones sobre obispos, al menos en el norte de Italia, se vuelven numerosas y seguras en la segunda mitad del siglo IV.

        3. Aun y todo, de sepulturas de obispos hasta el año 370 se saben pocas cosas.

        4. Las autoridades cristianas del siglo V colocan cementerios cristianos superpuestos a cementerios paganos, limpiando previamente el lugar de contaminaciones indeseables.

        5. Las autoridades cristianas remozan y adecuan edificios y espacios paganos anteriores al entierro y culto de mártires muy anteriores. El comportamiento de San Paciente de Lyon se parece al de San Ambrosio de Milán, creando espacios religiosos con esqueletos desenterrados que son de mártires antiguos.

        6. Por la misma época, principios del siglo IV, un poeta cristiano hispano, Prudencio, compone versos en honor de mártires de 100 años atrás, bajo Diocleciano, de los que nadie antes sabía nada. En cuanto la noticia llega a la ciudad donde tal hecho "sucedió", se genera la cripta que da fe de que, en efecto, sucedió.

        7. Hasta la simbología judía de enterramientos, como el episodio de Jonás y la ballena o los pavos reales, son tomados en préstamo por las autoridades cristianas de la época e incorporadas a enterramientos cristianos.

        Cierto que todas estas circunstancias pueden ser fruto de una serie de malhadadas coincidencias y que, ni tomadas en conjunto, suponen una prueba de que la tesis defendida aquí sea la correcta. Pero, no obstante, vamos a unir todas ellas y a dar una versión que, mucho nos tememos, está más cerca de la Historia real que las versiones oficiales que se defienden desde posiciones cómodas.

        Por motivos que él supo y nosotros no, Constantino decidió dar a todo el Imperio una religión nueva con un solo Dios, abajo el politeísmo y la tolerancia, signo de debilidad y de senilidad. Ello le obliga a dominar no la mitad de la mitad occidental, que ya dominaba, por ser hijo de Constancio Cloro, sino la otra mitad occidental y las dos mitades orientales. Es decir, mantenemos aquí, la decisión de convertir todo el Imperio al Cristianismo, al nueva religión a inventar es anterior a la conquista que hizo Constantino de las tres cuartas partes del Imperio, conquista que se inició hacia el año 312: De nada valía montar la nueva religión para que se aplicara al 25% del Imperio: Constantino necesitaba ser Emperador Único, la Tetrarquía se le quedaba corta. De ahí su conquista del resto del Imperio, derrotando, uno tras otro, a los otros tres Tetrarcas.

        Una vez reunido todo el Imperio bajo su real mando, Constantino hizo lo que le dio la real gana y puso en marcha la nueva religión monoteísta. ¿El modelo? La única religión monoteísta con prestigio en el Imperio, el Judaísmo. Religión que había subsistido desde tiempos de Moisés y David, más de mil años, los que el Imperio aspiraba a alcanzar tras el nuevo golpe de timón ideológico.

        Otra religión veterana, la egipcia, dio los ingredientes que faltaban, según han demostrado varios estudiosos en los últimos 100 años. Y con ello, mezclando bien, se puso en marcha la mueva religión. una religión para todo un Imperio ni podía implantarse sin resistencia "in situ", ni podía hacerse sin la menor ceremonia. La unión de ambas cosas fue el llamado Concilio de Nicea, donde los obispos elegidos para la puesta en marcha de la nueva religión se alinearon mayoritariamente en el lado del Emperador y no en el lado crítico, que sólo se sostuvo al final gracias a Arrio, Eusebio de Nicomedia y un tercer obispo, de cuyo nombre no puedo acordarme. Era lo lógico.

        Constantino tuvo que conformarse, por elemental prudencia, con hacer legal el Cristianismo, darle su apoyo y construir basílicas por todas partes, en apoyo a la nueva fe. Por eso, porque sólo interesaba el número, se dio la importancia que se dio a la fe. Apuntarse a la religión imperial bastaba, la fe era suficiente. Dar crédito al Emperador era lo único que el Emperador pedía y con ello las autoridades de la nueva fe aseguraban la salvación eterna, jugada intangible usada por todos los cleros del mundo y siempre con éxito, por indemostrable.

        Hubo un esfuerzo, a lo largo de todo el Imperio y por parte de todas las autoridades de la nueva religión, por crear un pasado a la nueva fe. La base estaba asentada gracias a Eusebio de Cesárea, pero faltaban muchos detalles. Hubo una serie de intelectuales, conscientes del feliz momento que vivían, que se apuntaron a la religión nueva cuando ésta, en tiempos ya de Teodosio, Emperador de 378 a 395, estaba plenamente en marcha y con indicios de ser la religión del futuro. Serán los llamados Santos Padres y el vocablo es acertado, fueron los segundos padres de la criatura. Los primeros, Eusebio y Constantino, más un tercero, por ahora en penumbra.

        Los Santos Padres contribuyeron a dar al Cristianismo la base jurídica e ideológica que convenía. Y también la base histórica. Es conocida la actividad de San Ambrosio, obispo de Milán con Teodosio, para crear iglesias con reliquias de mártires ficticios, cuya tumba le era revelada en sueños. San Paciente sería un émulo galo cien años más tarde. Prudencio, otro, hispano, dentro de sus medios, la pluma, sólo 20 años después de Ambrosio.

        El caso era inventarse un pasado glorioso. Las Actas de martirios imaginarios fue otro de los medios, el campo estaba libre. Los historiadores modernos no dan ninguna credibilidad a la multitud de Actas de mártires que aparecieron, las Actas, algunos cientos de años después de sucedidos "los hechos". Téngase en cuenta que la capacidad inventiva de los autores antiguos era total, siendo común escribir un libro, ponerle otra fecha y otro autor de 100 años atrás para poder dar como profecías los hechos sucedidos en esos 100 años. Lo que los expertos llaman "vaticina ex eventu", "profecías después de sucedidos los hechos".

        La consigna se dio, el modelo a imitar era nada menos que el obispo de la ciudad que había sucedido a Roma, Milán, como capital, San Ambrosio. Y los obispos de las diferentes diócesis se lo tomaron en serio. Y se aplicaron a la tarea de generar cementerios cristianos con pasado: Para ello, nada más sencillo que ocupar un cementerio pagano y "cristianizar" sus criptas, despojándolo de todo lo que oliera a pagano. Los modernos arqueólogos que excavan iglesias y lugares sagrados y, por tanto, propiedad de la Iglesia, tiene ciertas dificultades para distinguir si un cementerio es proto-cristiano o tardo-pagano. Lo que ahora ya sé es que puede ser perfectamente ambas cosas, primero una y luego otra.

        Hasta la decoración fue tomada en préstamo, don nunca bien pagado, como hemos visto con los pavos reales. Leyendo a Croissant, un arqueólogo de decisión fácil y siempre favorable a que todo es proto-cristiano, del que ya hablamos aquí en su día, me sorprendía que en las tumbas de los cristianos hubiera tantas referencias con Jonás y la ballena. Ahora la interrogante aumenta su tamaño sobre si lo que se nos muestra es un fragmento de una sepultura cristiana o el trozo mutilado de otra judía de la que se han eliminado los elementos típicamente judíos, como pudiera ser un virtual candelabro de 7 brazos. Porque esto de "eliminar  fragmentos inconvenientes" ya lo hacía San Paciente en Lyon a finales del siglo V, como ha quedado demostrado con la lápida poco ha citada.

        A falta de hallazgos más directos aún, el tema de los pavos reales me parece que ha quedado resuelto. La hipótesis inicial era falsa. No hace falta datar de qué siglo es un pavo real, tanto da que sea del siglo III o del IV. Lo importante es saber si la tumba es cristiana o judía, con la particularidad de que la aparición de un famoso pavo real no inclina la balanza hacia el lado cristiano, sino más bien hacia el lado judío. Claro que eso lo sabe el Arqueólogo que limpia con el pincel el mosaico o la lápida en cuestión. Nosotros debemos conformarnos con lo que él quiere sacar en la foto y decir en su artículo. De interpretaciones de Arqueólogos que luego no han sido correctas también habla el libro citado, pero no quiero dormir al lector ...

        Si el pago de todos esos préstamos que los judíos generosamente, y tal vez sin querer, nos han concedido hubiera sido hecho con generosidad, podríamos en cierto modo justificarlo, por necesidades del guión. La guinda final ha sido que el pago fue de lo más desigual, pero dada la poca simpatía de lo judío en nuestra Europa post-moderna, voy a pasar por alto dicho pago en forma de calumnia y persecución a muerte. Haré como que no ha existido, como tampoco existieron las persecuciones de cristianos, que sólo lo fueron sobre el papel. Éstas otras, que se dieron de verdad, no deben serlo sobre el papel.

        La manera de tapar todo lo sucedido y la huella que haya podido quedar, se conoce, la quema de templos, libros y herejes que contagian a la buena gente. Defendemos aquí que ha habido más de 1.000 años para esta limpieza de documentos comprometedores. Son demasiados años de impunidad, de dominio de la cultura, de eliminación sistemática de todo rastro que hubiera podido quedar por inadvertencia de alguien o por previsión de los del otro lado. Sin embargo, ¿habrá quedado alguna huella en la que nadie se fijó y que esté aún ahí fuera esperándonos? Tal vez ... pero no se sorprenda el lector de que nos cueste hallarla.

        Sin embargo, la sucesión de indicio razonable tras indicio razonable nos compensa el desgaste que produce en el ánimo el tiempo que pasa sin hallar la prueba definitiva. Algo es algo ...

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com  hay comentarios y más información sobre este libro.