Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Acróstico dentro del texto

«Acróstico dentro del texto» es una prueba más de que en la Antigúedad se formaban acrósticos con las primeras letras de cada estrofa, pero tambien en posiciones intermedias, retranquedas, dentro del texto. Porfirio fue un maestro en este arte.

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© Copyright Fernando Conde Torrens, el 1-7-2.005

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        Lo vi hace muchos meses, incluso antes de iniciar el blog. Y no lo guardé. «¡Mira!, me dije, como Simón, acrósticos dentro del texto». Pero ahí quedó la cosa. Meses más tarde, lo busqué, sin éxito. Hoy me he acordado de las palabras necesarias para encontrarlo. Y allá estaba todavía, tan sólido como la vez primera.

        Ya sé, es del siglo XVI, cuando el romance y el latín paseaban junto. Ya sé que está en latín y no está en griego. Pero de raza le viene, del pasado es el recuerdo. Ha habido autores que, en todas las épocas, han escrito florituras; escrito artificiosos se les llaman. Lo es, es rebuscado, escrito a trompicones, pero la falta de libertad es agobiante. De hecho, cuando uno hace acrósticos, manda el acróstico. Y el texto se ha de someter a los dictados férreos del acróstico. No importa lo que se diga, lo que importa es situar la letra necesaria en el lugar preciso.

        No ignoro que este ejemplo no demuestra nada, es simplemente reseñar lo que en el campo de las letras fue una realidad. Como tampoco cabe pensar que, por haber encontrado un solo acróstico escondido entre el texto, no se hayan dado más casos.

        Cuando de una sola letra se trata, la cosa es mucho más llevadera. Tal pérdida de libertad se soporta con soltura y ello no fuerza la composición ni la armonía de la frase. Como espero demostrar en un futuro no lejano, una cadena de acrósticos es algo perfectamente realizable, sin que nadie advierta el mensaje que se incorpora al texto. Y cuando digo nadie, me refiero al lector normal. El autor de artificios semejantes sí que tiene más posibilidades de captar si los hay. Porque instintivamente mirará a ver si encuentra lo que él sabe colocar y colocó en más de una ocasión. Y esto no es teoría. Un caso práctico, el libro «Simón, opera magna», cuajado de acrósticos.

        Buscando con Augustinus pentacróstico sale sólo un enlace, el que viene a continuación. Y en él se lee la singular composición de un clérigo sevillano de tiempos remotos, de José de la Barrera.

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http://www.geocities.com/pascualbarea/artificiosas.html

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Augustinus

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        A d ri uo s, A d fontis Aq u a s , Ad fl u min A plena,                              1-8-16-21-29

 

        V nde sonans V i t r e o V oluitur V n d a sin V                                   1-11-17-25-32

 

        G emmeus ecce G e n i s, G enerosae G l o r i a G entis,                        1-11-16-25-31

 

        V er be rat V n dan ti V ul ne ra V erna ma n V ;                                     1-9-16-23-31

 

        S y b i l a S ic blandos S ubducunt S t a g n a Susurros                            1-7-17-26-32

 

        T e r ge r e Terque pedes T o t a Tonantis amanT                                1-8-19-23-36

 

        I n te r e a I n cur uum I am Patrem I a c t a t I esus,                               1-8-16-25-31

 

        N e m p e N ouo magni N o mi ne N o bi li ta N s:                                   1-6-15-21-29

 

        Vir magnus,si V ni tus s V m i , V ir magne, Vocaris,                                1-12-19-22-30

 

        S ur ge, e t S umma super S y de ra S ummus eri S.                                 1-8-18-24-33

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        Veamos la columnas que el autor entendió que podía concederse para colocar las firmas.

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                Firma 1ª En una columna.

                Firma 2ª En los lugares 6 al 12: En 7 columnas.

                Firma 3ª En los lugares 15 al 19: En 5 columnas.

                Firma 4ª En los lugares 21 al 26: En 6 columnas.

                Firma 5ª En los lugares 29 al 36: En 8 columnas.

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        No se conformó con colocar las letras en cualquier lugar. Necesitó rejillas de 5, 6, 7 y 8 columnas, además del acróstico perfecto que compuso en la primera columna. Mantendré que si eligió estos módulos fue por alguna razón, tal vez por tradición, porque ésas eran las anchuras que se permitían, que se acostumbraban, que se aceptaban entre los autores de este tipo de composiciones. El que hoy ignoremos esos temas no significa sino que hay muchas cosas que ignoramos de nuestros antepasados.

        Esto de colocar cinco acrósticos en el mismo texto es, sin duda, más difícil que la eventual obra de Simón. Pero sabemos las limitaciones a que voluntariamente se sometió nuestro clérigo compatriota, necesitó entre 5 y 8 columnas para poder colocar sus firmas.

        La situación de Eusebio tenía una ventaja, sólo debería colocar una firma en cada frase. Eso le dejaba mucha más libertad. Pero tenía dos restricciones muy duras: Esas firmas debían ser continuas, a lo largo de textos de gran longitud. Eusebio debía de ser bueno para batallas largas. La suya lo era.

        Y tenía otra enorme desventaja,: Así como el clérigo sevillano escribía el acróstico para que se viera, el de Eusebio no debía verse. No de inmediato. Había que dar tiempo a que los libros se enviasen a todo lo ancho del Imperio, como así sucedió. ¿Se imagina el lector la papeleta de los emisarios imperiales, de haber tenido que recoger todos los libros sagrados de la religión del Emperador, a la que el Emperador se había convertido, porque se debían sustituir por otros mejores todavía, más sagrados? Con enemigos del trueque de devociones, que los había, eso pudiera parecer impresentable.

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Mosaico de San Agustín, tal y como viene en el enlace indicado

Acróstico dentro del texto

SAN AGUSTÍN

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        Con una imagen del santo de la devoción del clérigo de antaño cerraremos este número. Es curioso pensar en qué ponían el corazón nuestros antepasados. El corazón, o lo que sea.

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………. Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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