Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Akmé

……….  Akmé: Uno de los conceptos que más nos interesan, porque se refiere a algo que debe pasarnos a nosotros, a los «buscadores«. ¡Quiéranlo los dioses! De paso, conoceremos varios conceptos ligados a la «búsqueda».

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……….  Como ahora estamos conociendo algunos de los vocablos que se emplearon hace 2.500 años para describir nuestro trabajo, vamos a intentar una pequeña síntesis de cómo se explicó en la Grecia clásica la cosa nostra ésta. Y así comprenderemos lo que hemos perdido, en qué consiste nuestra ignorancia como sociedad. Porque nos conviene saber que, socialmente, como sociedad, somos asno-alfabetos. Si no lo sabemos, si pensamos que las cosas deben ser como son en nuestro pequeño Occidente, si todavía la mayoría piensa que todo va bien, no habrá impulso alguno para recuperar los 2.500 años perdidos.

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        Lo bueno de la Grecia de hace 2.500 años es que había una cultura sutil. Se escribía y mucho, sobre la forma de lograr la Plenitud. Ya sabemos que el humano era en aquel entonces un ser vivo dotado de logos. Que el logos de cada humano era una semilla del Logos Superior, semilla que había que desarrollar y que en ese desarrollo estaba la clave de la Felicidad. Que ese logos era nuestra verdadera naturaleza y no el cuerpo, ni la mente, y menos los dinerillos o las posesioncillas. Que esa mirada amorosa del Logos sobre cada uno de sus estornudos, que eso somos los humanos, esputillos divinos, era tan poderosa como la Fuente de la propia Plenitud, que eso era el logos de cada uno, la posibilidad de participación en la manera de Ser de la Divinidad. A esa cualidad se le llamaba daimon, lo mejor que encerramos, lo hegemónico, el hegemonikón.

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        Nunca dijeron los Maestros antiguos que desarrollar la Semilla de Logos personal fuera coser y cantar, al contrario. Sócrates le decía a su alumno Fedón que la cosa era como un parto, que Fedón era la parturienta, y él, Sócrates, la comadrona, que no puede parir en lugar de su cliente, pero sí puede ayudarle con lo que sabe sobre el asunto. Pues bien, al parto, que es cuando la criatura asoma a este mundo y ya no puede volver al seno de donde vino, a esa salida irreversible, los griegos lo llamaban «akmé«. Que en mi diccionario VOX se traduce por «agudeza, madurez, culminación, tiempo justo, momento decisivo«. Significa también otras cosas, como «punta» o «extremidad del cuerpo», pero ésas no viene al caso. Y se lee en más de un libro que trata sobre lo nuestro, que Fulano de Tal tuvo su «akmé» durante el año de la Olimpiada diecisiete, por ejemplo. Lo que suelo llamar «ver el monumento» y que es, en concreto, la primera vez que se pisa la Meseta, el Nivel IV. En latín se le dice «floruit» o florecer, realmente es en tiempo pasado, floreció.

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Akmé

        Akmé o floruit, florecer

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        Ese momento tiene algo especial y uno lo recuerda toda su vida. Pero antes de ese momento, el que progresa, el prokoptes, ya iba haciendo las cosas bien a tiempo parcial, en las ocasiones favorables, cuando el viento no sopla de frente y a cien por hora. El buscador se va mejorando a sí mismo y va incorporando Perfección en su vida, a su persona. A esa perfección los griegos la denominaban areté, que en mi diccionario se traduce por «excelencia, mérito, perfección, nobleza de ánimo, gloria, dicha». Como se ve, varias de estas acepciones describen a la perfección el momento singular de que estamos hablando. Luego veremos cómo se deforman estos concepto en las traducciones modernas al uso.

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        Si el buscador sigue insistiendo, sigue aumentando la cantidad de areté en su día medio, y finalmente termina por llegar a su acmé. Una propiedad que acompaña a la areté y que se hace permanente a partir del momento cumbre del acmé es la apateia. La partícula «a» significa negación, no. «Pateia» es «desgracia, infortunio, prueba». Viene del verbo Pasco que es sufrir todo eso, de ahí la Pascua. 

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        El lector puede analizar a ver si cuando está haciendo las cosas como Dios manda (que se decía antes) él también experimenta la apateia, la ausencia total de sufrimiento. Esto es así en los momentos de contacto con el Fondo, pero incluso en momentos de menor euforia sutil también se nota que algo pasa con el sufrimiento, que felizmente se evapora. Tras el acmé, la apateia es permanente, lo que no tiene nada de particular. 

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        Para no quedarnos con las acepciones del frío diccionario, digamos que la apateia es el no padecimiento, la ausencia de sufrimientos, el no estar sometido al mal. Lo de «y líbranos del mal«, que dejó escrito no sé quién. Para el lector estará claro que vernos para siempre libres del mal es una de las cosas que con más acierto se pueden pedir. No es ninguna bagatela.

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        Como se ve, los antiguos griegos tenían perfectamente conocido, perfectamente definido y perfectamente exploradas las diferentes etapas del Camino. Y estas etapas, y los medios a poner para irlas superando, era lo que se enseñaba en todas las Escuelas de Sabiduría. Y este Conocimiento formó parte sustancial y nuclear del llamado Helenismo, que fue un estallido de saber hacer en medio de un panorama mucho menos luminoso. Pero todo eso se eclipsó y hoy, 2.500 años después, nuestra ignorancia de todo este proceso es impúdica e insultante.

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        Terminaremos dando un flash de cómo se operó tal ocultación Ya vimos que al concepto logos se mandó traducir por «razón», con lo que se enmascara toda parentela con gente importante y se oculta el concepto clave. El concepto de semillas de logos, logoi spermatikoi, la «i» final es el plural, que es algo más difícil de enmascarar, se traduce, sin sonrojo, por «razones seminales», que, claro está, dejan al lector con cara de estúpido cuando lee eso. El concepto de demon se hizo equivaler a demonio, que todos sabemos lo que viene a insinuar.

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        De los conceptos de hoy, el término areté se traduce invariablemente por «virtud», que es una palabra que entra en la panoplia ideológica de Occidente. Así, tener areté no es ya nada relacionado con la Perfección, sino ser virtuoso. Y me he sorprendido cuando he mirado en mi Diccionario Espasa Quince y he visto que «acmé» es el «período en que una enfermedad alcanza mayor intensidad». De modo que es algo peligroso y de lo que conviene librarse. No es extraño que con tales crímenes conceptuales, hayamos salido los occidentales tarados ideológicamente durante centurias. Y que todavía lo esté, la mayoría.

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        Dejamos para la próxima ocasión hablar de otro par de cosillas de este tipo, como la proairesis y el gnomé. Vámonos a practicar un poquito mientras lo de la areté ésa, a ver si nos topamos con la apateia

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