Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Alejandro y sus hombres

Alejandro y sus hombres

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© Copyright  Fernando Conde Torrens, el 7-3-2.010

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……….Vamos a seguir hoy la figura del mejor general que tenía Filipo, el padre de Alejandro, ya que su historia nos dará otra de las claves para analizar el carácter de Alejandro. Parmenio fue el general al que Filipo confió el mando de los 10.000 hombres que envió como expedición al Asia Menor el año 336, el mismo año de su muerte. Habiéndose quedado sin jefe y sin instrucciones, Parmenio retuvo a las tropas en las ciudades jonias aliadas y esperó acontecimientos. Con el ascenso de Alejandro al poder, la historia se continúa y Alejandro, con más efectivos, atraviesa el Helesponto camino de Asia Menor, uniéndose a las tropas de Parmenio.

……….Tras la batalla del río Gránico, Alejandro confía a su segundo, Parmenio, el mando de la mitad del ejército que perseguirá a los persas hacia el Nordeste. Posteriormente, cuando sube hacia Gordion, Alejandro se reúne con Parmenio. Juntos harán la campaña de Egipto y la batalla de Isos. Tras ella, Darío ofreció la paz y la entrega de todo el Imperio al Oeste del río Eúfrates, además de una ingente suma de dinero. Y fue la anécdota ya narrada de que Parmenio le aconsejó «aceptar, lo que él haría si fuera Alejandro«, recibiendo la respuesta negativa de Alejandro, que «también aceptaría, caso de ser él Parmenio«.

……….Parmenio era más práctico que político. Tras la batalla de Isos toda Asia Menor quedaba en poder de Alejandro. Era un territorio mayor que el que conquistara su padre. Tenía en las manos ampliar dicho territorio con Egipto y las tierras al Oeste de Mesopotamia. Alejandro podía organizar su gran reino, fundar una familia, tener descendencia … Pero no conocía a su jefe. A Alejandro le iba la guerra, la conquista. Era como una obsesión: Sólo se sentía en su salsa, realizado, preparando el plan de la batalla en su tienda con sus generales y llevando a cabo luego sus geniales proyectos. Y no pararía.

……….Tendrá que pasar la batalla de Gaugamela, donde el Imperio Persa quedó desmantelado, y de nuevo Darío se dio a la fuga. Para explicar este comportamiento singular de Darío, el de ser un cagueta, que se decía en mi casa, quizás convenga decir que Darío era monarca no por méritos propios. Un eunuco de la corte imperial, Bagoas, se las arregló para envenenar al monarca reinante, Artajerjes III, y, posteriormente, a su sucesor, su hijo Arsés. Está claro que no fue descubierto, porque ofreció el trono a Darío, mimbro de una rama colateral, que por sí mismo nunca hubiera accedido al trono. Bagoas sabía lo que se hacía, porque Darío fue un monarca bondadoso, débil, supuestamente manejable, pero también cobarde hasta el extremo.

……….La historia, desde el punto de vista del eunuco, termina cuando Darío quiso tener su independencia como Rey de Reyes que era. Bagoas no estaba de acuerdo y montó un complot para envenenar también al ya Darío III. Alguien puso al monarca en antecedentes y cuando se sirvió en su mesa la copa con el veneno, con Bagoas presente, se la hizo beber al eunuco, quien fue víctima de su propio veneno. Éste era el monarca que debía enfrentarse al mayor conquistador de la Historia y, claro, no estuvo a la altura. Le pasó algo parecido al malogrado Luís XVI, quien, con una personalidad inane y con una indecisión enfermiza, sólo logró estropear el ya agónico estado de la corona francesa a finales del siglo XVIII.

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Busto de Alejandro, realizado tras su muerte

Alejandro y sus hombres

(Fuente: Atlas histórico de los Imperios. Karen Farrington. Edimat Libros, 2.006.)

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……….Pero sigamos con Alejandro y Parmenio. Cuando Alejandro salió con todas sus tropas a perseguir a Darío III, quien había pasado el invierno del año 331 AEC. en Ecbatana, Darío volvió a huir hacia el Nordeste. Alejandro tomó las falanges macedónicas y la caballería y se dedicó a perseguir a Darío. Mandó a Parmenio, con los hoplitas griegos y los mercenarios, a tomar Ecbatana. Si recordamos que Parmenio era macedonio y siempre mandó sobre el ejército macedonio, ahora quedaba al mando de soldados desconocidos para él. Alejandro recogería los despojos de Darío, asesinado por sus nobles, y proseguiría al persecución del ya pequeño ejército persa, al mando del sátrapa Berso.

……….Fue entonces cuando se descubrió un motín en la corte macedónica para deshacerse de Alejandro. El hijo de Parmenio, Filotas, comandante de la guardia real de caballería, figuraba entre los acusados. Las pruebas no eran concluyentes, pero Alejandro administró justicia de modo expeditivo. En una asamblea de todo el ejército, con mayoría de la infantería, no le fue difícil lograr la aceptación de su condena a Filotas. Éste y los demás implicados fueron ejecutados. Alejandro mandó mensajeros a Ecbatana para que mataran a Parmenio. Cosa que se hizo. Alejandro no se fiaba ya de Parmenio. Realmente fue Parmenio el que no debía haberse fiado de Alejandro. No era buen pagador.

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Casa de Pella, capital de Macedonia

Alejandro y sus hombres

(Fuente: Historia de la Humanidad, tomo 9. Grecia helenística. Rebeca Rubio et alia. Arlanza Ediciones, 2.006.)

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……….Por medio de la pasada imagen y de la que sigue, podemos hacernos idea de que en Pella la aristocracia macedonia vivía al modo de los más selectos representantes de la sociedad griega de su tiempo, con todos los adelantos de la modernidad. Y téngase en cuenta que Grecia era el non plus ultra de la modernidad y la civilización de la época. Salvando, claro, los palacios de los Daríos y los Artajerjes de turno.

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Plano de la zona excavada en Pella, Macedonia

Alejandro y sus hombres

(Fuente: Historia de la Humanidad, tomo 9. Grecia helenística. Rebeca Rubio et alia. Arlanza Ediciones, 2.006.)

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……….Nos queda una última anécdota por hoy del carácter de Alejandro, poco apto para lo que él considera una recriminación. La escena se sitúa en una cena celebrada en la Sogdiana – en lo que hoy es Samarcanda, entonces Makaranda – en el curso de la campaña contra las tropas rebeldes de la satrapía norteña. Era frecuente la celebración de cenas de Alejandro con sus más cercanos, ocasión que indefectiblemente terminaba en melopea generalizada. Los amigos de Alejandro rivalizaban en cantar sus hazañas y en compararlo con su padre, Filipo, hincando en lo  mucho que el hijo aventajaba al padre. Hasta que uno de ellos, Clito, que había salvado la vida  a Alejandro en el curso de una batalla, y al que no le gustaba el cariz de la conversación, levantó su copa y lanzó un pequeño discurso recordando a Alejandro lo que debía a su padre, con cuyo ejército había coronado la obra que Filipo no pudo terminar, la conquista del Imperio Persa.

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El Imperio de Alejandro, con Makaranda a la derecha, arriba

Alejandro y sus hombres

(Fuente: Atlas histórico de los Imperios. Karen Farrington. Edimat Libros, 2.006.)

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……….Alejandro, fuera de sus cabales, arrebató una lanza a uno de los soldados que se cuidaban de la seguridad del lugar, y, ciego de ira, atravesó con ella a Clito, quien murió al instante. Luego pasó tres día de remordimientos a solas en su tienda.

……….La reflexión sobre estos hechos corre a cargo del lector.

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Siguiente artículo: Alejandro, generosidad y muerte.

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……….Fernando Conde Torrens es autor de “Año 303. Inventan el Cristianismo”, “Simón, opera magna”, “El Grupo de Jerusalén”, “La Salud” y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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