Lucas 24

Acto primero

© Copyright Fernando Conde Torrens

 

 

 

        El día era triste. En Cesárea de Siria el viento del mar traía nubes negras cargadas de lluvia. Por las calles no se podía andar, salpicaduras de los carros y las losas, ya gastadas por el uso, llegaban a ser peligrosas para una persona de cierta edad. Por Eusebio habían pasado ya 52 cálidos veranos y eso era ya cierta edad.

        Recordó el plan que unas fechas antes había trazado con Osio sobre el final del libro de "Lucas". Él había tomado nota de los pasajes a incluir en el relato que se adjudicaría a "Lucas", el más culto de los cuatro redactores de los "Evangelios". Eusebio había puesto un poco de su propia manera de ser en el personaje de Lucas. De pequeño había soñado con ser médico, pero la economía de sus padres y el hecho de acompañar a su padre en sus destinos militares, se lo impidió. Por eso había hecho de "Lucas" el médico particular de "Pablo". Además, "Lucas" tenía su educación, una educación esmerada.

        El padre de Eusebio había ocupado un puesto de responsabilidad en la Intendencia de la legión que terminó por asentarse en Cesárea. Ello se remontaba a los tiempos de Valeriano, Aureliano y el gran Diocleciano, en tiempos del cual, su padre pasó a la reserva. En sus largos años de servicio, se ocupó de la documentación, de las pagas a los legionarios y mandos de la legión y de los pertrechos. Eso y el hecho de ser él el primogénito de la familia le había permitido sacar adelante sus estudios, para lo que tuvo que ausentarse de su ciudad natal durante cinco largos años.

        Eusebio había heredado la honradez de su progenitor. Se había formado en Alejandría, tierra de Egipto. Y había aprovechado bien sus estudios. El Alejandría proliferaban las hetairas y los lupanares, donde varios de sus amigos gastaban el estipendio que recibían de sus familias. Eusebio guardaba el dinero en su bolsa y a su amor en el corazón. Eso le permitió terminar antes sus estudios de literatura y retórica e hizo de él un diestro "grammateos" en un tiempo récord.

        Eusebio abandonó sus recuerdos de juventud cuando oyó el ruido que se origina en la casa cuando llega un huésped ilustre. Y el suyo lo era. Desagradable, pero ilustre. Osio, el brazo derecho del César en asuntos sacros. Salió a recibirle al patio de la casa, junto al ninfeo. Desde un primer momento  percató de que el tiempo había hecho mella en su superior y que tendrían tormenta, tanto fuera como dentro de la casa. Osio miraba al suelo y tenía el ceño fruncido.

        Eusebio ordenó preparar a su secretario una bebida, que Osio rechazó con un gesto de la mano. Pasaron al estudio que Eusebio se había preparado en la parte trasera de la casa. En cada pared, tres armarios repletos de legajos, pergaminos y algunos códices bien encuadernados. Un lujo para la sociedad de aquella época. Una muestra de pedantería, pensaba Osio. Osio no era aficionado a la literatura. Sólo se interesaba por la Ley judía, tema en el que era un experto.

        Cuando ambos se sentaron ante la mesa de trabajo, Eusebio le pasó el papiro que tenía ya dispuesto. Era el último capítulo del que iba a ser el relato de Lucas sobre la vida de Cristo. Sobre su muerte y resurrección, realmente. Había trabajado bien y las firmas estaban colocadas, como siempre, en las dos cadenas consabidas. Eusebio veía las firmas como si estuvieran resaltadas con grandes letras sobre el texto. Osio no vería nada. Osio no se daba cuenta de nada. Osio leyó despacio el manuscrito. Decía así.

Lucas 24.

1. th de mia twn sabbatwn orqrou baqeos hlqon epi to mnhma ferousai a htoimasan arwmata.    5

2. euron de ton liqon apokekulismenon apo tou mnhmeiou,    7

3. kai eiselqousai ouc euron to swma tou kuriou   13

4. kai egeneto en tw diaporeisqai autas peri toutou.

kai idou duo andres epesthsan autais en esqhti astraptoush.    12

5. emfobwn de genomenwn autwn kai klinouswn to proswpon,

eipon pros autas. ti zhteite ton zwnta meta twn nekrwn;   13

6. mnhsqhte ws elalhsen umin eti wn en th Galilaia,    14

7. legwn oti dei ton uion tou anqrwpou paradoqhnai eis ceiras anqrwpwn amartwlwn    10

8. kai emnhsqhsan twn rhmatwn autou,    16

9. kai upostreyasai apo tou mnhmeiou aphggeilan tauta panta tois endeka kai pasin tois loipois.  18

10. hsan de h Magdalhnh Maria kai Iwanna kai Maria Iakwbou

kai ai loipai sun autais ai elegon pros tous apostolous tauta. 17

11. kai efanhsan enwpion autwn wsei lhros ta rhmata tauta, kai hpistoun autais. 16

12. o de Petros anastas edramen epi to mnhmeion, kai parakuyas blepei ta oqonia

keimena mona, kai aphlqen pros eauton, qaumazwn to gegonos. 16

13. kai idou duo ex autwn hsan poreuomenoi en auth th hmera

eis kwmhn apecousan stadious exhkonta apo Ierousalhm, h onoma Emmaous, 17

14. kai autoi wmiloun pros allhlous peri pantwn twn sumbebhkotwn toutwn. 18

15. kai egeneto en tw omilein autous kai suzhtein,

kai autos o Ihsous eggisas suneporeueto autois. 16

16. oi de ofqalmoi autwn ekratounto tou mh epignwnai auton. 14

17. eipen de pros autous. tines oi logoi outoi ous antiballete

pros allhlous peripatountes; kai este skuqrwpoi. 15

18. apokriqeis de o eis w onoma Kleopas eipen pros auton. su monos paroikeis

en Ierousalhm kai ouk egnws ta genomena en auth en tais hmerais tautais;  25

19. kai eipen autois. poia; oi de eipon autw. ta peri Ihsou tou Nazwraiou, os egeneto

anhr profhths dunatos en ergw kai logw enantion tou qeou kai pantos tou laou,  25

20. opws te paredwkan auton oi arciereis kai oi arcontes hmwn eis krima qanatou kai estaurwsan auton.  27

21. hmeis de hlpizomen oti autos estin o mellwn lutrousqai ton Israhl.

alla ge sun pasin toutois trithn tauthn hmeran agei shmeron af ou tauta egeneto.   24

22. kai autos eipen pros autous.

w anohtoi kai bradeis th kardia tou pisteuein epi pasin ois elalhsan oi profhtai.   24

23. ouci tauta edei paqein ton Criston kai eiselqein eis thn doxan autou;   11

24. kai hggisan eis thn kwmhn ou eporeuonto, kai autos prosepoieito porrwterw poreuesqai.   12

25. kai parebiasanto auton legontes. meinon meq hmwn,

oti pros esperan estin kai kekliken h hmera. kai eishlqen tou meinai sun autois.  15

26. kai egeneto en tw katakliqhnai auton met autwn labwn ton  arton euloghsen kai klasas epedidou autois.   10

27. autwn de dihnoicqhsan oi ofqalmoi, kai epegnwsan auton. kai autos afantos egeneto ap autwn.   15

28. kai eipon pros allhlous. ouci h kardia hmwn kaiomenh hn en hmin,

ws elalei hmin en th odw kai ws dihnoigen hmin tas grafas; 1

29. kai anastantes auth th wra upestreyan eis ierousalhm

kai euron sunhqroismenous tous endeka kai tous sun autois, 2

30. legontas oti hgerqh o kurios ontws kai wfqh Simwni. 4

31. kai autoi exhgounto ta en th odw kai ws egnwsqh autois en th klasei tou artou. 2

32. tauta de autwn lalountwn autos o Ihsous esth en mesw autwn kai legei autois eirhnh umin. 1

33. ptohqentes de kai emfoboi genomenoi edokoun pneuma qewrein. 1

34. kai eipen autois. ti tetaragmenoi este, kai diati dialogismoi anabainousin en tais kardiais umwn; 2

35. idete tas ceiras mou kai tous podas mou, oti autos egw eimi.

oti pneuma sarka kai ostea ouk ecei kaqws eme qewreite econta. 16

36. eipen de autois. outoi oi logoi ous elalhsa pros umas eti wn sun umin,

oti dei plhrwqhnai panta ta gegrammena en tw nomw  mwsews

kai profhtais kai yalmois peri emou. 1

37. tote dihnoixen autwn ton noun tou sunienai tas grafas. 1

38. kai eipen autois oti outws gegraptai kai outws edei paqein ton Criston 1

39. arxamenon apo Ierousalhm. umeis martures toutwn. 2

40. kai idou egw apostellw thn epaggelian tou Patros mou ef umas.

umeis de kaqisate en th polei Ierousalhm ews ou endushsqe ex uyous dunamin. 3

41. exhgagen de autous exw ews eis Bhqanian, kai eparas tas ceiras autou euloghsen autous. 2

42. kai egeneto en tw eulogein auton autous diesth ap autwn.

kai autoi upestreyan eis Ierousalhm meta caras megalhs, 1

43. kai hsan dia pantos en tw ierw eulogountes ton qeon.

 

        Lo que Osio entendía al leer el texto anterior es lo que el lector comprenderá al leer lo que sigue. Recuerde que el capítulo precedente había terminado diciendo que las mujeres del grupo lo habían dispuesto todo para embalsamar el cuerpo del Maestro muerto.

Traducción del texto inicial que conserva las firmas

Lucas 24.

1. El primer día de la semana muy temprano vinieron al sepulcro

portando los aromas que habían comprado.

2. mas la piedra del sepulcro a un lado la encontraron ellas,

3. y el cuerpo del Señor en su tumba no estaba

4. Y sucedió que estando asombradas por todo esto

he aquí que dos varones con vestidos brillantes se pusieron ante ellas.

5. Se pusieron nerviosas y se postraron,

Ellos les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive aún?

6. Acordaos cómo os lo dijo estando en Galilea,

7. que el Hijo del hombre sería entregado en manos de los hijos indignos de la maldición,

8. y ellas recordaron entonces sus promesas.

9. Vueltas ya de la tumba contaron esto a los once y a todos los amigos.

10. Eran éstas María la de Magdala y Juana y María la de Jacobo

y las demás con ellas, y dijeron a los apóstoles esto.

11. Y a ellos les pareció delirio este discurso, y no las dieron crédito.

12. Levantándose Pedro se dirigió a la tumba, e inclinándose vio los lienzos

abandonados y solos, y volvió con ellos extrañado de la situación.

13. Y he aquí que una pareja de ellos iban ese día andando a una aldea situada

a estadios sesenta de Jerusalén, su nombre era Emaús,

14. y hablaban entre ellos sobre todos los acontecimientos recientes.

15. Y sucedió que en medio de su charla al ir, se acercó el mismo Jesús e iba junto a ellos,

16. pero sus ojos eran incapaces de reconocerle a él.

17. Les dijo: ¿Qué estáis hablando con tanto interés?

18. Respondió uno de ellos de nombre Cleofás y le dijo: ¿Eres tú el único extranjero

que no ha sabido las cosas que han pasado en Jerusalem estos días?

19. Y le dijo: ¿Cuáles? Le contestó: Lo de Jesús de Nazaret,

que llegó a ser un profeta capaz en obras y en doctrina ante Dios y todo el pueblo,

20. y cómo lo entregaron nuestros jerarcas y jueces a morir condenado y lo crucificaron.

21. Nosotros esperábamos que él fuera el Mesías que libertara a Israel.

Pero ya han pasado tres días desde que estas cosas pasaron.

22. Y él les dijo: ¡Oh insensatos

y lentos de corazón para confiar en todas las cosas dichas por los profetas!

23. ¿Acaso no debía sufrir el Ungido su Pasión, y alcanzar así su gloria?

24. Y estaban ya cerca del lugar que tenían como su destino, y él hizo ademán de seguir.

25. Y le rogaron con estas palabras: Permanece con nosotros. Y entró para permanecer con ellos.

26. Y al reclinarse con ellos tomando el pan lo bendijo lo partió y luego se lo dio.

27. Y entonces les llegó la comprensión, y lo reconocieron. Pero él desapareció de sopetón.

28. Y se decían unos a otros: ¿Es que no nos ardía el corazón,

conforme nos hablaba en el camino, y nos comentaba las Escrituras?

29. Y levantándose al instante se volvieron a Jerusalem y hallaron reunidos a los once y a los amigos,

30. quienes les dijeron que había resucitado el Señor Jesús, y se ha aparecido a Simón.

31. Ellos dijeron lo sucedido en el camino y cómo lo reconocieron en la bendición.

32. Estaban hablando de estas cosas cuando aparece Jesús en la propia mansión.

33. Pensando ver un espíritu se sorprendieron y sufrieron una conmoción.

34. Pero él les indicó: ¿Por qué sorprendidos estáis, y se arremolinan los temores en vuestro interior?

35. Ved mis manos y mis pies, soy yo mismo,

que un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.

36. Comenzó a decir: Esto es lo que sobre mí os comentaba cuando estaba

con vosotros, que era necesario que se cumplieran todo lo escrito

en la Ley de Moisés y en los Profetas y en los Salmos sobre mí.

37. Entonces les abrió el entendimiento para comprender bien las Escrituras.

38. Y les dijo que así estaba escrito y que era necesaria la Pasión,

39. y comenzando en Jerusalem. Vosotros vais a ser testigos de todo lo que digo.

40. Y he aquí que yo os encargo de mi padre para vosotros la promesa.

Pero vosotros esperad en la ciudad de Jerusalem a ser revestidos de los poderes supremos

41. Les llevó hasta las cercanías de Betania, y extendidas las manos les bendijo.

42. Y conforme les bendecía se fue. Y ellos permanecieron en Jerusalem con alegrías inmensas.

43. Y estaban en el Templo cada dos por tres, a Dios rogando.

 

        [¿Que por qué el último versículo no tiene letra de firma? Porque no coinciden las firmas en ambas cadenas y Eusebio necesitaba un par de frases más para terminar la última firma de la cadena de frases. Pero para comprobar eso faltan un par de días.]

        Conforme iba leyendo, la faz de Osio se torcía, mostrando signos de contrariedad. Al leer, Osio revelaba sus más íntimos pensamientos, de modo que Eusebio ya se esperaba modificaciones abundantes. En efecto, lo fueron, pero él ya sabía lo que tenía que hacer, atizar el fuego y lograr que los añadidos tuvieran texto suficiente como para asentar en cada uno de ellos una nueva firma.

        No importaba que la nueva firma estuviera inserta en las firmas anteriores. Desvelar el proceso de redacción de un texto era algo trivial para un grammateos alejandrino. Y allí seguían nuevas hornadas de estudiantes, aprendiendo el segundo oficio más antiguo del mundo, como se decía en Alejandría, donde tan bien representados estaban ambos oficios.

        Mañana, más. Las cuñas azules.

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre este libro.