Lucas 24

Consecuencias.

© Copyright Fernando Conde Torrens

 

 

        Hoy se trata de analizar los hallazgos de Lucas 24 y de recordar los de Lucas 23, que iban en la misma línea.

        En Lucas 24 hay 8 firmas en la cadena de los versículos y 14 en la cadena de las frases. Y otras dos firmas en sendas cuñas azules. Total, 24 firmas en dos cadenas independientes. Dos cadenas que contienen firmas seguidas, si se considera la redacción sin las cuñas azules. Cuñas que, a su vez, contienen el mismo tipo de firmas.

        Hubiera sido más contundente que no existieran cuñas azules. Entonces, las dos cadenas brillarían de manera plena. Pero hay añadidos azules. Ahora bien, éstos poseen una características que van siendo ya repetitivas. Y por ello, dejan de ser un inconveniente para suponer una comprobación de que pertenecen a la misma mentalidad. Claro está que todas ellas son superfluas y bien pudieran no haber sido incluidas. El relato ganaría en coherencia y tendría un sentido aún más neto.

        Pero lo importante no es sólo la cantidad de firmas que aparecen en éste o en aquél capítulo de este o aquel Evangelio. Es el hecho de que aparezcan en todos. Eso es lo grave, lo definitivo, a mi juicio. Porque demuestra que el autor de todos los Evangelios es el mismo. Y demuestra que dicho autor tenía la intención de boicotear el trabajo que estaba realizando. Y esto concuerda con la esencia del trabajo que se estaba realizando. Porque era una falsificación.

        Y a esto añadamos que las mismas cadenas de firmas están presentes en todos los demás escritos del Nuevo Testamento, en todos. Aunque en el libro halla apenas esbozado las cuatro primeras firmas de cuatro Epístolas de Pablo. Ya he indicado que este blog es el complemento del libro. Aquí irá apareciendo lo que en el libro no podía incluir, so pena de hacerlo muy aburrido.

        Y a eso añadamos que todas las referencias "paganas" sobre Jesucristo y el Cristianismo anterior a Nicea son falsificaciones con las mismas firmas de Simón. Y eso se ha demostrado en el libro y en este blog. Flavio Josefo y Suetonio en el blog. El resto, en el libro.

        No voy a hablar de los demás escritos cristianos, que tengo menos estudiados, pero donde aparecen las firmas de Simón en cuanto escarbas un poco. Ni de la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesárea, que tampoco he estudiado con la minuciosidad que he aplicado al Nuevo Testamento, pero donde he hallado, apenas sin esfuerzo, cadenas de firmas de Simón. Sólo lo ya publicado forma un conjunto gigantesco. Que tengan un mismo autor es una noticia impactante, terrible.

        Tenemos un instrumento que no dudo en calificar de providencial para progresar hacia la realidad. Para dejar atrás de una vez tanto tiempo perdido, tanto vagabundeo sin sentido o con poco sentido. Un instrumento que casi nos permite estar presentes en el momento de la falsificación. Podemos predecir hasta lo que hablaron los actores, para llegar a elaborar lo que nos dejaron. Tenemos una máquina de rayos X, para mirar por dentro nuestros "documentos sagrados".

        Y este instrumento deja meridianamente claro que los Evangelios fueron una obra de encargo. Encargada a dos personas, que éstas realizaron a su libre albedrío, como les pareció, a impulsos, de manera improvisada, sin ningún rigor histórico, a golpe de imaginación. No hay cuatro evangelistas independientes ubicados en el siglo I. Hay un par de personajes que están a la greña y que componen unas novelas con la libertad que tenía Hemingway cuando escribía El viejo y el mar. Y el método de las firmas nos permite tener el proceso delante

        Hemos de ser capaces de aprovecharlo. Sin precipitaciones, sin ofuscaciones, sin pasiones, con serenidad. Reconozco que mi ventaja es que llevo reflexionando sobre Simón desde hace cinco años. Y ellos me ha permitido digerir la información, el hallazgo.

        La sugerencia que he de hacer a las personas interesadas es que compren y lean detenidamente el libro "Simón, opera magna". Es condición "sine qua non", que dirían los clásicos. Es imprescindible. No se puede estudiar algo sin haber tenido en las manos el libro donde eso se dice por vez primera. Y una lectura reposada, contrastada y crítica, cotejando originales, es punto menos que obligado. El segundo trabajo sería también imprescindible, estudiar lo ofrecido en la serie "Analizando" de este blog. Con la misma filosofía, más estudio y cotejo que mera lectura.

        Está claro que el tema no se puede aceptar con alegría, sin comprobar, ni se debe rechazar con alegría, por imprevisto. No cabe acudir a planteamientos similares. La información es brutal, nadie lo niega. Pero ahora está ahí. Nuestra filosofía de vida, nuestras concepciones como seres humanos, lo que pensamos de nosotros, de la vida, de la muerte y de lo trascendente ha sido puesto en entredicho. Muchos ante tales cosas no se quedan indiferentes, ni se encogen de hombros. Otros, sí, pero mucho, no.

        Es evidente que este tema afecta a algo profundo del ser humano, a sus creencias. Por eso, no es de extrañar que haya quienes no quieran conocer la realidad, sino que sigan defendiendo con tesón las viejas convicciones. Se caracterizan los tales por su nulo interés por el hallazgo, por las firmas. Sus prejuicios son visibles al poco de iniciarse el diálogo, su intencionalidad , también. Para tales personas no se ha elaborado el libro ni el blog. Se han hecho para todos los demás. Van apareciendo muestra de estas posturas en este blog.

        Nunca me cansaré de firmar que para los dudosos, para los que no terminan de convencerse, para los amantes del rigor y de las cosas claras, para ésos es este blog. Y para ellos se escribió el libro. No pretendo ser creído. Rechazo toda autoridad, la mía la primera. No es la autoridad la que ha de jugar aquí, la de nadie, sino la propia convicción. Ésa es la que cada uno debe buscar, si lo desea. Los anteriores no quieren cambiar esa convicción. De acuerdo. Que no lo hagan. Incluso que defiendan su manera de opinar. Es perfecto. Lo que sucede es que el resto de personas que buscan la verdad saben diferenciar cuándo alguien la busca y cuándo la ignora. Ellos tal vez no se den cuenta, pero lo demás nos damos.

        De modo que todo mi ofrecimiento y mi tiempo para los que buscan claridad. Y en esta búsqueda, son fundamentales las pruebas. Y pruebas, felizmente, disponemos en cantidades industriales, como suele decirse coloquialmente. A miles. Las firmas. Véanse, estúdiense, cotéjense, compárense. Lleguemos hasta lo más profundo que nadie pueda soñar. Dotados de ganas de conocer, sólo la realidad no está esperando al final del pasillo. Con el zurrón lleno de prejuicios ancestrales, mejor quedarse a la puerta. No es posible emprender el viaje que el portador del zurrón no quiere emprender. ¿A qué engañarse?

        Hace unos pocos días oía hablar en la radio al Director del yacimiento arqueológico de Atapuerca (Burgos). Pues parecido. Pero no sobre nuestros antepasados lejanos, no, sobre nosotros. Ésa es la diferencia. Si fuera sobre ancestros de hace 800.000 años no me encontraría tantas dificultades. Lo malo es que el tema es sobre nosotros, sobre Occidente, y que "con la Iglesia hemos topado, Sancho."

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre este libro.