Hola.
Soy ateo y, habiendo leído bastante al respecto, me parece bastante plausible la teoría de que Jesús nunca existió como personaje histórico. Por este motivo, cuando supe de su libro, busqué por Internet hasta dar con este blog para poder ampliar información.
Me parece muy loable su arduo trabajo de estos años y su disposición a la investigación, pero, lamentablemente, después de explorar esta web y esforzarme en comprender su método de búsqueda de firmas, debo decirle que creo que su teoría no tiene fundamento matemático.
Me "da miedo" que me acuse de buscar "elefantes en el Serengueti", pero, dejando de lado aspectos sobre los cuales no he podido obtener suficiente información, como de dónde sale el alias de "Simón" o quién es el personaje llamado Osio y otras cuestiones de ámbito filológico o histórico, lo que parece ser el núcleo de su trabajo -el descubrimiento de miles de firmas en el NT- me parece que no resiste un análisis probabilístico serio. Y sí: llegamos al tema de las probabilidades que veo que usted enseguida descarta de un plumazo siempre que sale a colación, sin haberse molestado en profundizarlo.
Como Ingeniero en Informática, no acabo de comprender como otro Ingeniero -y además especializado en Métodos Numéricos- lleva a cabo una investigación filológica e histórica y no se preocupa de la parte matemática claramente presente. Me ha extrañado también que se haya dedicado durante años a buscar firmas en textos bíblicos, cuando gran parte de esa labor la puede hacer un programa de ordenador en cuestión de minutos. Pues bien, aprovechando una tarde libre, yo he desarrollado dicho programa (algo que cualquier profesional cualificado podría hacer en un tiempo similar).
La dificultad principal para construir el programa del que le hablo ha sido determinar cuál es su criterio exacto para saber lo que es una "firma" y lo que no lo es. Después de leer bastantes páginas de su web, he extraído una serie de reglas que espero sean bastante aproximadas:
1. 5 líneas consecutivas del texto deben tener cada una letra de la palabra "Simón".
2. Las letras deben de estar en un rango de 6 columnas de separación (realmente es un espacio de 7 letras, ya que muestra ejemplos en los que se aprecian números como 12-18 en los que la resta es 6, pero las posiciones son 7, al incluir los dos extremos).
3. Las posiciones se pueden coger contando desde el principio o desde el final de la línea.
4. La palabra "Simón" puede aparecer de arriba a abajo o viceversa.
5. Se consideran algunas letras griegas que suenan igual o parecido como la misma (por ejemplo la omicron y la omega para la "o" de "Simón").
6. A veces se encuentran firmas que no siguen el procedimiento normal sino la secuencia 1-2-n-2-1 (¿hay otro tipo de firmas? ¿se admiten aproximaciones?)
7. Algunos fragmentos de texto que considera escritos en una segunda fase o por un autor distinto pueden extraerse para hacer cuadrar las firmas (siempre que, según usted, no afecten a la historia esencial o sean duplicidades).
8. Las firmas deben formar "cadena", es decir, deben ir en versículos consecutivos.
Una vez que se han definido las reglas del juego, es posible calcular las probabilidades. Como las "reglas" son bastante complejas, nos encontramos que un cálculo de probabilidades analítico se hace muy difícil. La alternativa entonces es un cálculo numérico por ordenador.
El programa que me entretuve en desarrollar sigue a rajatabla las reglas de la 1 a la 6, aunque sólo busca una firma como máximo en cada bloque de 5 líneas. La regla 7 no la he implementado porque implica juicio humano muy difícilmente aplicable en un programa de ordenador, pero en cualquier caso da aún más libertad al "cazador de firmas" y aumenta sus probabilidades. La regla 8 está fuertemente influida por la regla 7: Al cortar pedazos de texto, se puede hacer que las firmas aisladas se unan en los puntos que convengan. Por esto último, el programa busca firmas en cualquier lugar del texto sin importar que estén encadenadas. Mi opinión es que el número de firmas total del texto ya debe darnos una idea clara de las probabilidades implicadas sin necesidad de llevar a cabo su trabajo de 5 años dividiendo el texto según los supuestos autores.
Una vez expuestos los antecedentes, la pregunta lógica es: ¿y cuáles son los resultados de todo este análisis? Pues los que voy a exponer a continuación:
1er. EXPERIMENTO
PLANTEAMIENTO
Genero grupos de 5 líneas de caracteres aleatorios según las probabilidades relativas de las letras extraídas de la transcripción de Lucas 24 ("acto segundo") que aparece en su web. La longitud de las líneas es de entre 22 y 66 caracteres, para adecuarse a la longitud media de las líneas del texto original.
RESULTADO
Después de 25.000 iteraciones, se encuentran 10.211 firmas. Es decir, un 40,84% de los grupos de 5 líneas de texto tienen firma. Esto nos indica que en un texto aleatorio, la probabilidad de encontrar una firma es bastante alta. Mucho más alta de lo que intuitivamente puede parecer.
2º EXPERIMENTO
PLANTEAMIENTO
Copio el texto de la transcripción de Lucas 24 ("acto segundo") que aparece en su web y le aplico el algoritmo de búsqueda a cada grupo de 5 líneas consecutivas.
RESULTADO
37 de 81 grupos de 5 líneas (45,68%) presenta firmas. Esto es ligeramente más alto que la probabilidad de encontrar firmas en un texto aleatorio, pero, sin hacer un estudio formal de su significación estadística, parece entrar dentro de los límites de error aceptables, puesto que el número de muestras (81) es pequeño y se admite que por la propia estructura del idioma griego o los textos en sí se produzca una mayor concentración de las letras adecuadas en los lugares precisos.
3er. EXPERIMENTO
PLANTEAMIENTO
Copio el texto del Quijote de una página web que lo facilita íntegro y le aplico el análisis de firmas. Cambia el idioma y, por tanto, las probabilidades relativas de las letras y la distribución de las mismas en las palabras. Por simetría, sigo manteniendo las mismas equivalencias de letras que en la transcripción griega "i"="u" y "o"="w". Cabe destacar que sólo aparece una "w" en todo el Quijote, con lo que perdemos flexibilidad más que ganamos con respecto a la versión griega.
RESULTADO
En el Quijote encontramos 5.618 grupos con firma (todavía podría haber más firmas porque -recuerdo- sólo se busca una firma por grupo). El total de grupos explorados es de 13.039. Eso nos da una probabilidad del 43,09%, totalmente en consonancia con la del primer y segundo experimento.
CONCLUSIONES
-La probabilidad de encontrar una firma en 5 líneas consecutivas de cualquier texto con una distribución de probabilidades similar al griego es alta (en torno a un 43% dependiendo del idioma, longitud de líneas, letras alófonas y otros factores a considerar).
-Las probabilidades se pueden aumentar mucho más si se recortan fragmentos de los textos para hacerlos cuadrar con lo que uno busca.
-Puesto que no hay diferencias significativas entre la tasa de ocurrencia de firmas en un texto aleatorio, el Quijote y el texto del NT de muestra, hay que concluir que no hay ninguna evidencia matemática de una anormalidad en este sentido en el texto bíblico. Si no lo hiciéramos así, tendríamos que caer en el absurdo de afirmar que Eusebio de Cesárea escribió el Quijote y su espíritu anima los textos pseudoaleatorios generados informáticamente.
REFLEXIONES
Matemáticamente creo que, salvo errores y a falta de realizar un planteamiento estadístico formal, es obvio que no hay fundamento para la afirmación de que es anormal encontrar las firmas que usted ha sacado a la luz. Eso no invalida, de todas maneras, cualquier otro argumento, por ejemplo histórico o filológico, que tenga usted para demostrar que todos los textos cristianos de los primeros siglos son falsos -de hecho, se acepta comúnmente que muchos de dichos textos presentan interpolaciones y otros son falsos enteramente- aunque creo que sí lo deja bastante más difícil.
Un saludo y disculpas por el larguísimo texto
Francisco
P.D. He leído en su artículo "Problema de credibilidad" algo que me ha dejado un poco sorprendido. Es lo siguiente:
"Podemos determinar hasta los signos de puntuación que tuvo el texto inicial, el preparado en primer lugar. No ya las variantes de la versión, sino hasta las comas."
Mi objeción a dicha afirmación se basa en el hecho de que los signos de puntuación (¡incluso los espacios de separación de palabras!) no aparecieron hasta el siglo VII u VIII(*) de nuestra era, con lo que parece imposible encontrar signos de puntuación en textos que, si no me equivoco, usted afirma que son del siglo IV. ¿Podría explicar eso?