Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Cartas de Pedro Ya ya …

Cartas de Pedro Ya ya …

© Copyright Fernando Conde Torrens, el 26-11-2.002

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        Iniciamos hoy una nueva singladura. Hace un par de semanas un amigo me pidió argumentos filológicos o históricos en defensa de mi tesis. Aceptado, vamos allá. Antes, y para el lector no habitual, declararé que no tengo estudios de Filología, soy un ignorante en ese campo, por eso he pedido ayuda. Si algo hago es intentar emplear el sentido común, nada más. Reflexionar, razonar, deducir. Y todo ello con honestidad, sin ascuas, ni sardinas previas, a lo que salga, sin prejuicios. E invito al lector a actuar así. 

        Voy a tratar de acercar al lector ciertos hechos relacionados con los libros. Y, simultáneamente, voy a proponerle que realice algunos ejercicios sencillos y él mismo llegará a sus conclusiones. Todo ello con ánimo de averiguar si nuestros “textos sagrados” son auténticos o son falsos.

        Claro que como condición indispensable, el lector que quiera acompañarnos en nuestro recorrido por los “textos sagrados” del cristianismo, debe reunir una condición sine qua non, sin la cual no se puede: Debe estar en posesión de tales textos. Es decir, ha de poseer un ejemplar del Nuevo Testamento. Personalmente, manejo la Biblia Nácar-Colunga, como ya indiqué en el libro “El Grupo de Jerusalén”. Si alguien se siente tan apasionado con la tarea que vamos a acometer, que decide adquirir un Nuevo Testamento, cómprese el Nuevo Testamento de tales autores y así manejaremos el mismo texto.

        Hay unos pocos, poquísimos, axiomas que no he leído en ningún sitio y que me atrevo a enunciar . Se relacionan, claro está, con la autoría de libros. Y dice así el axioma primero.

 

Todo libro tiene, al menos, un Autor.

 

        Esto significa que un libro dado lo ha escrito, como mínimo, una persona. Ésta es la posibilidad primera. Puede parecer indebida la insistencia en algo tan elemental, pero no hay libro que se escriba solo. Necesita un autor. Uno o más de uno; pero, al menos, uno.

        Puede ser que sean más de uno sus autores. Y el paso siguiente, si uno sólo no basta, el turno pasa a que sean dos. Esa es la posibilidad segunda, que tenga dos autores. Y si dos no bastan, entonces serán tres, cuatro, etc. Aceptado el axioma de que cada libro lo escribe uno, dos, tres o más autores, expondré el axioma segundo, axioma que tampoco necesita demostración, como todo axioma que se precie.

 

No es lo mismo la verdad que la falsedad.

 

        Es algo que no se puede demostrar, pero es cierto. No es lo mismo decir algo verdadero que decir algo no verdadero. No da igual. Y hay maneras de descubrir lo que es verdadero y lo que no lo es. Porque no da igual que algo sea verdadero a que no lo sea.

        Cuando un autor escribe un libro, en él puede decir cosas verdaderas o puede decir cosas falsas. Cuando uno escribe un libro sobre ideología, realmente está firmando cada página del libro que escribe. Especialmente cuando uno escribe un libro sobre ideología.

        Cada autor tiene una manera de expresarse, formas que le son propias, de las que no es consciente y que son el producto de su educación, de sus conocimientos, de su idiosincrasia. Un autor es un lugar geométrico, el lugar geométrico de sus ideas, de sus formas de argumentar, de sus expresiones típicas, de su vocabulario.

 

No hay dos personas que empleen idéntico vocabulario.

 

        Éste fue mi tercer axioma. Por tanto, analizando varios libros se podrá decir algo sobre quiénes los escribieron. Si una persona escribe dos obras, un estudio profundo de tales obras detectará – defiendo – que esas dos obras pertenecen a la misma mano. Un estudio profundo, realizado por un profesional. El hecho por un aprendiz, no, desde luego. Me considero en el espacio intermedio.

        De momento, todos los presentes somos aprendices, que yo sepa. Pero, así y todo, me voy a atrever a plantear un experimento. Tome el amable lector su Nuevo Testamento. Como primer ejercicio voy a plantear uno muy sencillo. Tiene que ver con tres cartas. Léase despacio y saboreando la Carta I de Pedro. Está al final, antes del Apocalipsis y después de Hechos.

        Una vez que haya leído la Carta I Pedro, lea el lector la Carta II Pedro, que, como su nombre indica, también es de Pedro. Tras una lectura lenta y atenta de ambas Cartas, el lector conoce bien a San Pedro como escritor. Perfecto.

        Ahora sáltese a Juan, que es un autor sin interés, y aparece una corta Carta, la de San Judas. Pues bien, lea el lector despacio la Carta de San Judas. E incluso anote las similitudes que vea. Posiblemente verá que II Pedro 2,17 tiene que ver con Judas 6. Y que II Pedro 2,12 dice lo mismo que Judas 10. Y que en las Cartas de Pedro y de Judas se mencionan listas de maldades y malvados. Cuatro en las de Pedro, una en la de Judas, que es más corta. El estudio comparativo de esas tres Cartas está en el capítulo 13 de “El Grupo de Jerusalén”, lo que dieron de sí cuando hacía mis primeros análisis de cómo se escribió el Nuevo Testamento.

        Cabe hacerse un vocabulario de las muletillas usadas en las de Pedro y en la de Judas y comparar. Es un análisis que aún no he hecho, pero tengo entendido que los estudios profundos van en esa dirección. Lo he hecho para los escritos posteriores al siglo I, y algún día hablaremos de ellos. Tal vez el lector, tras este experimento, no haya encontrados suficientes indicios razonables para saber si Pedro y Judas son la misma persona o no. Sospecho que eso se debe a su cualidad de novato en estas lides.

        Antes de estudiar yo las de Pedro y Judas, había estudiado con todo detenimiento el Apocalipsis. Entre las dos Cartas de Pedro y el Apocalipsis encontré 22 coincidencias. Entre las Epístolas de Pablo y el Apocalipsis encontré 27 coincidencias (capítulo 11 de “El Grupo”). Estos hallazgos me permitieron escribir en el libro

 

“Lo que tenía ante mí se parecía a un inmenso puzzle

formado por un equipo concertado para redactar

todo el conjunto de escritos que luego serían el Nuevo Testamento.”

 

        Un profesional de la Filología tendrá muchos más recursos para analizar si las dos Cartas de Pedro y la Carta de Judas provienen de la misma mano o no. O al menos podrá acumular indicios razonables en un sentido o en otro. Son escritos relativamente cortos, compuestas de 5, 3 y un capítulo respectivamente.

        Trato de decir que si a cualquier lego en la materia, como quien esto escribe, le es posible utilizar el sentido común y encontrar cantidad de indicios razonables de que ciertas obras, que siempre se ha dicho están escritas por autores distintos, salieron realmente de la misma pluma, quiero creer que un profesional tiene conocimientos suficientes como para hacer un estudio mucho más profundo que permita salir de dudas. Y confío en que algún día ese estudio se haga.

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Cartas de Pedro Ya ya ...

     Cartas de Pedro. Ex-Colecciòn Bodmer

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        Si, como defiendo, todos los escritos del Nuevo Testamento pertenecen al mismo par de autores, no veo la manera de que tal hecho no pueda demostrarse aplicando todas las técnicas de los estudios filológicos.

        Y mientras los Filólogos sin adscripción ideológica se deciden a hacer ese trabajo, las Cartas de Pedro y Judas siguen ahí, esperando.

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………. Fernando Conde Torrens es autor de “Simón, opera magna”, “El Grupo de Jerusalén”, “La Salud” y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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