Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Conclusiones sobre autores subrepticios del principio

Conclusiones sobre autores subrepticios del principio

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……….   Parece obligado trazar unas conclusiones de los artículos de la serie que hoy termina. Y las mismas no pueden ser más desalentadoras. Si nos fijamos en los logros conseguidos, saber que nos han engañado como a chinos – que se decía antes – pudiéramos sentirnos tentados a sonreir con suficiencia. Pero si nos paramos a pensar cómo se podrán corregir las consecuencias que ha tenido este engaño mantenido durante 17 siglos y 52 generaciones, el optimismo y la alegría se desvanecen en un instante.

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……….   En primer lugar, el engaño estuvo muy bien hecho en la primera generación de falsificadores. No porque Lactancio fuera un lince, que era todo lo contrario, un zopenco, como los dos Emperadores que dieron aliento a la farsa cristiana. Sino porque Eusebio suplió con su inteligentcia y erudición la superficialidad y la ramplonería de los argumentos de Lactancio, el verdadero artífice de la trama, el hombre de las ideas mayoritarias o predominantes.

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……….   A ello se sumó la baja cultura, la nula cultura, del pueblo al que se dirigió la historia. De hecho, si dicha historia se componía de retazos de otras crencias que habían triunfado en otras latitudes, la similitud del colectivo de destino hizo posible que la fe cristiana se implantara en el tejido popular de la época. Y la presión imperial obligó a ser aceptada por las clases altas, por una medida que no ha salido en la serie, pero que fue real: Quien no fuera cristiano no podía legar sus bienes a sus descendientes; quedaban para la casa imperial. Esta medida la tomaron los hijos de Teodosio, Honorio y Arcadio, en Occidente y Oriente, respectivamente.

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………….   Las circunstancias que acompañaron el triunfo – la imposición más bien – del Cristianismo en el Imperio romano superan todo lo imaginable. Y, juzgadas con nuestra mentalidad moderna, resultan inaceptables. Es el «modus operandi» de las más despóticas dinastías de los tiempos antiguos, su forma de hacer, a sangre y fuego, sin respeto alguno, ni siquiera a las conciencias de los ciudadanos del Imperio, a los que se obligó a hacerse cristianos.

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………….  Debiera perderse el respeto, tanto a la creencia como a quienes la propagan hoy en dia. Por el pasado y por el presente, del que no procede hablar y del que nunca hablaremos.

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