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Dolencias

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© Copyright  Fernando Conde Torrens     139

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……….En este artículo volvemos a tratar de Dolencias, tema relacionado no con la Mente Superior, ni con el  Corazón Superior, o Fondo, ni con la Energía, sino con la Salud. Está relacionado con aquella serie de artículos que empezaban por Conflictos no activos y siguientes de El  Camino.

Vamos conociendo, a base de caer en ellas, cómo se entra y cómo se sale de lo que llamaremos “dolencias”. Nos negamos a llamarles “enfermedades”, aunque podríamos hacerlo, como todo el mundo, porque esa palabra, “enfermedad”, ha sido mal usada durante demasiado tiempo. Da a entender como que es inevitable, de origen ajeno, que nos cae del cielo, sin culpa nuestra. Y las cosas no son así. Por otra parte, “dolencia” suena menos grave, como si fuera a pasarse sola. Y así es.

Hoy por hoy podemos hablar sólo de algunas características que hemos observado de las “dolencias”. Invitamos al lector a que se observe a sí mismo y compruebe, o varíe, nuestras observaciones. Hoy compararemos cómo reacciona nuestro organismo ante tres tipos diferentes de agresiones: Las agresiones físicas por contacto manifiesto, las agresiones físicas por contacto desapercibido y las generadas por emociones mentales completamente desapercibidas.

Hay unas reglas que se verifica en todas las ”dolencias“ sufridas. Son dos:

1. Cuanto más evidente es la agresión que causa la “dolenciaantes aparecen los síntomas. Si no es tan evidente, tardan más.

2. Estos síntomas tardan en desaparecer un tiempo mayor que el que duró la agresión.

Pongamos tres ejemplos para ilustrar los tres tipos de agresiones.

a) Agresiones físicas por contacto manifiesto. Nos pegamos un martillazo en el dedo, o nos pegamos un gran golpe contra el canto de una puerta con el ojo. La inflamación de la parte golpeada no es instantánea, tarda unos minutos. Se genera una inflamación y un cambio de color de la parte golpeada y de sus alrededores, porque se da una hemorragia interna. Nos aplicamos frío, reposamos, procuramos no mover demasiado la parte golpeada y dejamos que pase el tiempo, los días. A los pocos días la  inflamación se reduce, el color morado oscuro para a ser rojo. Unos pocos días más tarde, el color rojo pasa a ser verde. Con más días de espera, el verde pasa a amarillo. Y con más días aún, el amarillo se atenúa y retorna el color rosado natural de nuestra piel. Estamos  curados.

Este tipo de dolencias, causadas por agresiones físicas manifiestas, es decir, que no hay la menor duda del origen de la dolencia, es patrimonio de todos los humanos y nadie duda de la causa, ni del método a seguir para reponerse: El cuerpo se cura solo.

Hace años y a una persona muy querida, ya de cierta edad, sin golpe alguno, se le rompió alguna vena o arteria del brazo. Se produjo el derrame interno como si hubiera sufrido un gran golpe. El derrame se extendió por todo el brazo. Era evidente el origen y, sin inflamación, se dio el proceso de recuperación que hemos descrito. Y el cuerpo se cura solo porque, como me dijo hace mucho un Doctor en  Medicina, el cuerpo posee una “vix medicatrix”, como lo llamaba él, una “voluntad curativa”. Y esa “vix” es lo que nos cura, desengañémonos.

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b)  Agresiones físicas por contacto desapercibido. Si las agresiones del tipo a) son evidentes y a nadie le pasan  desapercibidas, las del tipo b) empiezan a enmascararse y no las vemos tan a la primera. Por ejemplo, cuando la agresión es por inmersión en un medio levemente agresivo. Hay contacto, pero éste no es tan evidente y diáfano como el golpe en el ojo. Por ejemplo, pasar frío.

Si el frío es leve, el organismo lo soporta y parece que no ha pasado nada. Pero suele suceder que algún órgano, o parte del cuerpo, ha acusado la agresión por el frío de manera que sí le causa una “dolencia”. Cuando aparecen los síntomas, no ligamos el síntoma de la dolencia con la inmersión o agresión suave. Porque está operando la primera regla citada: Cuanto más evidente es la agresión que causa la “dolenciaantes aparecen los síntomas. Si no es tan evidente, tardan más.

Y, en este caso, la agresión nos ha pasado desapercibida. Además, ha sido algún tiempo atrás, varias horas, un día. Como nos ha pasado desapercibida y no la hemos calificado de agresión, podemos volver a caer en ella, con lo que se repetirá el proceso. Si seguimos sin identificar la causa de la “dolencia” y seguimos cayendo en la inmersión causante, la “dolencia” puede hacerse crónica.

Recuerdo tiempo atrás un dolor intenso en el riñón izquierdo, dolor que duraba todo el día. Me dijeron que era lumbago y que era crónico. Pero, analizando qué lesión podía recibir mi riñón izquierdo a lo largo del día, noté que al dormir vuelto hacia el lado derecho, como es mi costumbre, la parte izquierda quedaba algo desprotegida y podía pasar frío bajo la manta. Me coloqué una simple toalla sobre los riñones al dormir. A los pocos días el dolor desapareció y no ha vuelto.

Hace pocos días volví a pasar frío. Aún no encienden la calefacción central de mi bloque y hace frío a las tardes en casa. Me arropé más, pero ya había pasado frío. Al día siguiente llegaron los síntomas inequívocos de enfriamiento de vejiga: Frecuencia, escasez, cierta molestia … He aumentado la ropa sobre esa zona y ya estoy notando la mejoría. La mejoría llega alrededor de un día  después de cortada la inmersión, la agresión.

El catarro es otro ejemplo de este tipo de agresiones por frío. Llegan los síntomas  24 horas después de la agresión por frío. Y tardan en pasarse alrededor de una semana, si uno no pone remedio en forma de Frenadol. Si uno insiste en sufrir la agresión, el catarro va a mayores.

Comparando las reglas de cuándo aparecen los síntomas y cómo se cura el desperfecto, vemos una correlación, una escala de duraciones. Vamos al caso más difícil, resoluble sólo por detectives especializados.

c)  Agresiones generadas por emociones mentales completamente desapercibidas. Son el resto de “dolencias” que podemos tener, lo que la gente llama “enfermedades”. Como ya se expuso detalladamente en el artículo arriba citado y en los siguientes, en este caso hay un volumen de agresión (en este caso un disgusto) que es el que va a marcar la gravedad de la “dolencia” o “enfermedad”. Cuanto mayor sea la agresión emocional, más dentro aparecerá la “dolencia”. El máximo de agresión llega a repercutir en los huesos. Agresiones más ligeras mostrarán sus efectos en la piel, dermatitis. Las intermedias, en las articulaciones. Conviene estudiar detenidamente los artículos citados para entender la manera en que nos lastimamos y nos causamos “dolencias”.

Añadamos que mientras estamos peleando por superar el disgusto, mientras estamos en tono agresivo, activo, con la adrenalina a tope – lo que los especialistas llaman “simpaticotonía” – nuestro organismo puede con los síntomas. Éstos van a aparecer cuando aflojamos, cuando ya no luchamos, cuando entramos en “vagotonía”. 

Ahora nos toca hablar de los plazos y de su curación. Pero antes preguntémonos: ¿Quién no ha tenido un disgusto por algo relacionado con su pareja, sus hijos, sus padres, sus hermanos, sus amigos …? Incluso varios, diferentes, a lo largo de los años. Pues esos disgustos se resuelven con “dolencias”, generan dolencias”.

Los síntomas, en este tercer caso, suele tardar en aparecer entre 15 días y un mes una vez superado el disgusto, una vez iniciada la vagotonía. Y, por ello, nos pasa desapercibido el fenómeno de causa-efecto. No ligamos el disgusto con la “enfermedad” que aparece un mes más tarde. ¿Quién se acuerda? Y sobre todo, ¿quién relaciona?

Digamos ahora que es fundamental ligar la causa – disgusto, con su área de disgusto – y el efecto – síntomas y “dolencia”. Si no logramos que el disgusto no se repita, porque lo localizamos y cambiamos la actitud, podremos caer en “dolencia” crónica. Si nos apuramos, si caemos en el temor a la propia “dolencia”, se generará otro disgusto y ya serán dos las “dolencias”. Eso, caer en el miedo, sólo será posible si desconocemos la “vix” famosa, la “voluntad curativa” de nuestro organismo, que también actúa y resuelve todas las “dolencias”. Al organismo se le puede ayudar, pero  convendrá hacerlo respetando el proceso de su “voluntad  curativa”.  Y, por último, la curación tardará más tiempo que el que tardamos en provocarnos la “dolencia”. De modo que, paciencia y tranquilidad.

¿No es lógico que nuestro organismo obedezca a un patrón uniforme, es decir, que tenga un modo idéntico de reaccionar, ante todas las agresiones que, ignorantes de nosotros, le causamos? Observémonos. Nos curamos nosotros. Pero nos curamos, como en todo, sabiendo.

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……….Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén»,  «La Salud», recientemente «Año 303. Inventan el Cristianismo» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En  http://sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser
humano.

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Un comentario en “Dolencias”

  1. Adela dice:

    Muy buenas las observaciones y ciertas gracias Fernando

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