Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Don de lágrimas

            Porque la tenemos ya suficientemente documentada, vamos a hablar en esta ocasión de una forma de la Energía. No sería extraño que cada uno de las  SEIS Componentes, o Dimensiones, del ser humano tuvieran sus formas específicas de Energía. La que hoy describiremos pertenece al Corazón Superior. Es, por tanto, una de las formas más elevadas de  Energía, tal vez la más elevada, el don de lágrimas.

            Consiste en una capacidad de identificación, en un proceso por el que uno siente la misma sensación que experimentan otros seres, o que va ligada a ciertos hechos. Y esta sensación es una intensa e indómita emoción. Intensa, porque se siente con todo el ser. Indómita, porque resulta difícil de reprimir. Se puede reprimir, pero cuesta lograrlo. Se reprime con la voluntad. Y ello, a veces, por lo indiscreto que resulta.

            Esa emoción no es una emoción mezclada con dolor, con pesar, con tristeza. Es emoción en estado puro, sin mezcla. Y en el fondo tiene un matiz de gozo, de unión, una sensación de compartir.

            Esa experiencia se da de manera automática, independiente de nuestra voluntad. Se da cuando tenemos el  Corazón Superior especialmente activo. Se da esporádicamente cuando, por lo que sea, lo hemos activado. Y se dará de manera continua – digamos, varios días al mes – cuando lo hayamos implantado como Corazón por defecto, en la Meseta.

            Para que esta experiencia se dé, debemos tener los canales abiertos a esa Energía y, para ello, debemos tener el Corazón Superior activo. Cuando estas condiciones se verifican – y ya hemos indicado en estos artículos cómo activar la Mente Superior, primero, y el Corazón Superior, más tarde – se capta la emoción que hay en un ambiente y esa emoción nos inunda instantáneamente, se hace nuestra. Es decir, sentimos lo mismo que sienten los que nos rodean.

..  Don de lagrimas

. Don de lagrimas

       Don de lágrimas

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            Pero para experimentarla nosotros no hace falta que tengamos al lado a personas dominadas por esa emoción. Podemos sentirla al ver, leer, u oír algo que ha sido origen de esa emoción. Y ello aunque lo visto, leído u oído no contenga signos evidentes de esa emoción. Por eso, porque no los contiene, puede sorprendernos que la sintamos por tal detalle visto o leído, ya que lo recibido no  contiene rastro alguno de tal emoción, pero la provocó en alguien en algún momento.

            La Música, determinada música, un  paisaje, un anuncio de la televisión, un pasaje de un libro, determinado lugar … son “accidentes” que nos inundan de esa Energía sutil ligada al Corazón Superior.

            La cima de este tipo de Energía sutil es el Contacto con el Fondo. En esa ocasión podríamos decir que esta Energía nos arrebata, nos posee, nos transporta. Se adueña de nosotros y en modo alguno apetece reprimirla. Al contrario, cuanto más dure, mejor.

            En la experiencia cumbre del Contacto con más intensidad y en las otras ocasiones, con algo menos, el concepto del tiempo se esfuma, se debilita fuertemente. La Energía proporciona una sensación de pertenencia, de unidad, de comunión. Se percibe el puro Ser, su inalterabilidad. Es como si uno se asomara por un instante a lo Eterno.

            Con este tipo de  Energía experimenta uno mismo esa idea, muchas veces oída, de que “Somos Uno”. Y se percibe con claridad que esa Unidad es estable, estática, autónoma, inmutable.

            Esta realidad era ya conocida hace siglos en los círculos religiosos. La llamaban el “don de lágrimas”. Lo experimentaban muy pocas personas, y, todas ellas, muy bondadosas. En los medios conventuales se pensaba que era un don de Dios. Y en parte es cierto: Las cosas están puestas por la Divinidad para que las pueda experimentar todo el que hace lo que hay que hacer para desarrollar esa capacidad. De modo que también es cierto que nos lo proporcionamos nosotros mismos, con nuestro esfuerzo. Y ello, sin que medie ni media pizca de soberbia.

            ¿Es un don de Dios? Sí, pero no de un Dios adjudicador, sino de un Dios organizador. Que lo organizó así.

Las cosas son como son, las entendamos o no las entendamos, las cosas son como son”, que decía el otro. Y ahora que estamos hablando de Energía, bueno será tener noticias de su cima. Porque conocemos a más de un/a buscador/a que ya la ha experimentado.

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……….Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén»,  «La Salud», recientemente «Año 303. Inventan el Cristianismo» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En  http://sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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