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Egipto Antiguo 176 Sus dos primeras esposas y más cosas

Egipto Antiguo 176 Sus dos primeras esposas y más cosas, como los inicios de su currículum de «conquistador».

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© Copyright  Fernando Conde Torrens, el Lunes 24-2-2.014

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          En el anterior artículo hemos visto a César recordando su primer matrimonio con Cornelia Cina, el gran amor de su vida.    

        César recordó su vuelta de Rodas, la alegría que hubo en su casa. Había faltado año y medio. Encontró a su esposa Cornelia tan encantadora como siempre y a su hija Julia, ya de dos años, que andaba y hablaba algo, tremendamente distinta a cuando se fue, que era sólo un bebé. Decidió que no se marcharía más de su casa, sino que, si tenía algún destino en una provincia cualquiera, Cornelia y Julia irían con él. Había comprendido que la vida lejos de casa era sólo media vida. Cierto que tanto en Rodas como en su exilio y en Bitinia había conocido mujeres, pero sin poner en ello el corazón, como una distracción momentánea, una necesidad fisiológica, algo sin valor, pero sin lo cual no se podía pasar.

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Anverso y reverso de una moneda de Bruto, uno de los asesinos de César

Egipto Antiguo 176 Sus dos primeras esposas y más cosas   Egipto Antiguo 176 Sus dos primeras esposas y más cosas

  (Fuente: Atlas of the Roman World. Tim Corneel & John MatthewsFacts on File. New York- Oxford. 1.982)

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        Apenas había pasado un año desde su vuelta de Rodas y César estaba ya un tanto decepcionado de los cambios que se había producido bajo la dictadura de Sila. Los optimates del Senado tenían todas las riendas del poder en sus manos y resultaba difícil para un político popular destacar y lograr una pequeña parcela de poder, un nombramiento.

     La ocasión llegó cuando su tío, Aurelio Cota, falleció el año 74. Ocupaba un puesto en el Colegio de Pontífices y había una tradición que tales cargos fueran a algún miembro de la familia del sacerdote fallecido. Pero los optimates se apresuraron a designar a uno de los suyos, un tal Catulo, para acceder a dicho cargo. Hubo una corta campaña, en la que César dio discursos en el Foro de Roma con frecuencia. Empezaba a ser un tanto popular entre la plebe, por ser yerno de Cina, uno de los jefes que había tenido el partido popular. Y por sus propios méritos. El hecho es que salió elegido. Al año siguiente se presentó para tribuno militar. Era un puesto relativamente fácil de acceder y también lo obtuvo.

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Calzadas romanas en tiempos de la República

Egipto Antiguo 176 Sus dos primeras esposas y más cosas

(Fuente: Atlas of the Roman World. Tim Corneel & John MatthewsFacts on File. New York- Oxford. 1.982)

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        Dos años después, cuando preparaba el viaje de toda la familia a la Hispania Ulterior fue cuando Cornelia se fue. Tras una enfermedad corta, la pobre Cornelia falleció en silencio, como había vivido. César no deseaba recordar aquella época, pues el corazón le dolía si lo hacía, a pesar de los años que habían pasado. Su matrimonio con Cornelia no tuvo igual. Ninguna mujer de las muchas que conoció después la igualaba. Ni de lejos. Ella había sido especial, única.

        César no tenía ninguna gana de contraer un nuevo matrimonio, pero su tía, la viuda de Mario, le instó a hacer una buena boda, casándose con una hermosa joven de la familia del fallecido dictador Sila. De ese modo favorecería su carrera política. Cuando partió para Hispania, en calidad de cuéstor, para dedicarse a los asuntos fiscales de la lejana provincia, dejó a su hija, que ya tenía 9 años, con su nueva esposa, Pompeya Sila.

        Pompeya era un mujer ya hecha, de gran belleza, por lo que todos sus colegas le envidiaban. Pero César notó una gran diferencia entre ella y su querida Cornelia. Pompeya era más convencional, educada, condescendiente, tenía un espléndido cuerpo, lo sabía y lo sabía usar. Sus encuentros eran apasionados, sensuales y frecuentes. A veces ella se le insinuaba de manera tan inmediata que César no tenía tiempo ni de cambiarse de ropa, o de darse un baño.

        Con Cornelia todo era más suave; siempre había una preparación y un cortejo. Pero, a pesar de su apasionamiento, Pompeya  no tenía con él ni la entrega, ni la ternura de Cornelia. Casó con ella el año 69, sólo año y medio después de morir Cornelia. No era cuestión de viajar a Hispania con ella. No se daban las condiciones. Prefería tener un tiempo de distancia. Amantes no le iban a faltar. Y no le faltaron.

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El Circo Máximo durante una carrera

(Fuente: La Ciudad Antigua. Atenas y Roma clásicas. Peter Conolly. Hazel Dodge. Oxford University Press. 1.988)

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        Guardaba muy buen recuerdo de las mujeres de Hispania. Eran morenas, espigadas – al menos las que él conoció – ardientes, alegres, fáciles de cautivar. Los magistrados romanos las volvían locas. Y estaban deseando llevarlos a su casa, a su alcoba, para compartir con cualquiera de ellos su lecho. Una especialmente venía a su memoria con más intensidad. Antes de yacer con él, le bailaba una danza violenta, alzando los brazos y contorneando el cuerpo, al mismo tiempo que canturreaba algo en voz baja. A cada tramo del baile se desprendía de una pieza de su bien calculada vestimenta.

        César siempre pensó que ella tenía varias prendas para andar por la calle y por la casa, y otro conjunto especial para bailar ante sus amantes. Porque las partes de su vestido caían con sólo que pasara la mano por el lugar adecuado. El efecto era muy especial, con multitud de candelas en el suelo, que esparcían una luz escasa y que la iluminaban desde abajo. Pertenecía a una buena familia de Hispalis (Sevilla), pero César no quiso conocer a los padres, que estaban en el primer piso de la casa – le constaba – mientras su hija, arriba, bailaba para él. Eso sí, con los pies descalzos. Sus amoríos en Hispalis casi le hicieron olvidar que en Roma le esperaba la espléndida Pompeya.

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Enlace con el próximo día: Egipto antiguo 177. Hispania el inicio de la carrera amatoria.

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        Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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