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Egipto Antiguo 187 La esclava tesalia

Egipto Antiguo 187 La esclava tesalia, o esfuerzo de supervivencia.

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© Copyright  Fernando Conde Torrens, el Viernes 21-3-2.014

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          En el anterior artículo hemos visto a Julio César sacando conclusiones de sus experiencias con dos mujeres de África, Cleopatra, la reina de Egipto, y Eunoe, la Reina de Mauritania. Luego, su pensamiento se va a la época en que venció a Pompeyo en Farsalia, ciudad de la Tesalia.

        Pero, volviendo a la mujer tesalia, nunca supo si su marido cometió el error de llevarla con él, o si ella se sumó a la caravana para atravesar media Tesalia. No se atrevió a preguntar, por orgullo. Su griego era muy inseguro. En cualquier caso, habiendo una guerra en el territorio, añadirse a una caravana también habría sido un error. Y estaba pagando por ello.

        Ella había comprendido que el hecho de que la hubieran destinado al Comandante de la tropa había sido una suerte, o su destino hubiera sido más duro y posiblemente menos duradero. Con el Comandante supremo tenía posibilidades de sobrevivir. Pasando de mano en mano, su futuro hubiera dependido del humor de todos sus eventuales dueños, y el enfado de cualquiera de ellos, por no haberle satisfecho como él esperaba, le habría costado la vida. Ahora sólo tenía que contentar a un solo amo. Y se aplicó a hacerlo.

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Mosaico del Nilo, país de gran riqueza

Egipto Antiguo 187 La esclava tesalia

(Fuente: El mundo de los romanos. Dr. J.F. Drinkwater et alia. BLUME Editorial. 1.994)

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        De joven César hablaba fluidamente el griego; lo perfeccionó sobre todo durante su estancia en Rodas. Pero llevaba más de diez años sin apenas practicarlo. Y había perdido mucho vocabulario. César leía frecuentemente autores griegos. Pero Homero le parecía artificial, como si narrara guerras inventadas. Las cosas que pasaban en las obras de Homero no pasaban en la vida real. En cambio, admiraba a Jenofonte y había leído varias veces su Anabasis, o la Retirada de los Diez Mil. Ése sí que era un relato fiel. Él había tenido las mismas preocupaciones que Jenofonte, guiando a sus hombres por territorio enemigo, docenas de veces. Jenofonte sabía lo que se traían entre manos. Homero, no.

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Alcances de las armas de los romanos

Egipto Antiguo 187 La esclava tesalia

(Fuente: El mundo de los romanos. Dr. J.F. Drinkwater et alia. BLUME Editorial. 1.994)

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        A causa de su escaso vocabulario griego César no quiso hablar con la mujer helena en el idioma de ella. No quería humillaciones. Le decía lo que quería de ella, en latín o con señas, y ella lo hacía. Y es que sólo «hablaba» con ella de noche. Él la llamaba «tú» y ella atendía por «Tú». La frase que más empleaba con ella era «Tú, ven aquí.» Esa frase, dicha a ciertas horas, sólo tenía un significado, que la necesitaba. Entonces ella corría a quitarse el vestido, el strophium (sujetador) y el calzón interior. Se quedaba sólo con una tela muy fina, colgada de los hombros por dos finos tirantes, y le sonreía mientras caminaba despacio hacia él.

        Había observado que a su amo le gustaba que ella caminara despacio. Y también le gustaba que le ayudara a quitarse la pesada coraza, la malla interior, las sandalias y las glebas. El resto de la ropa se la quitaba el propio César. Luego, ella debía acariciarle y dejarse acariciar por él. Generalmente, el amo estaba cansado y el coito llegaba rápido.

        Alguna vez su amo se dormía antes de consumar el acto. Entonces ella se quedaba un rato inmóvil, por si él despertaba  Nunca lo hacía. Y al tiempo, se deslizaba fuera del camastro del comandante y se marchaba a su refugio, en un rincón de la habitación del fondo, que servía de almacén. Allí tenía unas pajas en el suelo y unas pieles, con las que se cubría. Antes se cambiaba, y se ponía un vestido grueso y viejo que tenía, porque hacía frío.

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Mosaico del dios Priapo con romana desinhibida

Egipto Antiguo 187 La esclava tesalia

(Fuente: El mundo de los romanos. Dr. J.F. Drinkwater et alia. BLUME Editorial. 1.994)

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        Un día la mujer, de la que César nunca supo el nombre, le pidió permiso para ir a las barracas de las etairas (cortesanas), que estaban fuera del campamento romano, y conseguir un buen perfume. Ella le hablaba en griego, porque se había dado cuenta de que César entendía el griego, aunque nunca se dirigió a ella sino en latín. Ella apenas entendía el latín. Para lograr su aprobación, ella le había dicho, en griego:

        – «Cuando les diga que soy la esclava del Comandante de las Legiones, me envidiarán y me venderán a buen precio lo que les pida.«

        César, halagado, le dio permiso, pero hizo que uno de sus ayudantes la acompañara y pagara la compra. La mujer volvió con un frasco de esencia, que usó para complacer a César en las noches siguientes. A partir de ese día, antes de ir hacia él, se echaba el perfume. A ella le gustaba estar perfumada, aunque fuera para entregarse a un hombre al que nunca antes había conocido.

        Le recordaba los primeros tiempos de su matrimonio, cuando era la esposa de un hombre que la amaba. Era veinte años mayor que ella, pero la respetaba. Su padre había dispuesto su matrimonio con él. Era un  rico comerciante de Limnaea, villa situada en el fondo del Sinus Ambrácicus (Golfo Ambrácico). Había quedado viudo y era un buen partido. Su padre movió los hilos y supo atraerlo a la familia. Había pasado con él cinco años y se habían ido a vivir a Lamia, en el Sinus Maliacus, al Este de Grecia.

        A la muerte de él quiso volver con su madre, que aún vivía en Limnaea, y fue en ese viaje cuando cayó en poder de los romanos y se convirtió en la hembra del Comandante. No sabía cuánto tiempo estaría siendo la concubina del romano. Pero sabía que no duraría mucho. Cuando viera que los romanos iban a volver al lugar de donde vinieron, le pediría a su dueño que le diera una pequeña cantidad de dinero, suficiente para poder terminar su viaje a Limnaea, y volver con sus padres. Confiaba en que nadie en Limnaea se llegara a enterar de que había sido la concubina del Comandante romano, o podría tener problemas.

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Soldados romanos en formación de testudo atacan una muralla. Columna de Trajano

Egipto Antiguo 187 La esclava tesalia

(Fuente: El mundo de los romanos. Dr. J.F. Drinkwater et alia. BLUME Editorial. 1.994)

  

        Se decía que, cuando volvían a casa, los romanos nunca se llevaban a sus esclavas con ellos. Allá les esperaban sus verdaderas esposas. Se había dado cuenta de que su amo era bastante buen hombre, aunque muy exigente, acostumbrado, como estaba, a mandar y a ser obedecido con prontitud. Por eso confiaba en que él aceptaría su plan tras su servidumbre. Y eso le daba ánimos para darle gusto en todo lo que él le pedía, que no era mucho más de lo que le pedía su esposo comerciante. A fin de cuentas, todos los hombres querían lo mismo, un juguete al que acariciar y en el que cobijarse a veces … Y era tan fácil dejar hacer y fingir sentir placer …

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Enlace con el próximo día: Egipto antiguo 188. Reflexiones sobre su liderazgo.

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        Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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