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Egipto Antiguo 192 Promoción en las Legiones romanas

«Egipto Antiguo 192 Promoción en las Legiones romanas», o la astucia de los romanos para favorecer el orgullo entre sus legionarios, la Cohorte Primera.

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© Copyright  Fernando Conde Torrens, el miércoles 2-4-2.014

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          En el anterior artículo hemos visto cómo Pompeyo pensaba seguir una estrategia de desgaste con César, pero el Senado, huido de Roma con él, le presionaba para llegar al enfrentamiento directo. Finalmente, Pompeyo cedió. Y dispuso su .táctica

            Si Pompeyo formó a sus tropas en triplex acies (triple línea), César tenía pensado hacer lo mismo. Pero, para compensar el menor número de sus hombres, colocó reforzadas las dos primera filas, en detrimento de la tercera, que sería la última en entrar en acción. El despliegue de Pompeyo no le cogió por sorpresa, con el río Enipeus como límite de un extremo de ambos contendientes. Por ello ya tenía seleccionada una cohorte de cada Legión, la mejor, para formar una cuarta fila. Para hacerlo, había citado a los primi palo, los centuriones de la primera cohorte de cada Legión, a su tienda. En cada Legión, los soldados iban ascendiendo según méritos. Porque no todas las cohortes eran iguales, había categorías.

            Los novatos, los reclutas, ingresaban en la cohorte décima, la de menor categoría. Y conforme demostraban su valor y se producían bajas en las cohortes superiores, iban ascendiendo a juicio de su centurión. Cada vez que había una baja en la primera cohorte, un legionario de cada cohorte cambiaba de categoría y ascendía a la cohorte inmediatamente superior. Cada cohorte la formaban 480 soldados, salvo la primera, que tenía el doble. Este sistema de ascensos favorecía el valor y funcionaba muy bien.

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Fase 1ª de Farsalia. Caballería y arqueros de Pompeyo contra el flanco derecho de César.

(Fuente: Greek & Roman Warfare. John Drogo Montagu. Greenhill Books. 2.000)

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        César seleccionó, con la ayuda de los centuriones de las ocho cohortes primeras, la mitad de la cohorte primera de cada Legión, para ocupar un puesto en la cuarta línea que pensaba establecer para hacer frente a la caballería de Pompeyo, que atacaría por la derecha, el único modo de intentar flanquearle. Él resaltó lo mucho que esperaba de esa cuarta línea, de la que podría depender el resultado de la batalla.

        Si sucumbía ante la caballería enemiga, los jinetes de Pompeyo desharían la formación cesariana atacando por detrás. Ellos tenían que sostener la posición a costa de lo que fuera, o todo el ejército estaría perdido. Los centuriones transmitirían esta consigna a los seleccionados y luego el propio César insistiría en este hecho, en su arenga final, poco antes del avance contra el enemigo. Los centuriones no tuvieron ningún problema en elegir a los mejores de entre sus hombres. Ellos también formarían parte de la cuarta línea, donde César colocaba a sus mejores soldados. Y se sentían orgullosos y agradecidos a su jefe por el honor.

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Templo de Júpiter Capitolino. Sobre él, a un lado, el Templo del dios Trajano

(Fuente: Roma Antigua. Anna María Liberati & Fabio Bourbon. FOLIO Ediciones. 2.005)

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        César sabía manejar lo que él llamaba «el salario inmaterial«. Era tan importante como la paga, o la parte del botín, si no más. Era tan importante como la promesa de reparto de tierras al retiro. Un  hombre no reacciona sólo ante la recompensa en forma de monedas de oro o plata. Se mueve por el prestigio. Por eso, desde muy antiguo, funcionaba la promoción y la categoría de las cohortes de una Legión.

        Porque todos los legionarios están aspirando a cambiar de cohorte y pasar a la inmediata superior. Y consideran un honor que el centurión les elija para esa promoción. Y tienen horror a que el centurión los designe para pasar a la cohorte inferior. Eso los convertiría en el hazmerreír de los compañeros de ambas cohortes. Por eso, el cambio a una categoría inferior debía hacerse con la aprobación del Comandante de la Legión, para evitar degradaciones injustas. Y el centurión que proponía el descenso debía avalar con hechos y testigos su propuesta. Con tales medidas, la cuarta línea estaba muy bien preparada y altamente motivada. Los ojos del general iban a estar fijos en ella. Y, posteriormente, probarían su preparación y su impulso.

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Pendientes hallados en Oplontis, cerca de Pompeya

Egipto Antiguo 192 Promoción en las Legiones romanas

(Fuente: Roma Antigua. Anna María Liberati & Fabio Bourbon. FOLIO Ediciones. 2.005)

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        Había otros detalles que favorecían a César. A la derecha de la zona donde él debería distribuir sus Legiones había una pequeña elevación del terreno. Allí colocó César a sus mil jinetes. No eran muchos, eran incomparablemente menos que sus homólogos del otro bando. Pero cumplían un papel, ocultaban la cuarta línea a los ojos del enemigo. César sabía lo importante que es el factor sorpresa en medio de una batalla.

        Además, había otro aspecto que jugaba a su favor. El comandante de la caballería enemiga era Labieno, un militar aristócrata que había servido bajo él  en las Galias. Y César le conocía bien. Labieno era un cobarde que suplía su falta de valor en el frente con un exceso de adulación en la tienda del Comandante supremo, él, o Pompeyo, actualmente. César le conocía y sabía que él no partiría a la cabeza de sus jinetes para desalojar a la exigua caballería enemiga y granjearse la victoria. Ni ese honor era aliciente suficiente para moverle.

        Él iba a la guerra a conseguir méritos, a realzar su carrera de militar de cara a la política, para sustituir al primer senador que falleciera. Pero tenía que ser sin riesgos que pudieran poner en peligro su puesto en el Senado. En las Galias sus compañeros le llamaban «el hombre de las emboscadas». Tender emboscadas era todo su afán. Porque en tales ocasiones el riesgo es mínimo, ya que sobre un caballo es fácil deshacerse de un infante a pie, y él mandaba la caballería. La casi segura ausencia de Labieno junto a sus hombres favorecería el desconcierto que los jinetes pompeyanos iban a sufrir al descubrir su cuarta línea tras los jinetes enemigos.

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Enlace con el próximo día: Egipto antiguo 193. Batalla de Farsalia. Ventajas y arenga.

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        Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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