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Egipto Antiguo 209 El Coliseo Reconstrucciones

Egipto Antiguo 209 El Coliseo Reconstrucciones

© Copyright  Fernando Conde Torrens, el Lunes 12-5-2.014

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          En el anterior artículo hemos visto algún ejemplo de Anfiteatro, lugares de esparcimiento de los ciudadanos romanos de lustre. Hoy profundizaremos en lo que significaba los Juegos para el ciudadano medio, el hombre de la plebe, porque había muchos más plebeyos que patricios en el Imperio romano.

        Para entender los Juegos, como los romanos llamaban a los espectáculos que tenía lugar en el Anfiteatro, hay que meterse dentro del pellejo de un pueblo antiguo, guerrero, que estaba forjando un Imperio. Todos los asistentes a los Juegos, ellos y ellas, tenían más de un familiar, muchos familiares, en el ejército, en las Legiones. Estaban acostumbrados los antiguos, mucho más que nosotros hoy en día, a la muerte como rutina diaria, como espectáculo. Muerte que debía de sucederle a un extraño, no a nosotros, ni a nadie cercano. Los romanos tenían los Juegos como nosotros tenemos el fútbol, como algo normal, una diversión, e inofensiva, nada podía pasarnos «a nosotros» viendo los Juegos.

        En la Antigüedad no existía el respeto por la vida que hoy tenemos. Nos hemos «civilizado» y hay aspectos de la vida en la Antigüedad que hiere nuestra sensibilidad, forjada a través de siglos de Cristianismo. Por eso no entendemos que el pueblo romano disfrutar viendo la lucha de gladiadores, una lucha de igual a igual, cada cual elegía sus armas, y era experto en su manejo. «Que ganara el mejor», pensaba el espectador. Y eso le bastaba. El peor debía morir, salvo que hubiera peleado con gran bravura, en cuyo caso cabía concederle la vida. Pero si era un pusilánime, no merecía vivir, pulgar hacia abajo, y se termina un espectáculo corto y aburrido. No estamos aquí en favor de los Juegos en el Coliseo, tratamos de explicar el punto de vista, el sentir, de un hombre de la plebe romana.

        En la figura que sigue, obsérvese el acompañamiento musical, toda una sofisticación para la época. Que las órdenes se daban por medio de un árbitro y también por medio de una trompa. Los romanos estaban acostumbrados a los toques de trompa para indicar órdenes a cumplir. Nótese la forma de arrastrar a los caídos, a la izquierda de la imagen.

              

Lucha de gladiadores en un Anfiteatro

Egipto Antiguo 209 El Coliseo Reconstrucciones

(Fuente: La Ciudad Antigua. Peter Connolly – Hazel Dodge. Acento Editorial, 1.998)

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        Tanto las Termas como los Teatros y Anfiteatros estaban bellamente decorados. Lo que nos ha quedado después de siglos de expolio es el esqueleto, lo que no tiene valor. Lo de valor, los mármoles que cubrían las pareces, las estatuas, las pinturas, o se lo han llevado, o lo han destrozado, que ha habido mucho bárbaro paseándose por  Europa durante los 1.500 años transcurridos. Veamos una reconstrucción de la Puerta Principal del Coliseo. Claro que por ella no entraba todo el mundo, sino sólo los que tenían acceso a ciertas zonas más selectas del graderío.

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Entrada del Coliseo de Roma reservada a los magistrados, reconstrucción.

   Egipto Antiguo 209 El Coliseo Reconstrucciones

(Fuente: La Ciudad Antigua. Peter Connolly – Hazel Dodge. Acento Editorial, 1.998)

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        La imagen que sigue está a tamaño real, ya que, de empequeñecerla, se obtiene una imagen distorsionada por efecto «moiré». El lector deberá ver las dos mitades sirviéndose de su cursor. En total, el Coliseo descansa sobre 80 grandes pilares en toda su circunferencia. La altura máxima de la fachada es de 45 metros. El óvalo tiene un total de 540 metros de longitud. Es una elipse. El Coliseo se completó durante el reinado de Domiciano (81-86), hermano de Tito e hijo de Vespasiano.

        Los cimientos son de hormigón, técnica que los romanos dominaban, y tienen 12 metros de profundidad. Las bóvedas de cañón, semicirculares, también eran de hormigón. Las fachada se cubrió de mármol travertino, del que se necesitaron 100.000 metros cúbicos. Las partes menos nobles eran de ladrillo y de toba volcánica. Multitud de bóvedas, pasajes y escaleras daban acceso a cada parte del graderío, con un total de 76 entradas distintas para el público. La entrada imperial estaba en la parte Sur y ha quedado destruida salvo la parte interior, que no tiene decoración.

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Coliseo, parte izquierda, reconstruido

Egipto Antiguo 209 El Coliseo Reconstrucciones

(Fuente: La Ciudad Antigua. Peter Connolly – Hazel Dodge. Acento Editorial, 1.998)

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        El graderío constaba de cinco niveles. El más cercano a la arena estaba reservado a los Senadores, las Vestales y grandes personalidades. Luego había otras cuatro niveles separados, a los que se accedía por varios tramos de escaleras, que partían de las galerías perimetrales. Para subir a la parte más alta, que eran de madera, para aligerar la estructura y los empujes laterales, eran necesarios cerca de 140 escalones.

        En el Coliseo cabían del orden de 50.000 espectadores. Los vomitoria estaban a media altura del nivel intermedio y resultaban particularmente peligrosos para los asientos situados encima de ellos. Del  último nivel partía el toldo, que se apoyaba en 240 ménsulas para el entoldado, que requería a cerca de 1.000 marineros de la flota para su manejo. La lona y las cuerdas para manejarla pesaban del orden de 24 toneladas, por lo que debían ser manejadas por personal muy experto.

        Bajo la pista había una compleja red de pasadizos y cámaras, donde esperaban su turno los hombres y las fieras. Tenía 6 metros de altura. Había montacargas para subir a los hombres a la pista. Las fiera subían por rampas de madera que conectaban con las cámaras donde estaban recluidas.

Coliseo, parte derecha, reconstruido

Egipto Antiguo 209 El Coliseo Reconstrucciones

(Fuente: La Ciudad Antigua. Peter Connolly – Hazel Dodge. Acento Editorial, 1.998)

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Enlace con el próximo día: Egipto antiguo 210. El Anfiteatro o Coliseo de Roma.

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        Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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