Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Egipto Antiguo 213 La lucha por el poder en Roma

Egipto Antiguo 213 La lucha por el poder en Roma entre Julio César y el Senado.

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© Copyright  Fernando Conde Torrens, el miércoles 21-5-2.014.

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          En el anterior artículo hemos visto los equipos de carreras que intervenían en el Circo Máximo, y más datos sobre cómo funcionaba un Circo.

           Ahora que conocemos mejor cómo era Roma en tiempos de Julio César y la ajetreada vida de éste – tanto militar como de alcoba – sigamos con la relación pormenorizada de la vida de Cleopatra cuando su hombre era Julio César. Porque el problema de Cleopatra era que la única salvación para que su reino, Egipto, mantuviera su cualidad de reino independiente era conseguir un trato especial por parte de Roma. Y Roma era el hombre que mandaba en Roma, el ciudadano número uno. Y ése era Julio César.

           Y eso de acuerdo con los sacerdotes de Amón – porque en Egipto funcionaba a la perfección el acuerdo íntimo entre el cetro (el monarca) y la tiara (los sacerdotes). Así había sido desde tiempos de Tutankhamón, el sucesor del Faraón hereje, cuyo nombre sea maldito. En Roma, en cambio, el sacerdocio no contaba, no existía como fuerza organizada. Era el cetro, ahora disputado entre el Senado y los renovadores populares, lo que generaba la tensión.

        Cleopatra había hecho intervenir la única de sus cualidades que podía lograr dicha meta, la equiparación por parte de Roma, sus encanto personales. No sólo su condición de mujer, sabido como era por todos la afición de César por los placeres de la cama, sino su amplia erudición y su ingenio personal. Todo Egipto conocía la labor que estaba realizando su Reina para la salvación del reino. Y ello porque los sacerdotes se encargaban de propagar el hecho. Y, por ahora, las cosas estaban saliendo de acuerdo con los planes egipcios. César, el poderoso Julio César, estaba prisionero en los lazos que le había tendido la inteligente Cleopatra.

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Vestíbulo hipóstilo del Templo de Karnak. Tebas (Egipto)

Egipto Antiguo 213 La lucha por el poder en Roma

(Fuente: Los 70 grandes inventos y descubrimientos del Mundo Antiguo. Brian M. Fagan. BLUME Editorial, 2.005)

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      La llamada de Julio César a Cleopatra para que éste viajara a Roma, a convivir con él, era la mejor prueba de que Egipto tenía futuro. Y todo Egipto despidió con varios días de fiesta la salida de su Reina para Roma, la capital donde se fraguaban los destinos de los pueblos del Mediterráneo. Esto César no lo sabía, pero lo sospechaba. Sin embargo, su devoción por Cleopatra, el encanto que aquella mujer ejercía sobre él, le impedían entrar en el análisis de la realidad que vivía. Era como si retornara a sus años jóvenes, cuando el amor de Calpurnia llenaba toda su vida. Y César no quería que ese retorno tuviera fin. Había pasado por demasiados brazos en su vida para apreciar lo que vale un amor verdadero. El que vivió con Calpurnia lo fue. Y quería creer que el que estaba viviendo con Cleopatra también lo era.

      Ya en tiempos de César era conocido en Roma un refrán que decía algo similar a nuestro «no hay mayor ciego que el que no quiere ver«. Pero César no lo consideraba válido. No para él y su idilio con la Reina de Egipto. Por su parte, ésta había encarecido a sus sirvientas sobre la importancia de agradar a César en cuanto deseara. Con un límite. Límite que a Cleopatra le bastó un movimiento de las manos en el aire para definir. Con el regocijo general de sus doncellas, que no pudieron reprimir la carcajada, a pesar del tono severo con que su ama hablaba.

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Fresco de la villa de Marco Lucrecio Frontón, en Pompeya

Egipto Antiguo 213 La lucha por el poder en Roma

(Fuente: Los 70 grandes inventos y descubrimientos del Mundo Antiguo. Brian M. Fagan. BLUME Editorial, 2.005)

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         La vida en Roma seguía. La mayoría de sus habitantes eran desconocedores de las tensiones que se daban en las altas esferas, allá donde se gestaba el destino futuro de la República. Y en tales esferas las posturas eran irreconciliables. Estaban, de una parte, los defensores de sus prerrogativas ancestrales, los miembros más veteranos y prominentes del Senado, junto con sus familias y las de todos los patricios romanos. Ellos no llamaban a su postura defender sus prerrogativas, sino defender la República, con cuyo ideal pasado, se identificaban. Realmente, se identificaban con un pasado ficticio, pues siempre hubo tensiones entre los plebeyos y los patricios. Pero todo lo que no se vive, es como si no existiera. Y la República añorada por los patricios era una República ideal, donde el Senado ejercía el control total de cuanto sucedía en sus dominios. Con eso soñaban.

         Habían sido los Triunviros, primero, y Julio César ahora, el gran obstáculo a abatir, el jinete a desmontar. Más pronto o más tarde, era su cabeza la que debía rodar por el empedrado de Roma. Había que esperar el momento propicio, era cuestión de tiempo. Así se habían resuelto siempre los conflictos de intereses entre el Senado y la plebe, eliminando al cabecilla del pueblo.

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Letrinas públicas de Ostia, el puerto de Roma

Egipto Antiguo 213 La lucha por el poder en Roma

(Fuente: Los 70 grandes inventos y descubrimientos del Mundo Antiguo. Brian M. Fagan. BLUME Editorial, 2.005)

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        En el otro lado, aunque con mucha menor mentalización, estaban los partidarios de César. Eran una pequeña parte del orden ecuestre, ciertos sectores aventajados del proletariado y la gran masa de plebeyos que formaban las tribus de Roma. Pero todos ellos vivían más centrados y atentos a sus propios negocios que al futuro que le estaba reservada a la República. Eran personas que se movilizaban cuando había elecciones, cuando se avecinaba una guerra o con la llegada del invierno.

        Pero su principal ocupación eran sus propios asuntos, no los asuntos de Roma. Roma ocupaba un lugar muy secundario en su escala de valores, detrás del negocio, del campo, de las tierras y de la familia. César pensaba que contaba con ellos. César les adjudicaba el mismo interés por el  futuro de la República que el que él tenía. Pero no era así. Su apoyo era realmente muy laxo. Esto César no lo sabía. Y esa ignorancia iba a costarle la vida. Pero deberían pasar aún dos largos años para que se evidenciara el error en el que estaba.

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Centro de Roma, con los Foros, los Teatros, el Coliseo y el Circo Máximo

Egipto Antiguo 213 La lucha por el poder en Roma

(Fuente: Longman´s Atlas of Ancient Geography. Longmans, Green, and Co. New York, London and Bombay. 1.902)

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Enlace con el próximo día: Egipto antiguo 214. Conciliabulos de César en Roma.

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        Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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