Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Egipto Antiguo 86 Correspondencia epistolar

Egipto Antiguo 86 Correspondencia epistolar, o la paciencia de Julio César.

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© Copyright  Fernando Conde Torrens, el Viernes 31-5-2.013

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        En el artículo anterior hemos visto cómo Cleopatra esboza una táctica para ganarse el favor de Julio César. Para los detalles técnicos requiere la opinión de su comandante, Presbus.

        Presbus permaneció de pie durante toda la entrevista. La Reina se sentó en su trono, que había traído desde su Palacio de Egipto. La cuestión era cómo garantizar mejor la seguridad personal de Cleopatra, qué medio de desplazamiento era más seguro, y cómo organizar la comitiva de modo que pasara desapercibida para Potino y sus soldados. Enseguida se llegó a la conclusión de que no podía hacerse de modo oficial y que era más rápido y seguro el viaje por mar que por tierra.

        Tras barajar varias alternativas, como la de ser acompañada por un amplia comitiva de mercenarios, Presbus propuso que la comitiva fuera de unas 20 personas, entre las cuales, cuatro serían las sirvientas de más confianza de la Reina. Los otros quince serían miembros elegidos de su cuerpo de mercenarios griegos, pero no con su vestimenta militar, sino llevando encima de la misma unas túnicas que los hicieran pasar por mercaderes.

        Su cargamento sería una remesa de alfombras sirias, algunas de las cuales habrían sido pedidas por los romanos, para decorar las dependencias de los tribunos y del  propio dictador, Julio César. Ello daría la posibilidad de entrar en los aposentos de César. Y los egipcios no tendrían conocimiento de que todo era un truco para entrar en contacto directo con César. Llevarían varias alfombras para César. Cleopatra se vestiría como una de las sirvientas. Presbus, siempre a su lado.

        Para no despertar sospechas irían sólo en dos naves. Una, con tropas de refuerzo, por si fueran necesarias en el momento de desembarcar. En la otra irían los supuestos mercaderes, la Reina y sus sirvientas. Éstas, al igual que Cleopatra, irían con vestimentas vulgares, como correspondía a su papel de acompañantes de los mercaderes. En cuanto quedó fijado el modo de realizar el viaje, Cleopatra dio orden de adquirir un cargamento de alfombras locales de buena calidad, junto con otras más corrientes. Todas ellas debían estar en los bajos del Palacio en un máximo de dos días.

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Mujeres con instrumentos de música. Tumba de Nakht. XVIII dinastía.

(Sobre sus cabezas, bolas con perfumes mezclados)

Egipto Antiguo 86 Correspondencia epistolar

(Fuente: Gran Historia Universal. Vol. 3. Egipto y los Grandes Imperios. Carlos Moretón Abón. S.A. de Promociones y Ediciones. 2.006)

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        Pero, puso como condición Cleopatra, era preciso contar con la garantía de Julio César y un salvoconducto firmado por él, a presentar a sus oficiales a la llegada al Puerto de Alejandría. Cleopatra redactó su respuesta con el siguiente contenido:

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        “Cleopatra, Reina de Egipto, a Julio César, dictador de Roma. Salud.

                                                                                                                   Celebro que Roma intervenga, a través de vuestra persona, para restaurar en el trono de Egipto a sus legítimos soberanos. Vicisitudes desafortunadas han trastornado la normal situación y provocado tensiones innecesarias que deseamos reducir y, si fuera posible, anular. La buena acogida que sé que recibiré de Roma no va a ser compartida, desafortunadamente, por algunas personas con autoridad, aunque sea delegada, en Alejandría. Por ello, antes de partir a vuestro encuentro y al de mi querido hermano, preciso saber qué garantías tengo de inviolabilidad a mi persona al llegar a Alejandría. Guardaos.”

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        Al igual que Presbus, el oficial enviado por César esperaba, mucho tiempo antes de la hora en que había sido citado, a la puerta del Palacio de Cleopatra. Al día siguiente, a media tarde, César leía la misiva de Cleopatra. Su rostro esbozó una mueca de contrariedad. Tratar con mujeres en asuntos de diplomacia no era su fuerte. Nunca antes había tenido tal necesidad. Pero sí sabía que las mujeres eran desconfiadas.

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“Posiblemente, se dijo, como fruto de su inferioridad física y emocional.”

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        Decidió que debería que ser paciente con Cleopatra. No lo había tenido fácil. Según había llegado a oídos del Senado romano, la camarilla palaciega era la causante de las desavenencias entre los hermanos. César esperaba lograr al reconciliación entre ellos, en cuanto pudiera ponerles en contacto y mantenerlos junto a sí. La siguiente labor sería anular al influencia de los asesores del joven Faraón. Y lograrlo con el acuerdo del propio Ptolomeo, para lo que contaría sin duda con el apoyo de la hermana.

        La misión podría resolverse en unos pocos días, para ocuparse a continuación de las facciones aún leales a Pompeyo, según noticias que le llegaban cada pocos días por barcos que arribaban a Egipto desde Asia y Roma. Según le informaban, los hijos de su enemigo controlaban aún Hispania, gracias a las Legiones que Pompeyo había mandado en la península. También dominaban la joven provincia de África, donde habían suprimido a las pocas cohortes fieles a César.

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Anillo egipcio de oro y cornalina, con caballos de apenas 8 mm. Año 1.250 AEC.

Egipto Antiguo 86 Correspondencia epistolar

(Fuente: Gran Historia Universal. Vol. 3. Egipto y los Grandes Imperios. Carlos Moretón. S.A. de Promociones y Ediciones. 2.006)

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Enlace con el próximo día: Egipto antiguo 87. La cita.

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……… Fernando Conde Torrens es autor de “Simón, opera magna”, “El Grupo de Jerusalén”, “La Salud” y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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