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El Imperio Seleúcida 13 bajo Antíoco IV Epífanes y su muerte

El Imperio Seleúcida 13 bajo Antíoco IV Epífanes y su muerte

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© Copyright  Fernando Conde Torrens 

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        Indudablemente, la mentalidad de los monarcas de la Antigüedad era la mentalidad que aquí llamamos «de rompe y rasga«: Aquí el que manda soy yo y hago lo que me parece. A nadie he de dar cuenta y, por tanto, no tengo límites.

        No son los únicos. Muchos mortales han poseído, y poseen, la misma mentalidad, el hago lo que me parece, lo que me favorece, lo que me apetece. Uno de ésos, hace años, me dijo «las leyes las hacen los listos, para que las cumplan los tontos.« Otro, hace menos me decía «no se puede ir de bueno por la vida.« Y otro, hace todavía menos, me decía igualmente: «Fernando, las personas están para usarlas.«

        A Antíoco IV Epífanes se le antojó que todos sus súbditos debían creer en los mismos dioses, en los del Olimpo, para poder vencer a Roma. Una ilusión. A Roma se la podría derrotar en el campo de batalla, como harían los partos, en ocasiones, o los venecianos en una mal llamada Cruzada, o los otomanos, sitiando Constantinopla con espingardas y cañones. Pero no obligando a la gente a que cambie su interior. El interior es lo único que tenemos, lo que nos diferencia de los corderos, nuestra huerta. Considerarnos corderos, dejarnos sin huerta, es la falta de respeto absoluta, la cosificación suprema, una nueva forma de esclavitud. Quienes lo intentan sólo demuestran que, podrán ser bípedos, pero no son humanos. O es que quizás, como ellos no tienen huerta, piensen que nadie la tiene. Sí, debe ser eso …

        Dicho esto, sigamos con la historia de un candidato a invasor, Antíoco IV Epífanes. Uno de los pocos invasores ideológicos de quien sabemos que la faena se le torció. Y nos alegramos por ello. Lástima que a otros … ¡aquí estamos nosotros, pardiez!

        Hemos dejado a los judíos de la ciudad, Jerusalén, soportando, bien que mal, la imposición del monarca seleúcida. Pero fue en el agro, los campesinos, la gente sencilla, del pueblo, la que reaccionó con fuerza. También serán las gentes del campo, de los pagos, de los pueblecitos o aldeas, los paganos, los últimos que se resistirán a la invasión ideológica que sufrimos desde el Imperio Romano.

        Empezó la resistencia armada a la orden de Antíoco IV Epífanes en Modin, una aldea de Judea, el año 167 antes de la Era Común. El líder inicial, el sacerdote Matatías Asmoneo, padre de Judas, Jonatán y Simón, aparte de varias hijas. Matatías vio que un judío helenizado iba a ofrecer sacrificio en su pueblo y se lo cargó, para evitar el mal ejemplo. Fue la chispa que inició el polvorín judío.

        La pandilla inicial judía no podía medirse con el ejército seleúcida. Pero la región era montañosa y se prestaba a la guerra de guerrillas. Y es lo que los judíos empezaron, con pequeñas emboscadas, golpes de mano audaces y con poco riesgo, retirándose de inmediato. Ya se ha dicho aquí que las posibilidades de éxito en una guerra de guerrillas contra unas tropas invasoras, son máximas. Porque sólo están acantonadas en ciertos puntos. Los demás son de los aborígenes, de los guerrilleros, que, además, conocen el terreno.

        El éxito acompañó a los seguidores de Matatías. Pero un año después, en el invierno del 166-165 el propio líder resultó muerto, porque guiaba a sus hombres, no sólo mandaba a los demás al combate. Le sucedió su hijo mayor, Judas. La fama de los rebeldes hizo que se les uniesen centenares de judíos, descontentos con la perspectiva de cambiar su Torá y sus Profetas por los dioses Olímpicos y la Teogonía de Hesíodo. Y, ya bajo Judas, los judíos derrotaron a un ejército de 6.000 soldados mandados por el general Gorgias y enviados por el gobernador de Siria.

El Imperio Seleúcida 12 bajo Antíoco IV Epífanes y su muerte

        A la vez que los judíos, a Antíoco IV Epífanes se le rebeló Partia. Eso ya era otro cantar. Partia ponía en peligro a la rica satrapía de Mesopotamia. Y eso Antíoco IV no lo podía consentir. El años 165 partió para Partia, al frente de sus ejércitos, y derrotó a los partos rebeldes en batallas no cruciales, lo que le obligó a continuar su campaña. Los partos, como los judíos, no se lo querían jugar todo a una carta, a una batalla, y practicaron la guerra de desgaste. Dio resultado, porque en una de esas batallas no cruciales Antíoco IV encontró la muerte.

Moneda con efigie de Antíoco IV Epífanes. Leyenda del reverso:

ANTIOXOU – QEOU EPIFANOU NIKEFOROU = ANTÍOCO – MANIFESTACIÓN DE DIOS. PORTADOR DE LA VICTORIA

El Imperio Seleúcida 12 bajo Antíoco IV Epífanes y su muerte

(Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:AntiochusIVEpiphanes.jpg)

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        La noticia tuvo su repercusión en todo el Imperio Seleúcida. Todo se detuvo. Y eso dio una pausa a los judíos para hacerse con el control del pequeño reino, purificar el Templo y asentarse. Entonces surgieron las diferencias entre ellos, partidarios unos de proseguir la guerra y contrarios otros. Pero eso es tema de otro artículo, si llega a ver la luz.

        Hasta que no salgamos del dominio del gráfico que sigue, lo mantendremos, para facilitar la colocación del lector en la época del artículo. Nótese que, sin saberlo, Heliodoro, el primer ministro de Seleúco IV Filopator, le hizo una doble faena al Imperio: Se quitó del medio al monarca reinante, e hizo posible que dos hermanos fueran reyes, ya que al joven Seleúco IV no pudo reinarle su hijo, Demetrio, demasiado joven, sino que le sucedió su hermano, Antíoco IV Epífanes

        Esto va a hacer que los hijos de los dos hermanos, primos entre sí, sean reyes. Pero sólo por cuatro o cinco años cada uno, porque un primo se cargará al otro. Eso dará comienzo a las guerras dinásticas, por pululación de candidatos. Y no contento el destino con esto, todavía revolverá más la olla, y a los descendientes de los dos primos se sumará un pájaro pinto, un usurpador, un tal Alejandro Balas, que asesinará, a su vez, al segundo monarca primo, Demetrio I Sóter. Y entonces ya serán tres los diseminadores de futuros aspirantes, con lo que la sucesión del Imperio se convertirá en un lío. Pero no adelantemos acontecimientos. Queda, pues, justificado el mantenimiento del gráfico.

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El Imperio Seleúcida 13 bajo Antíoco IV Epífanes y su muerte

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Enlace con el próximo día.

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………. Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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