© Copyright Fernando Conde Torrens
Padre nuestro, y digo Padre
para que todos me entiendan.
Ya sé que no eres mi Padre,
sé que no te tengo fuera,
sé que muy dentro te llevo,
pues es mi Esencia tu Esencia.
Tú no eres un dios terrible
ni es tu mirada severa,
ni tu brazo poderoso,
ni tu diestra justiciera.
Tú no eres un dios guerrero
ni intervienes en peleas.
Tú no castigas al malo
ni a los que te sirven premias,
que sólo tienes un cielo
y a nadie de él dejas fuera.
¿Qué haré yo para cambiar
esa Tu imagen severa?
¿Cómo podría explicarles
que Tú todo lo penetras
y que no te son ajenos
ni las plantas ni las piedras?
No saben que en Tu regazo
está la galaxia entera,
que nos miras con cariño
y sin que nada te ofenda,
pues para Ti somos niños
que a veces tienen rabietas.
Es tan inmenso Tu Amor
y es Tu Bondad tan inmensa
que a todos predestinaste
a confluir en Tu Esencia.
¿Qué diré, pues, de Tu "Nombre"?
( Confunden Nombre y Esencia ... )
Mil veces sea alabada
por la Humanidad entera,
por cada ser que despierte
y que, iluminado, vea.
Santo y sagrado es Tu "Nombre",
Perfección pura Tu Esencia.
Dichoso aquél que barrunte
su propia Naturaleza.
Quisiste que en mí anidara
un brote de Tu Materia,
una chispa de Tu Luz,
el "ojo" que Te contempla.
Haz que por fin estos ojos
ese Tu Reino entrevean.
Que Tu propia Plenitud
en mi vida resplandezca.
Que la que fuera Semilla
Divina germine y crezca,
ilumine mi persona
y que esa Luz se mantenga
luciendo toda mi vida,
que entonces sí, será plena.
Y Tu Plan es que esa mota
en Estrella se convierta,
Estrella de Pura Luz
libre de toda materia.
Nadie es capaz de impedir
que Tú a través nuestra crezcas.
Quisiste hacerte pequeño
y partir desde una célula.
Era un milagro de Amor
unir Tu Ser y esta cueva.
Ahora quiero hacer posible
que Tú en esta celda crezcas.
Que Tu Plenitud me llene
y mi "yo" desaparezca.
Que Tu Reino venga a mí
y que encuentre la manera
de explicar a mis hermanos
nuestra mutua pertenencia.
Se hará así Tu Voluntad
en los cielos y en la tierra,
pues Tu Voluntad no es otra
que avistemos esa Tierra.
Sé que Tú tienes dispuesto
que ni un solo ser se pierda,
pues en cada humano anida
una mota de Tu Esencia.
Yo ya no Te llamo Padre
porque sé que estás más cerca
de mí que lo está ese padre
que con su hijo ríe y juega.
¿Cómo, pues, he de llamarte?
Te llamaré mi Conciencia,
mi Saber, mi Ser, mi Todo,
el fin de mi trascendencia.
Diré que eres mi futuro,
que eres mi Causa primera
y diré que en el camino
Tú me guías con Tu diestra.
Diré que no eres persona
sino Plenitud Perfecta,
pero que ello no ha impedido
que quieras crecer y crezcas,
deviniendo Humanidad
que aspira a más Alta Meta.
Diré que eres el Estado
de Sabiduría Plena,
el conjunto de lo Bueno,
el total de la Belleza,
a la que nada es extraño,
que en todo se manifiesta.
Eres todo aquello que es,
lo que perdura y no mengua.
Eres, oh Dios, lo más simple
que la mente soñar pueda.
Ya sólo me queda ahora
zambullirme en Tu Marea
y dejar que mi alma vaya
a vibrar en Tu Presencia,
para ser Uno contigo
y fundirme en Tu Luz Plena.
Y siendo al fin los dos Uno
ya ni nombrarte debiera,
sino hablar conmigo mismo,
siendo del Todo parcela.
Y porque estamos en todos
penaré con el que pena,
reiré con el que ríe
y me llegaré al que quiera
abrirnos su corazón
y ascender por la escalera
que del "tener" lleva al Reino
donde los que ya son, reinan.
Fernando Conde Torrens es autor de "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.