Tirinto

© Copyright  Fernando Conde Torrens

 

       

 

 

        Tirinto es una ciudad que está a pocos kilómetros al sureste de Micenas. Como Micenas, consta de una ciudad baja y una ciudadela situada en lo alto y fuertemente fortificada. Y, como en el caso de Micenas, sólo han quedado restos de la acrópolis, la ciudadela-residencia del monarca. Si Micenas debió impresionar a sus visitantes de la época, lo mismo y aun más hay que decir de Tirinto. El plano de sus murallas muestra una ingeniería tremenda, un premeditado afán de diseñar un recinto inexpugnable. Tampoco lo fue. Pero situémonos en el Peloponeso, y dentro de  él en su parte noreste, la Argólida. Allá está Tirinto y allá nos vamos.

 

Ciudadelas micénicas en el Peloponeso.

(Fuente: Grecia Antigua. El alba de Occidente. Furio Durando. Ediciones Folio.)

 

        Nosotros visitamos Tirinto un día de Julio de 2.002, al mediodía, después de ver Micenas y "la tumba de Atreo". Llegamos sin problemas al lugar. Y conforme veíamos el sitio fui tomando fotos. Las mostraré en el orden en que fueron hechas, conforme íbamos realizando la visita, así esto será parecido a una visita virtual.

        Si en Micenas estábamos varias docenas de turistas a la vez, en Tirinto estábamos solos. Al final de la visita apareció otra pareja de visitantes despistados, como nosotros. La soledad y la grandeza del escenario nos convertía en exploradores del pasado. El vigilante no nos hizo ni caso, bastante tenía con estar a la sombra en un mediodía achicharrador, abanicándose y bebiendo a sorbos su Coca Cola. Los que más sudaban eran los turistas. No estoy seguro si la visita costaba un par de euros por persona o era gratis. En cualquier caso, muy económica. Y ni aún así.

        Entramos por la parte derecha del plano que aparecerá más tarde, por la entrada principal, numerada como 1, al lado del aparcamiento. Lo primero que llamaba la atención al acercarte a la colina eran las murallas. Feas, irregulares, pero muy altas. La primera foto de la visita quiso recoger esa impresión de obra descomunal, realizada hace más de 3.000 años.

Tirinto vista desde el exterior.

Colección propia

        Subimos por la rampa de acceso y enfocamos la entrada de la ciudad. Luego supimos que Tirinto consta de una ciudad baja amurallada, destruida hoy en día, de una fortaleza intermedia, de la que apenas quedan restos, y de la ciudadela superior, fuertemente defendida. Nosotros entramos a la altura de la fortaleza intermedia, por una entrada que conduce directamente a la ciudadela superior. El pasillo de acceso discurre entre dos muros, con tres estrechamientos donde existieron sendas puertas, de las que quedan restos. En la foto que viene se aprecian uno de esos estrechamientos.

Tirinto. Pasillo de entrada a la ciudadela.

Colección propia

        Como se ve, el visitante está completamente dominado desde ambos lados por los defensores, que están en lo alto de los muros. Muros que eran más altos de lo que hoy queda. Las piedras de las esquinas son ciclópeas y escuadradas, muy distintas de las que forman el lienzo del muro, mucho menores e irregulares.

        Seguimos subiendo, porque subida es, y cuando se pasa la segunda puerta y se mira hacia atrás, se ve esta vista. En el dintel de la izquierda se ve el tallado en el que se apoyaba alguna puerta o reja antigua. Recuérdese las huellas de la enorme puerta de "la tumba de Atreo".

Tirinto. Rampa de acceso a la ciudadela.

Colección propia

 

        No recuerdo a qué altura, pero en la rampa de acceso había una garita, un hueco para que se metiera el vigilante cundo llovía. Eso u otra función que no alcanzo a comprender. Se aprecia cómo construían los micénicos las falsas bóvedas, superponiendo piedras más largas sobre las hiladas inferiores. De ese modo cubrían la parte superior del hueco. De modo similar está hecha "la tumba de Atreo" y la galería cubierta.

 

Tirinto. Hueco en la muralla, del tamaño de un vigilante.

Colección propia

        Aunque es pronto y falta aún bastante, pero aprovecho para decir que esta forma de construir con piedras irregulares, planeadas por dos lados de manera harto precaria, de tamaño desiguales, sin mayor orden ni concierto, cogidas de aquí y de allá, es lo que más adelante llamaremos mampostería. En las pirámides, los Faraones no usaban esta morralla, sino bloques perfectamente tallados por las seis caras, con ángulos de 90 grados. Eso son sillares y la construcción hecha con ellos se llamará de sillería. 

        Fíjese el lector en su pueblo o ciudad antigua

        * que los castillos medievales suelen estar hechos mayoritariamente de sillería,

        * que las catedrales son totalmente de sillería,

        * que los palacios de los nobles tienen la fachada de sillería y las muros laterales lucen hermosos sillares en las esquinas, pero pasan a la mampostería, más barata, en las paredes laterales y en la parte trasera. 

        * que esto mismo de los palacios de los nobles pasa en las iglesias de cualquier ciudad que no sean catedrales. 

        * que los aborígenes, o lugareños, construyen sus casa de mampostería y pispan, afanan o birlan algunos sillares del castillo o iglesia derruida más cercana; sillares que colocan como dinteles sobre puerta y ventanas. Y si han pispado muchos, porque la fuente no está lejana, colocan los demás sillares, ahora suyos, en las esquinas de sus casas. Y si pintan de blanco la casa, lo pintan todo menos los sillares. 

        Ya tiene el lector tarea para hacer entre semana. Así diferenciará, perfectamente y para siempre, la sillería de la mampostería. Y podrá entender mejor lo que digamos aquí sobre griegos, romanos y especimenes medievales. 

Enlace al próximo día

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com  hay comentarios y más información sobre este libro.