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Tras las últimas excavaciones llevadas a cabo en Troya por el equipo multidisciplinar dirigido por el Profesor Manfred Korfmann, de quien extrajimos gran parte de los primeros relatos, las cosa se han aclarado considerablemente y la secuencia de hallazgos se compone de 4 fases.
1ª. De 1.871 a 1.890, año en que muere de un ataque en Nápoles, Schliemann descubre Troya y encuentra todos los niveles y el "Tesoro de Príamo" en el nivel de Troya II, que toma por la ciudad cantada por Homero. Troya II tenía 100 metros de diámetro, realmente era la ciudadela de la Troya homérica
2ª. A continuación, su ayudante Dörpfeld prosigue las excavaciones y encuentra una muralla mucho más impresionante, la de una ciudad de 550 metros de diámetro, 5 de espesor y 8 de altura. La muralla disponía de torres y puertas. Las casas de la ciudadela tenía forma de trapecios adaptándose al entorno circular de la ciudadela. La descripción y la admiración de Homero encajaban con lo descubierto como Troya VI y la cerámica descubierta, con el mundo micénico. Dörpfeld establece los 9 niveles que caracterizarán a cada Troya a lo largo del tiempo. Troya VI habría sucumbido de manera violenta, lo que le hizo pensar que el misterio de Troya había dejado de serlo.
3ª. Cuarenta años más tarde, Carl Blegen estudia el terreno de manera más científica y precisa. Demuestra que el fin de la ciudadela no fue por destrucción humana, sino por un terremoto y que fue reconstruida inmediatamente, siendo ahora Troya VIIa, mucho menos espectacular que la Troya VI anterior. Las casas no eran lujosas, sino más bien cabañas o barracones. Unos pequeños restos de violencia callejera, una calavera aplastada por una piedra y una punta de flecha, le llevaron a afirmar que había sido realidad la guerra de Troya. Sin embargo, todavía había recalcitrantes que se negaban a aceptar la historicidad de la guerra de Troya.
4ª. Tan recientemente como en 1.988, y como ya hemos repetido, el último acto tiene lugar con el Profesor Korfmann, quien encuentra la ciudad baja de Troya, con lo que multiplica por 10 el área de la ciudad, que pasa a tener en total unos 270.000 metros cuadrados y albergaba a unas 10.000 personas, una ciudad imponente en toda la Anatolia. Aparece una muralla de adobe y un foso defensivo a 400 metros de la ciudadela y otro 100 metros más lejos.
Como consecuencia de sus hallazgos, Korfmann puede mantener que la ciudad de Troya era una ciudad-estado anatólica, en modo alguna griega ni micénica, cabeza de su región, centro económico importante, tanto para el comercio marino como el terrestre. Es difícil definir a qué se debió el fin de esta Troya., debido a los escasos indicios de violencia guerrera. Pudo ser tal vez la combinación de actividad guerrera junto con un terremoto. De modo que cabe esperar que investigadores futuros nos reserven nuevas sorpresas, que conoceremos nosotros o nuestros nietos.
Conozcamos una nueva reconstrucción de Troya VI, con gran seguridad la precedente y rica ciudad de la Troya de Príamo. En lo alto, la inexpugnable ciudadela. Bajo ella, la ciudad baja, de casas de adobe y dotada de una muralla algo inferior. Un primer foso protegía las murallas e impedía la llegada de carros de combate enemigos. Las puertas de la ciudad baja más alejadas de la ciudadela están defendidas por empalizadas, como se puede ver.
La Troya de Homero.

(Fuente: National Geographic Historia , nº 2. Troya, del mito a la Historia.)
Con esta cuarta campaña de excavaciones, ha quedado fijada con bastante precisión la historia de las sucesiva Troyas. Sería en resumen la siguiente:
Troya I. Surge hacia 3.000 AEC. Dura hasta 2.450. Es un asentamiento sobre el promontorio cercano a los Dardanelos.
Troya II: Hacia 2.450 un rey hace de Troya su residencia real. Surge una ciudadela menor. Es una ciudad rica, cuya existencia se prolonga hasta el 2.200 en que sucumbe debido a un incendio.
Troyas III, IV y V son ciudades de menor importancia entre 2.000 a 1.800. A su término surge la Troya más rica y extensa,
Troya VI. Fue destruida por un gran terremoto hacia 1.250. Sobre sus cenizas, de inmediato, aunque no con tanto lujo surge
Troya VIIa, cuya corta vida será de 1.250 a 1.180, fecha en la que unos invasores acaban con ella, tal vez los "pueblos del mar" conocidos por esas fechas en latitudes parecidas, o por los aliados micénicos al mando de Agamenón. Se recompone Troya VII del desastre y existe desde 1.100 a 1.000 AEC., poblada por inmigrantes tracios, oriundos del norte de los Dardanelos.
En los tres siglos siguiente se abandona posiblemente el lugar.
Troya VIII, helenos de la cercana isla de Lesbos repueblan la colina, desde700 hasta el 300 AEC. construyendo una ciudad comercial, una colonia de Lesbos. Su nombre, Ilión.
Troya VIII es la Troya helenística, impulsada por Alejandro Magno y sus sucesores. Existe desde el 300 AEC hasta el 85 AEC, en que asoma por los Dardanelos la inquieta e insaciable sandalia romana. La ciudad es bautizada como Ilium Novum y existe como tal hasta el año 500, en que definitivamente la cercana Constantinopla reduce su importancia y acaba abandonada.
La Troya IX es la Troya romana y la Troya dominada por Bizancio se ha añadido a la clasificación de Dörpfeld, la Troya X. Ocupan los mahometanos la región y fundan la ciudad de Ciplak, que en 1,500 ya está abandonada. Desde entonces hasta finales del siglo XIX, como ya dijimos, margaritas y conejos por el épico entorno. Un resumen de lo explicado siguiendo al autor del artículo viene en el siguiente gráfico.
Las diez Troyas, a la luz de lo descubierto por Manfred Korfmann, 1.988.

(Fuente: National Geographic Historia , nº 2. Troya, del mito a la Historia.)
En las excavaciones recientes se han descubierto nuevos objetos, entr los que se encuentra esta vistosa vasija, relacionada con la civilización minoica.
Vasija troyana de Troya II.

(Fuente: National Geographic Historia , nº 2. Troya, del mito a la Historia.)
Ahora sí que nos despedimos de Troya, lector. Creo que con lo dicho ha quedado más que explicada la accidentada historia de esta ciudad, situada en un entorno afortunado si no desatara las iras de los advenedizos sitiadores y no merodearan los terremotos desoladores. Claro que gracias a estos hechos hemos podido detenernos tanto en un lugar que durante siglos se ha pensado que nunca existió.
Mañana, un salto en el tiempo, pero hacia atrás. Hemos dejado un hueco que conviene llenar. Y de paso aumentaremos nuestra cultura conociendo de cerca qué es eso de una cultura.
Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre este libro.