Escultura griega 7.

© Copyright  Fernando Conde Torrens

 

 

 

 

        No todas las estatuas antiguas griegas eran de personajes aislados, damas o varones, jóvenes o provectos. Había abundantes estatuas grupales o comunitarias. Han quedado algunos ejemplos. Tal vez uno de los más conocidos sea el altar de Zeus de Pérgamo, que se conserva hoy en día en los Museos Estatales de Berlín.

        La razón de haber en Pérgamo tamaño monumento reside en que Pérgamo fue un próspero reino de Asia Menor ente los años 282 y 133 AEC., en que su último rey, viejo y sin hijos, lo legó a los romanos, que estaban a las puertas. Roma mimó a Pérgamo, tal vez para promocionar tamañas donaciones a los reyes circundantes. Su rey Eumenes II mandó construir en época helenística tardía, el año 180, el altar de Zeus y, también, construyó una Biblioteca que contenía 200.000 volúmenes. Creo recordar que un importante líder romano ¿quizás Julio César? se la regaló, la Biblioteca, a ... ¿Cleopatra? porque estando él allá abajo guerreando un poco se había quemado un ala de la Biblioteca de Alejandría. No se andaban con chiquitas los jefes romanos.

        Veamos una vista general de lo que queda realmente de dicho altar.

 

El altar de Zeus de Pérgamo. Vista general hoy en día.

(Fuente: Grecia Antigua, El alba de Occidente. Furio Durando. Folio, 1.977.)

 

        En el friso del altar se representan la Gigantomaquia y el mito de Télefo. La zona mejor conservada en la zona noreste, de la que vamos a ver dos muestras parciales. Hay que tener en cuenta que se trata de un friso, del mismo estilo que el que vimos decoraba el Partenón, y que las figuras están en un alto relieve, pero no separadas totalmente de la pared del altar.

 

La batalla entre dioses y gigantes del altar de Zeus de Pérgamo.

(Fuente: Grecia Antigua, El alba de Occidente. Furio Durando. Folio, 1.977.)

 

 

Otro detalle del mismo altar.

(Fuente: Grecia Antigua, El alba de Occidente. Furio Durando. Folio, 1.977.)

        Veamos ahora, aunque sea de mala manera, cómo era la ciudad antigua de Pérgamo, encalvada en lo alto de un escarpado monte. Disponía de magníficas instalaciones para llevar agua a la ciudad desde alturas circundantes, cosa que se potenció con los romanos, como todo el mundo sabe, siempre ávidos de agua para sus termas. En la parte izquierda domina el Templo de Trajano. Tras el templo de Trajano, el palacio del monarca. Bajo él, el teatro, tras el que se abre la acostumbrada terraza para que los asistentes pasearan en los descansos, asomados al vacío. En la parte de la derecha, se ve, al aire, el altar de Zeus y tras él, el ágora. Estaban, además, el santuario de Asclepio, el santuario de Atenea, justo en la parte central que no se ve, el templo de Diónisos y el santuario de Démeter.

 

 

            

 

        Por cierto, en otro libro me ha aparecido una copia de la Venus de Cnido que vimos el día pasado, obra de Práxíteles, que había elegido a su amiga fuerte como modelo. En esta copia nos ha llegado la estatua completa. No es lo mismo el original que una copia, pero al menos podemos conocer el aspecto de la diosa, al decir de Praxíteles.

La Venus de Cnido. Copia romana del original de Praxíteles.

(Fuente: Grecia Helenística. Historia de la Humanidad. Tomo 9. Arlanza, 2.000.)

 

        Ya sé que estoy en deuda, pero la saldaré en la siguiente entrega. Me está saliendo estatuas notables debajo de las baldosas ...

        Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com  hay comentarios y más información sobre este libro.