© Copyright Fernando Conde Torrens
Realmente lo tengo ya escrito y estoy pensado en publicarlo. El mes de Julio pasado acababa un duro cuatrimestre para mí. Era el segundo año que me había tocado impartir una asignatura nueva. Todo Profesor sabe que que le toque dar una nueva asignatura es una contrariedad, si esa asignatura no la dio nunca antes. Hay que recordar y dominar lo que uno estudió hace tropecientos años, hay que preparar problemas para parar un tren, si uno así lo decide, en suma, hay que trabajar muchas horas más preparando la asignatura que lo que luego va a costar darla en clase. El caso es que a finales de Julio me sentía como un león enjaulado, tenía complejo de conde de Montecristo, prisionero a su pesar. Así que me busqué un entretenimiento, una válvula de escape
Un buen amigo me había hablado de un libro traducido al castellano. El libro estaba en occitano, la lengua provenzal medieval, un antecesor del francés y el catalán. El libro original estaba en verso, en versos occitanos y se había traducido ... en prosa, una traducción literal, que se había cargado toda la poesía subyacente. La traducción había sido un trabajo histórico y filológico, pero por el camino se había perdido la componente estética. Me dije que eso debía tener solución. Las cosas se me enderezaron porque me pude comprar este libro, uno de las piezas fuertes de mi pequeña colección.
Libro que reproduce el original occitano.
Con el libro y un par de diccionarios de occitano, pude dedicarme pacientemente a traducir el Poema de 5.100 estrofas. En él se narra la guerra que la nobleza navarra y dos de los barrios de la Pamplona de 1.275 iniciaron contra el Gobernador enviado por el rey francés Felipe III el Atrevido, que cuidaba a su sobrina tercera, la reina Juana de Navarra, huérfana de sólo dos años. Previamente los navarros le habían pedido que mandara un Gobernador, ya que ellos estaban a la gresca. Llegado el Gobernador, se pusieron al poco en su contra. Y el buen hombre se tuvo que refugiar en los dos burgos que se le mantuvieron fieles. Cada burgo o barrio de la ciudad de entonces estaba rodeado de murallas, torres y fosos, por haberse fundado en épocas distintas. La Pamplona original era la parte más antigua y estaba amurallada, claro. De forma que, a tiro de piedra, había tres ciudades diferentes, amuralladas todas ellas y no siempre amistosas.
La obra es un Poema épico con un argumento que se inicia en la batalla de las Navas de Tolosa (1.212) y en él intervienen Alfonso X el Sabio de Castilla, Jaime I el Conquistador de Aragón, Sancho el Fuerte de Navarra, su sobrino Teobaldo I, el suegro de éste, San Luis, rey de Francia, el hijo del santo, Felipe el Atrevido, el hijo del yerno del padre de Felipe, Teobaldo II, el hermano del citado, Enrique I, que fuera padre de la huérfana, antes de que ésta lo fuera, huérfana. Y es en tiempos de la huérfana cuando se arma el cisco. Voy a ofrecer al lector 30 de los 5.100 versos del Poema, que espero se venda algún día en las Librerías en la versión que apadrino, si los hados me son favorables.
La acción se sitúan en tiempos de Sancho el Fuerte de Navarra, poco después de la batalla de las Navas de Tolosa. El rey se ha ido a guerrear a Marruecos, falta le haría. Y aquí las cosas se tuercen, lo del ojo del amo. Tan mal están las cosas que "la persona competente", que decía el otro, manda un mensajero solicitando el real auxilio. Y va y ...
Capítulo o Canto quinto.
Allí corre la traición – entre alguna de su gente.
Entonces
un mensajero – salió de manera urgente
a
Marruecos, al rey Sancho, – y le dijo abiertamente:
“Señor y rey de Navarra, – debes saber ciertamente
que
tú perderás tu reino – y con el reino tu gente;
que
el rey de Castilla Alfonso – que piensas es fiel pariente
ha
entrado por tu Navarra – a espada y a fuego ardiente;
la
gente en la que confías – sabe que en ello consiente.
Y
si no regresas pronto, – mejor, inmediatamente
el
reino lo habrás perdido – y en la tu vida pendiente
no
vivirás allí un día – como ante ti estoy presente;
Has
perdido ya Vitoria – y toda Álava igualmente,
y
Guipúzcoa y las Amescoas – y lo a ellas perteneciente,
y también Fuenterrabía – más lo que de ella es pendiente,
y
también San Sebastián – donde el mar bate rugiente,
y
más villas y castillos – que no caben en mi mente.
Y
si a Navarra postergas – por esta pagana gente,
Dios
te lo demandará – de manera contundente.”
El
rey que oyó este discurso– con su corazón ardiente
herido
por un venablo, – mordido de una serpiente,
fuese
raudo ante el rey moro – y le espetó rudamente:
“Rey, yo por amor a
ti – vine aquí inmediatamente,
para
que a tus enemigos – puedas vencer ampliamente,
pero he perdido mi tierra – y mi ánimo se resiente.
Quiero
por tanto volver; – si no lo hago urgentemente,
es
seguro que mi reino – pasará a ser del pariente.”
El
rey que aquesto escuchó – no le gustó ciertamente;
hizo
preparar las naves – y aparejo consiguiente;
le
donó preciosas piedras, – plata y oro reluciente.
Luego
el rey Sancho partió – hacia su reino, impaciente;
y
Dios, todopoderoso, – le dio el viento pertinente
para
venir a Navarra.
ser fiel al original,
lograr el mismo final
y que suene natural
es trabajo demencial.
Otro detalle que el lector puede comprobar por sí mismo es que la historia está prácticamente en la primera mitad de cada verso, puesto que la segunda es muchas veces de relleno, para que el verso rime. No me voy a extender más, que
"a la abeja semejante
para que cause placer,
el epigrama ha de ser
pequeño, dulce y punzante."
Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre este libro.