El derrumbe del Imperio Romano de Occidente.

 

        Se suele hablar de la caída del Imperio romano y se suele fijar en el año 476. Lo que quedó fue ... Bizancio. Nunca me ha gustado ese vocabulario. El año 476 cayó la mitad del Imperio romano, su mitad Occidental. Quedaba el resto del Imperio romano, su mitad Oriental. Tengo para mí que otra forma de ver la Historia es interesada y falta a la verdad.

        Además, para la historia que tratamos de seguir, la historia de los textos en griego, de los que apenas nos quedan unos pocos supervivientes - hablo de los códices auténticos que sirvieron de culto en las primeras liturgias o misterios cristianos - para esa historia, el Imperio romano superviviente es fundamental.

        Quisiera que el lector de este borrador de Historia no lo tomara sino como lo que es, un esbozo,  aproximado en los detalles, no el fruto de un estudio riguroso ni obra de un analista profundo. Estamos tratando de seguir la pista a unos documentos que existieron, éste sí que es un punto fuerte. Y tratamos de dilucidar durante cuánto tiempo fueron empleados. Qué fue de ellos con posterioridad. Y qué podemos esperar de su conservación. Con lo que enlazaremos con el punto que realmente nos interesa, la división en versículos y en frases, la numeración y los signos de puntuación.

        Hemos visto que Teodosio obligó al Imperio a abrazar la fe constantiniana. Y que dio el golpe de gracia al "paganismo", nos cuentan los vencedores ideológicos. Aquí mantendré que el mérito de Teodosio fue oscurecer el Conocimiento por una amplio período. Sea como sea, durante su reinado (378-395) el cristianismo recuperó el decidido apoyo imperial y pasó a convertirse en la única religión permitida en el Imperio.

        Hemos visto con anterioridad que san Ambrosio, obispo de Milán, influye sobre el Emperador Graciano y que en el 382 éste toma medidas en contra de las religiones anteriores de Roma, renuncia a su título de Pontífice Máximo y retira el altar de la Victoria del Senado. Teodosio en Oriente ya está tomando previamente medidas en el mismo sentido, de modo que no es difícil colegir que el motor es Teodosio y que su mentor, Graciano, convenientemente influido por Ambrosio, se sube al carro constantiniano. Tal vez incluso para no tener problemas con su recién designado co-Emperador.

        De un libro que de toda confianza, Nueva Historia de la Iglesia. Tomo I, Ediciones Cristiandad, 1982, J.Danielou / H.I.Marrou, reproduzco, acogiéndome al derecho de cita, lo siguiente, referido al afortunado papa de este período, Siricio:

"... el papa Siricio (384-399), se nos presenta ejerciendo no sólo una jurisdicción ocasional de apelación, sino una verdadera autoridad disciplinar en forma legislativa, y esto no sólo sobre los obispos italianos de su jurisdicción inmediata, sino en todo el Occidente cristiano: le vemos enviar a un obispo español (385), al episcopado galo o africano cartas ordenando con autoridad y precisión la conducta a seguir; son ya verdaderas "decretales", las primeras que nos han sido conservadas de una abundante serie que va a constituir también una de las fuentes mayores de nuestro derecho canónico."

        Aquí se mantiene que no son las primeras conservadas, sino las primeras redactadas. Se contaba con el apoyo del Emperador después de una largo período de indeterminación ideológica. El favor imperial resultará determinante. Constantino convocó el primer concilio de su iglesia, Nicea año 325. Teodosio convoca el segundo, el año 381, en su capital, Constantinopla. Los Emperadores nombran y deponen a sus obispos. A fin de cuentas, éstos son sus servidores. Fueron puestos por ellos. Era lo lógico, por más que a posteriori se proteste de la "injerencia" del poder temporal en el poder eterno. ¿Injerencia? Generación, más bien. Y en cada casa, manda el dueño.

        El Imperio romano, en sus dos mitades, va a sentir, desde el mismo momento de la muerte de Teodosio,  que la ley y el orden se resquebrajan, hasta que llegan a romperse por completo. Bandas de godos, visigodos, suevos, hunos y otras procedencias comienzan a recorrer y saquear las provincias del Imperio. Ni Roma, el año 410, se salva de ser cercada y tomada, hecho que se repetirá con posterioridad, hasta que el año 476 se pone fin a la comedia de un Imperio de Occidente dominado por los generales germánicos, antes llamados bárbaros.

        Conviene señalar una característica singular que afecta a bastantes de estos bárbaros, eran arrianos, seguidores de Arrio, que defendía el Conocimiento. Según la "historia" oficial, eran cristianos herejes. Si eran fieles a las enseñanzas de Arrio, tenían que ser tolerantes, pues el Conocimiento no es propenso al monolitismo impositivo. El hecho, atestiguado por las crónicas de los vencedores, es que estos bárbaros toleraron el cristianismo de Nicea. A lo peor perdimos la segunda oportunidad, porque la misma historia nos cuenta que finalmente, y a impulsos de nuevos Osios y Ambrosios, los arrianos godos se tornaron en cristianos nicenos, es decir, constantinianos.

        En el convulso mundo romano de Occidente, las ciudades trataron de protegerse por sí mismas, construyendo nuevas murallas dentro de lo que fuera su perímetro de épocas pasadas y más gloriosas. Fue en vano. Finalmente las huestes foráneas las tomaron. Depuesto el poder imperial, el único poder que permaneció fue el de la casta sacerdotal. Gracias a la permisividad de los conquistadores, en algunos casos.

        Recaredo se ha convertido al catolicismo el año 587. En Roma, el papa es Gregorio Magno (590-604). Voy a tomar otro párrafo que habla de esta época, siempre desde el punto de vista de Nueva Historia de la Iglesia. Tomo I, Ediciones Cristiandad, 1982, de J. Danielou / H.I. Marrou.

"En Occidente, al salir de la anarquía bárbara, se reconstituye u organiza la civilización nueva en torno a la Iglesia y en función de sus necesidades. El contraste aparece en la misma correspondencia de san Gregorio Magno: llama la atención el tono diferente con el que el papa se dirige al emperador Mauricio o a su sucesor Forcas por una parte, y por otra a los príncipes merovingios Childeberto II, su madre Brunequilda...; de un lado, una humilde deferencia; de otro, un tono mucho más imperativo, amonestaciones, sugestiones que son casi órdenes; san Gregorio les traza un programa de acción, les conmina a trabajar por el progreso de la evangelización y de la disciplina eclesiástica.

Se va perfilando con claridad a doctrina de la función ministerial del soberano, ministerium regis: el poder le es concedido para poner su reino terrestre al servicio del reino de los cielos. ..."

        Dejo la reflexión al lector. La casta sacerdotal va a dominar lo que fuera Imperio de Occidente durante siglos. Hasta que se organicen las Cruzadas, siglo XIII, el Imperio romano de Occidente, con capital en Constantinopla, seguirá la política de Teodosio, del que es heredero a través de su hijo mayor, Arcadio. Las Cruzadas tienen como consecuencia, colateral, dice la historia, arrasar lo que quedaba del Imperio romano de Oriente. Éste, pudo a duras penas recuperarse del desastre que le supuso el paso de la horda liberadora de los Santos Lugares. Y con ello impidió durante dos siglos que Occidente fuera a su vez liberado. Pero así de irónica es la Historia.

        En Occidente, el texto consagrado es la Vulgata, la traducción al latín del comprometido texto de Eusebio. La casta sacerdotal constantiniana parte de una situación envidiable, nadie le hace sombra. Y hará valer esa circunstancia. De los libros sagrados en griego, nadie se ocupa, nadie los entiende. Tanto mejor. Y cuando alguien desempolve y trabaje con alguno, le ocurrirá lo que a nuestro fray Luis de León, acabará con sus huesos en prisión. Y tendrá que arrodillarse en confesión.

        En Constantinopla las cosas son algo diferentes. Allí todo el mundo comprende el griego. Los textos de Eusebio serían destruidos, le estorbaban tanto al poder como a la casta sacerdotal, en buena armonía ella con "el poder terrestre".

        En consecuencia, parece que podría afirmarse que los códices que salieron de la fábrica, el escritorio de la biblioteca de Cesárea, donde Eusebio y una legión de amanuenses trabajaba, tuvo una vida corta, la que va del 325 al 385, redondeando esta última fecha. Bajo Teodosio y con la Vulgata editada, la recogida y sustitución sería gradual. ¿Cuánto se tardó en dar el cambiazo? He leído que tal vez dos o tres siglos, dado el desorden que estaba al llegar con los godos y demás elementos que entrarían en el Imperio como un elefante en una quincallería. Sea pronto o sea tarde, el hecho es que tuvieron una vida no larga, no sufrirían demasiadas copias, puesto que no eran usados ya para el culto oficial.

        Casi estoy por decir que los pocos códices que han quedado fueron ejemplares ocultos, de estudio nocturno, arriesgado, ejemplares que no conocieron el facistol (atril grande). Y que han sido conservados hasta hoy porque la casta sacerdotal ha perdido el recuerdo del peligroso secreto que contienen. Aunque tal vez lo conocían quienes los ocultaron y preservaron para nosotros.

        ¿El poco uso que de ellos se ha hecho es el que ha hecho posible esa fidelidad en la transmisión del texto? ¿La copia más antigua, creo que el codex Sinaíticus, hallado en el monasterio de Santa Catalina, en el Sinaí, vendrá directamente de la fábrica de Cesárea, de la que no dista tanto? ¿Se hará alguna vez y por parte de algún investigador cualificado un estudio comparativo sobre los signos de puntuación existentes en los escasos códices completos que han sobrevivido a la campaña de exterminio que, sin ser conspiranoico, puede uno sospechar? ¿ O incluso en base a los demás fragmentos?

        Esta serie, repito, no es ningún estudio detenido. Son artículos en cierto modo improvisados, con ideas y recuerdo de cultura general. Seguramente contendrán errores de detalle. No hay tiempo para repasar cada dato expuesto. Que no se iguale el fruto de un estudio detenido de diez años con lo que es fruto de un par de horas de trabajo durante cada uno de los diez días que he empleado en prepararlos. El objetivo, por el contrario, es esbozar una hipótesis continuación de la tesis mantenida en los libros y como consecuencia de ellos. La historia no es la Historia. Si queremos cerrar el Gran Paréntesis que Teodosio cerró a nuestras espaldas, mantengo, habrá que reconstruir y recuperar la Historia verdadera de Occidente. Y su Meta existencial.

        Un epigrama:

La historia que no es Historia,

es propaganda y es-coria.

 

(Fuente: Colección particular. Muralla tardo-romana de Conímbriga (Portugal). Ver su Museo. Foto tomada desde extramuros.)

Las fotos del Album de fotos, hoy iniciado, pertenecen a lugares exteriores a dicha muralla, a 40 km. de Coimbra

 

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.