© Copyright Fernando Conde Torrens
Dos amigos han expresado en sendos comentarios publicados en este blog que las firmas bien podrían ser fruto del azar. El "bien podrían ser" es mío. En palabras del primer comunicante "no hay fundamento para la afirmación de que es anormal encontrar las firmas que Vd. ha hallado". Ello originó dos tertulias, que pueden verse, si el lector no las leyó antes, en este enlace y en éste otro.
Otra intervención posterior (Mensaje de Manuel, en "Guías como Dios manda", Libro 26/12) me ha hecho reflexionar, ordenar las ideas en este aspecto y ponerlas por escrito. Ésa es la virtud de un diálogo serio, que incita a la reflexión pausada. Y por eso tales aportaciones serán siempre bien recibidas en este blog. Con el artículo de hoy no pretendo generar comunicaciones, aunque tampoco las rehuyo. Tratan de ser elementos de reflexión, una especie de anticipo del estudio que hemos de publicar cuando esté medianamente completo.
Hay algunos detalles que, a mi parecer, no van en la línea de que las firmas sean producto del azar. Y como los conozco, los pongo sobre la mesa. Para que sean conocidos por todos y nadie sepa más que otro. Creo que con seis sugerencias que exponga serán suficientes como elementos de reflexión y de comprobación.
Al momento actual hay expuestos en el apartado "Buscando firmas" 4 capítulos de cada Evangelio, en total 16 capítulos. Posiblemente voy a modificar mi plan de presentación de capítulos completos y me voy a centrar en los Evangelios, dejando las Cartas de Pablo y compañía para más adelante. Me parece más interesante no desperdigar los análisis y, en todo caso, aportar más capítulos de Evangelios, no de otros escritos. Y seguir profundizando en las posibilidades del azar.
Primer tema: Cuatro evangelistas distintos con las cuñas azules homogéneas. Si las firmas son fruto del azar, nada hay de raro en los Evangelios, ni puede afirmarse que todos ellos sean obra de la misma pareja de autores, puesto que el elemento unificador, las firmas, son algo normal, espontáneo. Si las firmas y las cuñas, que yo afirmo existen, son naturales, ¿cómo se explica que en cuatro autores diferentes las cuñas azules tengan propiedades comunes? No he expuesto de modo exhaustivo tales propiedades, pero sí las he resaltado cada vez que han salido: Traducciones del hebreo, insistir en aspectos ya apuntados en el texto rojo, tomar frases del texto rojo y repetirlas, incluso adelantarlas, dejar mal a los discípulos, recalcar la resurrección, recalcar la divinidad de Jesús, ampliar el milagro con detalles menores, el "despegue" y el "aterrizaje" en las cuñas, etc.
Si las cuñas fueran hijas del azar, deberían tocar los temas más variopintos y no presentar características comunes en cuatro autores distintos.
Sigamos con las cuñas: Las cuñas también presentes en las 4 referencias paganas. (Suetonio). No sólo en los Evangelios, en las 4 referencias paganas, dos de ellas presentes en este blog, Flavio Josefo y Suetonio, hay las mismas firmas y las mismas cuñas. Diré algo que viene al caso en la referencia de Suetonio. Una regla que deduje de la experiencia fue ésta: "¿Dónde se cuenta algo que ya sé que es falso? Allá debe estar Simón". Esta regla la aplicaba cuando aún no había descubierto que las firmas estaban encadenadas.
Mucho más tarde, para hallar firmas en Suetonio me volví loco analizando el pasaje que viene en este enlace. Tomaba todo el texto y las firmas en cadena no aparecían, por más que revisara alternativas de colocación de las mismas. Hasta que se me ocurrió tomar las frases en que se hablaba de temas sacros. Entonces la firma apareció de inmediato, con la "m" de Simón en la frase relativa al cristianismo.
No sólo en los Evangelios, las mismas firmas y las mismas cuñas en los 4 pasajes concretos sobre cristianismo. Pero si se toma el pasaje entero de Suetonio como un todo, no aparecen cadenas por más que se las busque.
Las firmas tipo rejilla debieran estar uniformemente repartidas a lo ancho del versículo. Me fijo en las firmas en 6 columnas en los versículos. A este tipo de firma le llamaremos del tipo rejilla. Si fueran hijas del azar, su centro de gravedad, la letra "m", debiera estar situada en cualquier lugar del versículo, desde el inicio, por el centro, hasta el final. No hay razón para que estén entre las posiciones 10ª y 20ª en la inmensa mayoría de casos. Salvo que quien las puso las colocara suficientemente dentro del texto para que no sean visibles a simple vista, pero no demasiado internas, para que no fuera penoso buscarlas. Una distribución no uniforme de firmas hijas del azar tiene difícil explicación, a mi juicio. ¿Para que sean menos visibles de manera accidental?, colocarlas al final del texto, como están.
La frecuencia de aparición no coincide con las probabilidades, 50% y 5%. Lo demostraremos con detalle con el estudio pendiente, pero puede adelantarse que la probabilidad de que en 5 líneas del NT se encuentre una firma hija del azar es algo inferior al 50%. Tomemos el 50%. La probabilidad de la firma tipo fórmula, las del tipo 1-2-n-2-1, en concreto la fórmula 3-3-n-3-3 es del orden del 5%. Si fueran hijas del azar, la frecuencia de aparición debiera aproximarse a sus probabilidades. Hay 16 capítulos completos en el blog. Revísense la cantidad de veces que aparece una y otra firma y se comprobará que no se corresponden con sus respectivas probabilidades. Aportaré un dato comprobado por mí, en el total de firmas que poseo de Mateo las firmas tipo rejilla y tipo fórmula se distribuyen al 50%, tanto de unas como de las otras, cuando debieran ser de las de rejilla 10 veces más que de las del tipo fórmula.
Mi explicación: Aunque la probabilidad sea menor en el tipo fórmula, a la hora de redactar y en la firma tipo rejilla, el autor ha de ocuparse de hacer coincidir 5 letras en un pequeño entorno de 6 columnas. En la firma tipo fórmula, el autor es libre de redactar a sus anchas todo el versículo y sólo debe ocuparse de la última y penúltima letras de 4 líneas. En la línea central, el único requisito es colocar una letra "m" donde sea. Esta firma es mucho más fácil de estampar. Por eso se emplea con mucha más frecuencia de la que cabría esperar y aparece con mayoría abrumadora en las frases, mucho más cortas y donde las firmas son más frecuentes. Eusebio va a lo fácil.
Las firmas dobles y triples. Si el azar forma tales firmas es algo que habrá que estudiar. Me baso en la escasa frecuencia de la letra "m", del orden del 2´3%. Hay versículos en los que no aparece ni una letra "m". En el futuro estudiaremos la probabilidad de estas firmas múltiples. En el blog hay una firma doble al final de las frases en este capítulo y una doble y otra triple en éste otro.
La llave del laberinto. Hay un lugar en el que la firma de Simón se anuncia previamente, lo que llamo "la llave del laberinto". Está descrito con detalle en el libro, es en el Martirio de Policarpo, escrito "cristiano" primitivo. En ese pasaje, el acróstico de Simón aparece en las primeras posiciones del texto, que tiene un ritmo muy marcado, (en nuestros idioma, es una poesía). Gracias a esa llave encontré a Simón. De no ser por la llave, jamás habría buscado firmas de Simón. La llave era necesaria. Y no veo cómo también ese detalle puede ser obra del azar, sinceramente.
Reitero que estos detalles forman parte de la experiencia acumulada, que se exponen para general conocimiento, por pura divulgación. Iban y van a formar parte del estudio, pero más basados. Hoy he escrito de memoria, sin apenas mirar cifras. Solamente las ideas. Se trata de que todos los demás, no sólo yo, conozcan ciertos detalles, ciertos hechos y de que, entre todos, hallemos la auténtica raíz de estas circunstancias.
Diré lo que, a mi juicio, tenemos hasta ahora y lo que nos falta. Uno de los amigos citados elaboró un programa que dice cuántas firmas forma en azar en el texto que se le somete. Con ligeras modificaciones, trabajamos con él. Ese programa da las firmas de Simón que encuentra en el texto que se le introduce. Pudiera pensarse que ya tenemos la solución: Si las firmas que hay en el Nuevo Testamento es sensiblemente superior al de otro texto ajeno por completo al cristianismo, ya tenemos la solución.
Confiar en ese método para averiguar la realidad de las cosas equivale, a mi juicio, a afirmar lo siguiente: Todo el NT está escrito por una sola persona. Ésta persona comenzó a escribir Mateo y de su puño y letra continuó con los demás escritos. No hay dos personas, sólo hay una. No hay cuñas, no puede haberlas, todo es obra de un solo autor y buscamos las firmas que ese autor dejó y las hallamos con este supuesto que hacemos de manera tácita, pero real.
El descubridor de las firmas, un servidor, ha dicho desde el principio que hay dos autores, que el segundo le corrige al primero y que lo hace con unas ideas fijas que le descubren. El programa, hoy por hoy, dice, de eso nada, yo analizo todo de corrido, no puedo hacer otra cosa.
Y claro, todo de corrido, las cuñas del segundo autor rompen las firmas preparadas por el primero y dan al conjunto la densidad de firmas normal de cualquier escrito en griego. Pienso que hay que trabajar más el programa, estoy convencido de que se mejorará y se adaptará al hecho histórico. Y tendremos cerrado el tema de las firmas con la ayuda de las Matemáticas y de la Informática. Hay que trabajar más. La vida real es compleja y hechos complejos hay que analizarlos con instrumentos afinados. Lo haremos. Pero, creo que hoy por hoy todavía no disponemos de ellos. Por eso le pedí a mi segundo comunicante paciencia. Hay que meter horas-cerebro al tema. ¿Algún voluntario? Y, como sucede en clase, todos miran atentamente a su propio pupitre con una concentración realmente encomiable. Es broma.
En modo alguno me desanimo, quede claro. Para mí, existen los indicios razonables y existen las pruebas matemáticas. En la explicación correcta de los hechos, estoy convencido de que deben coincidir unos y otros, que todos llegarán a apuntar en la misma dirección. No cabe que las pruebas matemáticas señalen el Norte y los indicios razonables señalen el Sur. Por otro lado, faltan los indicios de tipo filológico. Los hay, se expondrán, pero vayamos por orden. Y sin agotar la capacidad de lectura de nuestro visitante.
Un problema de investigación tan apasionante como el presente, de tal calado y de tal complejidad, es un reto impresionante. Es como decía un arqueólogo que trabaja en Atapuerca en una entrevista que leí hace poco, "es algo que uno se pregunta si es posible que esté sucediéndole precisamente a él". El enigma de las firmas se resolverá debidamente, de modo que no quede la menor duda, para todo el que emplee la lógica. Sólo hace falta dedicarle la cantidad suficiente de horas-hombre. Tan sencillo como eso.
No quiero despedirme hoy sin dar la bienvenida a nuestros visitantes de allende nuestras fronteras. Nos visitan, por orden de número de visitantes, desde
Estados Unidos,
México,
Perú,
Argentina,
Colombia,
Chile,
República Dominicana,
Uruguay,
Italia,
Francia,
Islas Seychelles,
Canadá,
Reino Unido,
Costa Rica,
Brasil,
Japón,
Grecia,
Alemania,
Holanda
y posiblemente diversos países más, que no entran en las estadísticas que me envían.
A todos ellos, y a mis compatriotas, mis mejores deseos para este Año que acaba de empezar.
Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y ampliaciones sobre este libro.