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Terminado el análisis de la que pasa por ser Carta de Santiago, vamos a extraer consecuencias de cuanto hemos expuesto ante el lector en los últimos 4 días.
El presente escrito, junto con la primera Carta de Juan y el Evangelio de Juan, son los tres únicos escritos de Sabiduría del NT, por lo que tienen algunas particularidades que sólo los tres poseen. Resultan doblemente útiles para deducir sobre su autoría, porque la Verdad que se contiene en un texto de Sabiduría es distinguible de los tópicos mágicos y los consejos morales elementales que se contienen en el resto. Para captar esta diferencia, basta que el lector sea capaz de distinguir la verdadero de lo falso. Si un lector no tuviera esta capacidad, le daría igual el asunto que estamos tratando aquí y no estaría leyendo este rollo, de modo que puedo suponer, y supongo, que el lector la tiene. Por lo que argumento con ella bajo el brazo.
Hemos visto desfilar ante nosotros dos textos de Sabiduría provistos de una cadena de firmas en los versículos y otra en las frases. Ambos textos, que representan la primitiva redacción, obedecen a la clave numérica. Representan la primitiva redacción porque el texto rojo se ha formado glosando gran parte del contenido del texto de Sabiduría, como puede comprobar el lector. Además, en uno de los dos textos primitivos, hay un acróstico en los comienzos de cada versículo, cuatro vocales y cuatro consonantes. En la otra, iba camino de haberlo, todo vocales, pero se torció mediado ya el escrito, de modo que no lo hay.
El texto rojo, que abraza el texto de Sabiduría primitivo, está recorrido, asimismo, por una cadena de firmas en los versículos y otra en las frases. Representa la segunda etapa de redacción y fue elaborada por el mismo que la primera, ya que colocó el mismo tipo de firmas íntimamente insertadas a lo largo de todo el texto. Esto sólo lo puede hacer el autor. Acrósticos mucho más sencillos hay en el libro "Simón, opera magna", como explico al final del Anexo del mismo, y Dios sabe lo que he sufrido para darles forma. Dígame alguien a mí que un acróstico se forma al azar y verá el estufido que le lanzo.
Y, finalmente, otro autor ordenó añadir las desdichadas firmas azules, que participan de las características que enseguida veremos.
Tanto el texto rojo como el azul, esto es, todo lo que no es Sabiduría, contienen unas ideas-fuerza, formas de argumentar y muletillas que recuerdan muy de cerca al autor de las falsas Cartas de Ignacio, y que se expuso con gran detalle en artículos anteriores. De modo que, además de lo que se lleva dicho, las muletillas que emplean el autor rojo y el azul coinciden en parte con las que se usaron para dar forma a la falsificación atribuida a Ignacio. En concreto, 12 muletillas halladas en Santiago coinciden con el grupo de las 49 detectadas al falsificador de Ignacio. Las ofrezco en el Anexo final de este artículo.
Son de señalar los aterrizajes del texto rojo, para coincidir con el texto de Sabiduría primitivo. Además de las muletillas indicadas, todas las cuñas azules consistentes, las cuñas de un versículo o más, participan de las características que hemos encontrado en los textos evangélicos presentados en este blog, a saber:
* Introducen en el texto precedente a personajes del Antiguo Testamento, robado a los judíos.
* Introducen a Abraham, a Elías y a Rahab la ramera, como se ha visto.
* Se repite 4 veces el hecho de reforzar algo negativo de lo escrito previamente. Como cuando insiste en los defectos del hombre indeciso, en asimilar la lengua a un fuego, hable de engordar los ricos para el día de la matanza, con la clara imagen subyacente y dice que el Señor y su juicio no sólo viene, sino que está a las puertas.
* La imagen de la flor de hierba que se marchita está presente en Pedro 1,22, otro pasaje neotestamentario con muchas características comunes.
* Pertenece al texto azul las dos veces que aparece la inútil expresión epi tes gues, sobre la tierra, muletilla principal del falsificador del Apocalipsis, y nombre con el que le llamaba cuando no sabía quién era.
Ninguna de estas "coincidencias" representa por sí sola una prueba determinante para formarse una opinión sobre cómo vio la luz el texto que analizamos. Pero cuando se dan una tras otra y tales circunstancias se presentan en cada una de las dos Cartas que hemos visto, tomando la situación inicial, cuando había dos Cartas separadas, entiendo que la cosa cambia. Si puede aceptarse que una o dos coincidencias son eso, casualidad, para que todo sea casualidad debe estrecharse la senda y ver si por el camino que resulta cabe alguien.
Porque no serán sólo las dos Cartas de Sabiduría atribuidas a Santiago. Las mismas circunstancias nos encontraremos en las tres Cartas de Sabiduría que se atribuyeron a Juan, y que veremos en breve. Y, pasando a escritos ajenos a la Sabiduría, el mismo proceso y las mismas circunstancias hemos detectado que se dieron en la redacción de seis cartas de Ignacio, la Didajé y las cartas de Pedro. Y veremos que dicho proceso fue asimismo el seguido con todas las supuestas Epístolas de Pablo. Todas ellas con un documento base, doblemente firmado, un relleno en rojo, doblemente firmado, y unas cuñas azules con las mismas características y con las mismas muletillas en el conjunto. Todos estos elementos de orden filológico se suman al detalle revelador y singular de las firmas encadenadas.
Pasemos ya al número de firmas mostradas al lector en la supuesta carta de Santiago. El lector dispone de los textos y las firmas. Cinco firmas irregulares que no se ajustan a la regla de 6 columnas o a la fórmula 33n33, no las considero firmas y no las tengo en cuenta. Sin contarlas, hay las siguientes firmas de cada tipo en cada uno de los textos en que he dividido el texto que ha llegado a nosotros como Carta de Santiago:
Carta 1ª de "Santiago": Once firmas tipo rejilla y una tipo fórmula. La probabilidad de que todas ellas sean fruto del azar es 0´5 multiplicado por sí mismo 11 veces por 0´05.
Carta 2ª de "Santiago": Dieciocho firmas tipo rejilla y cinco tipo fórmula. La probabilidad de que todas ellas sean fruto del azar es 0´5 multiplicado por sí mismo 18 veces por 0´05 multiplicado por sí mismo cinco veces.
Resto del capítulo 3, el 4 y el 5: Seis firmas tipo rejilla y tres tipo fórmula. La probabilidad de que todas ellas sean fruto del azar es 0´5 multiplicado por sí mismo 6 veces por 0´05 multiplicado por sí mismo tres veces.
La probabilidad de que todo ello haya ocurrido como fruto del azar es operar y obtener el siguiente resultado:
Probabilidad = 0´00000000000000000000002422363 = 2´422363 . 10 exp -23
que es la misma probabilidad de que, arrojada una moneda al aire 77 veces, salgan 77 caras y ninguna cruz. Punto.
Esta es la probabilidad de que las firmas de Simón de un escrito de 5 capítulos sea fruto del azar. Considerando que los Evangelios tienen 89 capítulos y que eso es 17´8 veces más, esa "cuenta de la vieja" que tan poco gustaba a algunos lejanos comentaristas del blog, da que habría que tirar el euro famoso al aire 1.370 veces y que salieran 1.370 caras. Y más tarde ya hablamos de la probabilidad de que el resto del NT, con una extensión similar o incluso superior a la de los Evangelios, sea asimismo fruto del azar.
¿Qué más se puede decir? Creo que sobran las palabras. Porque este cálculo sólo tiene en cuenta las firmas. Pero he hablado en este artículo de más hechos.
Y no hemos calibrado la probabilidad de que el azar separe con dos cadenas de firmas textos de Sabiduría de otros que no lo son. Y lo ha hecho.
Ni hemos hablado de qué probabilidad hay de que dicho escrito de Sabiduría tenga un acróstico en las primeras letras de los versículos. Y lo tiene. Tanto una de las Cartas de Santiago, como todas las de Ignacio y la Didajé.
Tampoco hemos hablado de gracias a qué destino juguetón resulta que las cuñas azules tienen unas manías peculiares, hincar el acento en lo negativo y ese regusto por los personajes del Antiguo Testamento, robado a los judíos. Y las tiene.
Ni se ha estimado la probabilidad de que personajes separados por decenios y que no se conocieron, como Ignacio y Santiago, empleen las mismas muletillas, una de ellas igual a la que empleó profusamente Juan cuando escribió, pobrecito, su Apocalipsis, "epi tes gues". Tal expresión se incluye 17 veces, en el Apocalipsis. Concretamente en Apocalipsis 5.3, 5.13, 6.4, 6.10, 7.1, 10.2, 10.5, 10.8, 11.9, 11.10, 13.8, 13.14, 13.14, 14.6, 16.18, 17.8 y 18.24. ¡Uf...!
No obstante, en colaboración con un reducido número de esforzados y mal pagados estudiosos, estamos tratando de aplicar a nuestro tema lo que la Ciencia conoce sobre probabilidades. Los resultados los mostraremos en este mismo blog cuando sean un cuerpo consistente. Aún no lo son.
Y queda el plato fuerte del día: ¿Existió Santiago? La respuesta, en la medida en que puedo darla, es que en absoluto, no. ¿Por qué? Porque todas las referencias que se nos han servido de Santiago son falsas. Veamos. Sabemos que existe Santiago porque escribió una carta, que nos ha llegado. Además lo citan los demás escritos del Nuevo Testamento. Lo cita también Flavio Josefo. Cítalo asimismo Eusebio de Cesárea, en su Historia Eclesiástica. Hablan de él con orgullo los Santos Padres. ¿Que duda puede caber ante tan ilustre elenco?
Por partes. La carta de Santiago no es suya. Fue compuesta por alguien que la plagó de firmas de Simón. cuando descubramos quié firma sus obras con firmas de Simón sabremos el autor real de la que se nos ofrece como carta de Santiago. Flavio Josefo habla d e Santiago y refiere su muerte, arrojado desde el pináculo del Tempo y rematado a bastonazos por los malvados judíos, hay que ver .... Lástima que dicho pasaje contenga firmas encadenadas de Simón, como se muestra en las páginas 128 y 129 de "Simón, opera magna" y en este enlace. Todo el Nuevo Testaemnto lleva las mismas firmas de Simón en dos cadenas y goza de las mismas propiedades que hemos visto disfruta la Carta de Santiago, es decir, son también de Simón. ¿Y que decir de Eusebio de Cesárea, escritor prolífico y amigo personal de Constantino. ¡¡Helas!! que dicen los franceses, ¡¡si éste es nada menos que Simón en persona !! ¿Cómo así? Porque su Historia Eclesiástica está también plagada de firmas de Simón encadenadas. Y lo denuncia en un texto escondido en su obra, tal y como hemos señalado en este otro enlace. Los Santos Padres, propagandistas del "montaje" constantiniano, repitieron fielmente las falsedades de los fundadores. No podían hacer otra cosa, ni querían.
De modo que la Historia muestra que la historia que se montó para nuestra domesticación es eso, montaje propagandístico, voluntad de una sola persona, arreglo que ha sido denunciado por muchos y desde distintas bases. ¿Huellas? Más que un caracol, como se decía en mi casa, con ascendientes directos hortelanos. Lo que pasa es que nunca se nos ocurrió mirar. Pero huellas, haberlas, haylas.
Hasta aquí llegué en mis conclusiones, lector. El estudio completo de un documento de 5 capítulos da para esto. Ahora considere el lector que los 4 Evangelios constan de 89 capítulos y se imaginará las conclusiones que pude obtener de su estudio. No expuse todo ello en el libro. No era posible.
Lo que falta es divulgación. Y así, cada cual podrá formar su opinión con base real. Y para eso, este blog.
Mañana, para descansar, hablaremos de Fotografía. Porque la Fotografía es Arte, modestia aparte.
Fernando Conde Torrens
es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y ampliaciones sobre este libro.