Investigación en curso

© Copyright Fernando Conde Torrens

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        Hagamos un alto en el camino para acceder a una perspectiva general y detenernos en lo que estamos haciendo. Nos hemos llegado al límite del saber humano sobre cómo se escribieron nuestros textos sagrados. Cierto que lo que se expone aquí no gusta a unos pocos y es ignorado por los más. Pero eso no resta un ápice, o tilde, a que lo que hacemos es lo que es, averiguar la verdad de una cosa. Y, me atrevería a afirmar, de una cosa no poco importante, de las raíces de la filosofía de vida de Occidente. De si esa raíz tiene una base real e histórica o, por el contrario, es toda ella una falsedad.

        Pues bien, quisiera añadir ahora que toda investigación tiene una senda errabunda y que más monotonía que brillantez. Una investigación sólo es brillante cuando el investigador presenta sus conclusiones ex novo. Pero él sabe que la metodología ha sido errabunda y monótona. Sin embargo, cuando expone sólo las sendas fructíferas, cuando elimina todos los pasos en falso, todas las tentativas que condujeron al vacío, sólo entonces el fruto parece lúcido y rutilante. ¡Qué fácil parece entonces todo! Hasta un tonto lo deduciría. La realidad, sin embargo, no es así.

        Simón, opera magna fue una Tesis expuesta en 100 páginas. Este blog es el trabajo cotidiano. Los temas que vamos tratando en el blog son una especie de investigación hecha en un escenario. De ahí el carácter zigzagueante y lento que puede denotar. De modo que hoy, vamos a exponer los logros nítidos y claros. Porque los ha habido. Y han sido sobre tres aspectos no vitales, pero tampoco despreciables, a saber,

la razón de ser de los documentos base,

la razón de ser de las cuñas,

la razón de ser de los signos de puntuación exuberantes.

        Algunos de ellos son temas que se han detectado cuando, en el seno del equipo de trabajo, se ha visto necesario definir aspectos determinados. Vayamos por partes.

       1. La razón de ser de los documentos base. Había una explicación de la razón de ser de tales documentos base. Un documento base es ese primer escrito que Eusebio redacta y luego interpola él mismo. Tanto en el documento base como en la interpolación, que aquí denominamos la etapa roja, hay dos cadenas de firmas suyas. Dos cadenas en el documento base, como aquí hemos demostrado hasta la saciedad, y dos cadenas en la propia interpolación, donde vale el mismo comentario. ¿Por qué este proceso en todos y cada uno de los escritos del Nuevo Testamento? Este hecho ya había sido detectado mediante "mi método filológico", tal y como se expone en "El Grupo de Jerusalén".

        La explicación que di en Simón, opera magna, que de ese modo si alguien descubría ese original tendría que concluir que el origen del movimiento cristiano era incluso más antiguo, es válido para justificar los documentos base de Santiago y Juan, que hemos estado analizando. Se justifica asimismo con Juan original, un texto de Sabiduría con pequeños detalles del montaje. Pero no tiene justificación con la carta de Filemón, que acabamos de analizar hace cuatro días.

        Voy a complementar la explicación diciendo que hay unos documentos base que Eusebio preparó en público, que enseñó a Osio una vez confeccionados: Aquéllos en los que se inoculan uno o varios detalles del montaje. Por ejemplo, la carta "De los nuestros salieron", con esa mención a una escisión en el seno del movimiento cristiano ya en tiempos de Juan. Pero, mantengo, hay otros documentos base que no existen de cara al equipo redactor. Son los documentos base que existen simplemente para legarnos un pequeño documento con las firmas de Simón limpias, que demuestre que todo escrito proviene de la misma mano.

        Eusebio sabe que Osio va a inocular de cuñas todo el texto que prepare. Un texto largo no puede dotarse de las defensas que puede tener un documento corto, un documento base. De modo que Eusebio preparará un documento base a todo escrito cristiano. A ese documento base le dotará de todas las pistas para que sea encontrado en un futuro. Lo hace obedecer a la clave numérica, le coloca acrósticos siempre que puede, lo hace isométrico cuando hay material suficiente, lo cuaja de defensas y le coloca dos cadenas de firmas suyas. Con tales señales, se dice, es imposible que no lo recuperen en un momento u otro. Y entonces quedará al descubierto la tramoya que estamos montando.

        Lo que no puede prever Eusebio es que el Imperio y su cultura está a punto de desmoronarse, que 70 años después de Nicea el Imperio no será ya lo que era en tiempos de Constantino. Y con el eclipse de la cultura, dejará de haber grammatei independientes capaces de descifrar sus claves. Los que habrá en tiempos de Teodosio y sus hijos y después será multitud de propagandistas, de Santos Padres y no tan santos, uncidos al carro del poder imperial o eclesial. Y hasta hoy.

        No quiero ser pesado, de modo que vamos al segundo punto.

      2. La razón de ser de las cuñas azules. En un principio lo achaqué a un doble motivo: Osio quería dejar claro quién mandaba en el seno del equipo. Además, quería resaltar ciertos aspectos que Eusebio no dejaba suficientemente claros. El primer motivo sería puramente personal, orgullo de jefe. El segundo, su carácter minucioso, puntilloso.

        Cuando hemos ido dando forma a un programa informático para hallar las firmas de manera automática y que compare el Nuevo Testamento con otros escritos en griego, las cuñas han aparecido como un obstáculo. Si no fuera por ellas, las cosas estarían meridianamente claras. Con ellas, y dado su carácter irregular, las cosas se complican.

        Conforme he ido fijándome en las cuñas, he visto claro que su efecto ha sido dificultar la localización de firmas de Simón, colocadas en la etapa en que Eusebio, alias Simón, trabajaba solo y a sus anchas. Y ha ido afianzándose la idea de que la causa, desconocida, y el efecto, evidente, dificultar el hallazgo de las firmas, están relacionados. Las cuñas añadidas a las Carta 2 y 3 de Juan han hecho evidente esta motivación: Eran inútiles a cualquier otro efecto. Y no obedecían al carácter puntilloso, resaltando doctrina poco clara (ver si de desea la carta 2 Juan y 3 Juan recientes). La distribución no tan irregular, sino con cierta cadencia, la necesaria para romper las firmas, es la pista tras la que ahora estamos. La idea es que lo que es voluntario obedece a ciertas reglas. El reto es hallarlas.

      3. La razón de ser de los signos de puntuación exuberantes. Este tema ha sido ya avanzado a lo largo de los últimos artículos. Otro aspecto que se ha planteado en el equipo al tratar de aplicar la Informática a la búsqueda de firmas en las frases, la indefinición relativa del concepto de frase en el texto actual. No todas las comas son a tener en cuenta. Y ese carácter irregular, unas comas son separación y otras no lo son, ha llevado a la misma constatación de la dificultad que ese ambigüedad impone no ya a la búsqueda, que es posible con ellas, sino a la búsqueda por método informáticos.

        Este tema no tenía una explicación anterior. No la creí necesaria, dado que trabajaba para mí mismo. Y la fuerza de las dos cadenas de firmas imperaba sobre el hecho de que no todas las comas diferenciaran frases. Había otras muchas pruebas que podían más que las comas sobrantes. La explicación actual es que alguien las sembró adrede, con la clara intencionalidad de dificultar el hallazgo de las firmas en las frases, como ya se ha adelantado en este blog recientemente. Esa siembra se dio después de Nicea. Posiblemente entre Constantino(325) y Teodosio (379). Con Teodosio se tradujo el texto comprometido al latín y luego se ordenó emplear el texto latino y no el griego, mucho más incómodo y empolvado.

        El estudio para diferenciar los signos de puntuación que separan frases de aquellos que no las separan está en curso. El lector va a ir viendo en primera línea los avances que vayamos obteniendo en éste y en los otros dos aspectos enunciados.

        Una investigación es como la resolución de una caso policial. Hay hechos tal vez delictivos, hay circunstancias conocidas y seguramente habrá otras que no lo sean, hay necesidad de saber más sobre lo que sucedió en un pasado que no está ya a nuestro alcance. Hay sospechas y corazonadas a comprobar, hay ciertas reconstrucciones que se tienen por acertadas, hay pruebas que se entiende son sólidas y hay unos pocos detectives que meten horas extras, horas que no serán retribuidas.

        ¿Como en las películas? No. Las películas nos cuentan aquello que nos distrae, las persecuciones de coches por calles en tobogán diseñadas a tal fin, las carreras del poli bueno tras el mafioso torpe, cojo o gordo, el intercambio de disparos en el rellano de una escalera estrecha, el asesino que baja en el ascensor y se cruza con el policía de olfato privilegiado ... Las películas nos muestran la acción. En la vida real, hay más de senda dudosa y de vigilancia monótona. Pero, así y todo, es apasionante cuando se encuentran pistas nuevas. Eso sí, es para quienes les gustan las emociones fuertes. Investigadores con taquicardias, abstenerse.

        Tendremos al corriente a nuestros lectores de las novedades que se produzcan. Cualquier parecido entre los personajes de este film y la vida real es absolutamente premeditada y de casual no tiene nada.

 

THE END

 

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre este libro.