La construcción en Mesopotamia 2

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        Vamos a seguir viendo las formas de construcción que se dieron en la región de Mesopotamia a lo largo de los diversos imperios que allí se asentaron. No podemos atender a todos, por lo que nos fijaremos especialmente en aquellos en que los restos están en mejores condiciones. En una región en que la piedra escaseaba, sólo algunos soberanos tuvieron la capacidad suficiente como para traerla en grandes cantidades desde lejos. Por eso veremos mucho ladrillo ricamente decorado y vidriado sobre las paredes de los palacios. Y columnas, con sus capiteles de piedra en ciertos lugares, como el que viene a continuación .

Historia Universal Salvat. Director, Francesc Navarro. Salvat Editores, S.A. 1.999

Capitel con forma de toro para la apadana del palacio de Persépolis.

 

        El sentido mágico de la Antigüedad favorecía la representación de animales feroces y de seres extraños, siempre con rostro feroz, como correspondía a espíritus airados. Ellos protegían a quienes los invocaban. Por eso estaban presentes en numerosas entradas de ciudades y palacios, guardando a sus moradores. Veremos acto seguido varios ejemplos.

Historia Universal Salvat. Director, Francesc Navarro. Salvat Editores, S.A. 1.999

Grifos alados de la puerta de Jerjes en Persépolis.

 

Historia Universal Salvat. Director, Francesc Navarro. Salvat Editores, S.A. 1.999

Parecida decoración de otra parte del palacio.

 

Historia Universal Salvat. Director, Francesc Navarro. Salvat Editores, S.A. 1.999.

Restos del patio de las cien columnas, del palacio de Jerjes en Persépolis.

 

        Los sucesivos saqueos de Persépolis han dejado así su ciudadela. Otra vista más general de otro libro indica que, en efecto, han quedado 11 columnas de las 100 originales. La imaginación del lector debe hacer el resto. No obstante, adelantemos que cuando "visitemos" Egipto, los restos serán mucho más abundantes y, por comparación, podremos hacernos idea de lo que que pudo ser la capital del imperio contrincante. Porque, conviene decirlo, Mesopotamia y Egipto estuvieron siempre a la gresca. Si bien hay que decir que Egipto jamás conquistó Mesopotamia, cosa que no fue así al revés. 

        ¿Qué fue entonces de los pequeños reinos vecinos, de Mitanni, Hititas, Israel, Fenicia, Lidia, etc.? Cayeron en la órbita del imperio más fuerte del momento. Y sólo levantaron cabeza cuando los dos colosos estaban exhaustos o sufrían una período de debilidad. Y eso, debilidad simultánea, sucedió no demasiadas veces.

        Los restos hallados dan fe de personajes que existieron hace 3.000 años, como la guardia personal del soberano, reproducidos en uno de los frescos mejor conservados y trasladado relativamente cerca.

 

Historia Universal Salvat. Director, Francesc Navarro. Salvat Editores, S.A. 1.999

Friso de los arqueros (hacia 515 AEC), también llamados los Inmortales,

la guardia personal de Darío I, en Susa. (Museo del Louvre, París)

        Lo que hemos comentado, a la entrada de ciudades y palacios, estatuas de las divinidades guardianas. Lo que nos parece curioso es que los antiguos creían en tal protección. Como nuestros abuelos tenían devoción a sus santos preferidos y guardaban devotamente sus estampas. Los que hemos tenido en las manos, o visto, misales llenos de estampas tal vez podemos comprender mejor esa credulidad bendita. Piénsese que a más antigüedad, más visión mágica.

Historia Universal Salvat. Director, Francesc Navarro. Salvat Editores, S.A. 1.999.

Estatuas aladas de la puerta del palacio de Jerjes. Ciudadela de Persépolis.

        Las tumbas de algunos soberanos persas están esculpidas en plena roca. En la Antigüedad, abrir estancias, e incluso templos, en plena roca no era algo inusual. Lo veremos cuando demos un pequeño paseo por Petra, cuyo sólo nombre ya es una advertencia. Ignoro la razón por la que a la máxima autoridad del imperio persa no se le suele llamar emperador, título que se aplica sólo a nuestros emperadores, a los romanos. Sigo la tónica.

Atlas du monde biblique. Larousse/The Times.

Tumba de Artajerjes.

        A pocos metros hay otra tumba imperial. Y bajo ellos, un templo a Marduk. Pero la otra tumba es muy similar y el templo, poco aparente y cuadrado, por lo que los ignoramos. 

        Pasemos a otro tema ciertamente singular. Veamos cómo hacían la guerra los asirios. Tenían fama de guerreros temibles. Debían sentirse muy orgullosos de ello, porque dejaron numerosos grabados en sus palacios sobre sus procedimientos, bastante expeditivos.

Atlas du monde biblique. Larousse/The Times.

        El carro de guerra fue una de las armas más temibles en el antiguo Oriente Próximo. Relieve de las puertas de bronce del Templo dedicado a Marduk, representando una expedición sobre el Tigris. Palacio de Salmanasar III, (858 a 824).

        Los carros llevaban dos ocupantes, el conductor con una lanza y un arquero. Tirados por dos caballos y con ruedas de 6 radios. Más tarde los asirios desarrollaron carros mayores, con 4 caballos, ruedas de 8 radios y 3 / 4 guerreros. Como armas ofensivas usaban hondas, arcos y escudo. La defensa se basaba en espadas, lanzas y jabalinas, usadas en el cuerpo a cuerpo. Los soldados llevaban vestidos con placas de cuero, bronce o hierro.

La guerra entre los asirios. Asurbanipal (668-627).

Atlas du monde biblique. Larousse/The Times.

        Este extraordinario bajorrelieve del palacio Sudoeste de Nínive da una idea de una batalla cuerpo a cuerpo. Teumás, rey del Elam, es derrotado por Asurbanipal en Til Tubá, junto al río Ulai. Nótese la intensa animación de la escena.

        Por mi parte añadiré que los historiadores asirios llevaban cuenta de los enemigos muertos, por el expeditivo procedimiento de contar sus cabezas para contabilizarlas luego. En la parte superior, centro e izquierda, del friso, dos historiadores. Tres muertos más abajo, a la izquierda, una estadística. La fama que tenían de crueles ayudaba a que las ciudades se les rindieran sin oposición.

Atlas du monde biblique. Larousse/The Times.

Un soldado del rey asirio Senaquerib (704–681) cuenta las cabezas de prisioneros cortadas. Detalle de un relieve del palacio Sudoeste de Nínive. Arriba, botín de la campaña tomado al enemigo.

        Con tan sugerente tema lo dejamos por hoy. Para que luego nos quejemos de que si no hay derecho, de que si esta vida es un asco. Un buen asirio nos hacía falta, para volver a cogerle gusto a la vida ... 

        Hasta mañana, lector.

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Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre el primer libro.