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Ya lo he comentado con anterioridad, estar en la Acrópolis implica visitar el Museo de la Acrópolis. En él pude obtener fotos de un solo fragmento del friso de las Panateneas en color aceptable, el que figura a continuación, los demás salieron amarillentos. Nótese el detalle en las vestiduras, pelo, manos y torso. Foto hecha con exposición y sin flash.
Friso de las Panateneas, portadores de ofrendas.

(Fuente: Colección particular.)
En tiempos, las imágenes estaban en color. Han quedado restos de rojo, azul y amarillo, lo que permite colorear con bastante seguridad el conjunto. Nosotros, que estamos acostumbrados a las estatua de color piedra, el color nos puede parecer artificial. A los griegos antiguos les ocurría lo contrario.
Friso de las Panateneas coloreado en parte, como el original.

(Fuente: La Ciudad Antigua. P. Connolly. Acento Editorial, 1.999.)
Casi para terminar, una comparativa. Lo que veía el ateniense de la Antigüedad cuando subía al Templo. En el centro del patio, la enorme estatua de Atenea Promakos, la que combate en primera fila, ayudando a los atenienses. De ahí su lanza, su caso y su escudo, como una hoplita cualquiera pero a lo grande, a lo divino. Los griegos confiaban también., como los cristianos medievales, en la ayuda de su dioses, contra sus enemigos.
Antaño. Vista de la Acrópolis desde la entrada de los Propíleos.

(Fuente: Hiers & Aujourd´hui. S. y D.Pierring. Könemann, 1.998.)
La misma escena hoy. Por cierto, fíjese el lector en el suelo de la Acrópolis. Así comprenderá lo de que encontrar piedra en Grecia no es ningún problema.
Vista de la Acrópolis desde la entrada de los Propíleos. Hoy.

(Fuente: Hiers & Aujourd´hui. S. y D.Pierring. Könemann, 1.998.)
Bien amigos, ya hemos dedicado una atención suficiente a esa maravilla arquitectónica que es el Partenón, el templo de Atenea la Virgen, o la Doncella. Para despedirnos de ella, vayamos al barrio de Plaka a cenar al aire libre una ensalada con queso y cordero asado, cortado en rodajas, con pan del lugar. Luego, yogurt griego. Si uno pide eso y rehuye el pescado, comerá bien y barato. Si uno pide pescado ... allá ese uno. Y veremos la Acrópolis sobre nuestras cabezas, tal vez iluminada por los últimos rayos de Helios, tal que así.
Acrópolis, la nuit.

(Fuente: Postal, comprada como souvenir.)
No es la cosa del Partenón, ni de la Acrópolis, pero está cerca. En las faldas de la Acrópolis está el Teatro de Atenas, no el que se ve en la postal anterior, sino el primitivo, aquél al que acudía Sócrates. Y me senté en él. Y husmeé. Y me encontré con esta placa conmemorativa. Como el personaje tiene todas mis simpatías, la traigo a colación. Que me corrijan los muchos que saben más griego que yo.
"MARKON AYRHLION - KAISARA AYTOKRA - TOROS ANTONINOY - YION TON PROSTA - THN AQENAIOI.
"A Marco Aurelio César y Señor (Emperador), Hijo de Antonino, el que protege a los Atenienses."
Placa dedicada a Marco Aurelio en el Teatro de Atenas.

(Fuente: Colección particular.)
Y en el mismo sitio, otra dedicatoria, ésta en la base de un asiento de primera fila. Parece que dice:
IERIAI AQHNAI AQHNAIOY
"Sacerdotes de la Atenea de los Atenienses."
Asiento principal dedicado.

(Fuente: Colección particular.)
¿Los asientos para el vulgo ? Éstos.
Asientos del Teatro antiguo de Atenas para los griegos de la calle.

Vale por hoy, mañana más.
Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre este libro.