La Escultura en el mundo helenístico.

© Copyright  Fernando Conde Torrens

 

 

 

  

        Los artistas del siglo IV AEC no sabían que estaban viviendo una época especial, época que posteriores entendidos llamarían helenística. Entre ellos y el pasado esplendor helénico sólo habían pasado unos cuantos lustros. Ellos seguían trabajando como trabajaron los escultores del pasado, como Fidias, Praxíteles o Policleto.

        Y produjeron obras del talante que tenían las esculturas de aquella época. Época que se prolongaría, con valles profundos, ocasionados por las invasiones germánicas o bárbaras y la herencia subsiguiente, hasta bien mediado el siglo XIX.

        Hoy en día padecemos una dolorosa crisis, en la que nuestros artistas se sienten acomplejados. Son incapaces de mejorar las obras del pasado, no se proponen inmortalizar en piedra la belleza existente, se declaran vencidos antes de empezar y se dedican a emborronar lienzos o a producir formas amorfas, sin forma, que de lejos asemejan imágenes; producidas, eso sí, con el mínimo material posible y sin dar un golpe de cincel, vamos. Pero ahora vamos  a hablar de Escultura, no de entes amorfos.

        Aquellos artistas del siglo IV antes del cambio de era ( que no sé para que diablos cambió ...) se esforzaban y produjeron obras realmente notables, quizás las más conocidas por el gran público moderno. Como tendencia, se pasó de reflejar las cualidades ideales de un ser humano a representar la vida tal cual era, es decir, se pasó a un realismo a ultranza, reflejando las características propias de los modelos que posaban, no las del personaje ideal. Esto lo podemos apreciar en numerosas estatuas de época helenística, como en esta estatua del Luchador.

 

El Luchador. Museo de las Termas. Roma.

(Fuente: Historia de la Humanidad. Grecia Helenística. Tomo 9. Rebeca Rubio et alia. Arlanza Ediciones. 2.000.)

       

        O ésta otra en que con gran realismo se representa un momento dramático en la vida de un habitante de la Galacia de entonces. Hemos de hablar de la última gran invasión de la Antigüedad, la invasión de los galos, en plena Asia Menor. Sucedió poco después de pasado el tiempo que hemos analizado, el tiempo de los Diádocos. Un invasor se ve derrotado y pone fin a si vida, después de segar la vida de su pareja.

 

El gálata suicida.

(Fuente: Historia de la Humanidad. Grecia Helenística. Tomo 9. Rebeca Rubio et alia. Arlanza Ediciones. 2.000.)

 

        O la obra que Atalo I, de quien hemos de hablar, mando erigir en Pérgamo como celebración de su victoria sobre los gálatas invasores.

 

       Gálata moribundo. Copia en mármol del original en bronce.

   

(Fuente: Historia de la Humanidad. Grecia Helenística. Tomo 9. Rebeca Rubio et alia. Arlanza Ediciones. 2.000.)

 

        Si el realismo se impuso cuando en humanos consistía el tema, en tratándose de los dioses ... el realismo seguía en vigor; pero, ya se sabe, los dioses son perfectos ... de modo que las diosas y las figuras simbólicas, como las Gracias, las Ninfas y demás deidades menores, ésas seguían siendo mirlos blancos. Como la Venus de Milo, de desconocido autor, y así llamada porque fue hallada en una isla diminuta del proceloso Mar Egeo, allá donde Ulises se las vio y se las deseó, y donde Eneas a poco sucumbe a la furia de un Eolo comprado.

 

La Venus de Milo, del siglo II AEC. Museeo del Louvre. París.

(Fuente: Historia de la Humanidad. Grecia Helenística. Tomo 9. Rebeca Rubio et alia. Arlanza Ediciones. 2.000.)

 

        O, para terminar, la archifamosa Victoria de Samotracia, que si en un principio se atribuyó a Demetrio Poliorcetes, de quien hemos ya hablado aquí, y situada hacia el año 306, su datación hacia el año 190 AEC la retrasa para celebrar la victoria sobre el monarca seleúcida Antíoco III Megas, el Grande.

 

La Victoria de Samotracia. Escuela de Rodas. Museo del Louvre. París.

(Fuente: Historia de la Humanidad. Grecia Helenística. Tomo 9. Rebeca Rubio et alia. Arlanza Ediciones. 2.000.)

 

        Es decir, que el Arte prosiguió su buen andadura y gozó de buena salud bajo los descendientes de los sucesores de Alejandro Magno.

        Me quedan dos días para llegar a unas vacaciones ansiadas como nunca. Me van a parecer dos años ...

Continuará.

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Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com/  hay comentarios y más información sobre este libro.