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La Pintura 91. El Impresionismo 37. Cezanne.

© Copyright  Fernando Conde Torrens, el 30-1-2.008

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         Hoy vamos a ver la época en que Cézanne tiene entre 47 y 57 años, los años 1.886 a  1.895. El Impresionismo estaba ya lanzado y varios Pintores habían triunfado. Monet, uno de ellos, decía que el Impresionismo había sido al principio una iglesia y luego se había convertido en una escuela. Y que en cada país en que se estableciera comenzaría siendo una forma de pintar sospechosa, para pasar a ser una forma oficial, y moribunda unas pocas década después. Estaba ampliando a otros países lo que había pasado, o estaba pasando, en la propia Francia. Recordemos que Manet había muerto en 1.883 y poco después le organizaron una Exposición conmemorativa los estamentos oficiales, los mismos que en vida lo proscribieron.

        Con Cézanne estamos ya en esa época, no heroica, en que el Impresionismo se había ganado un puesto en el mercado y entre el público. Y la época considerada, con un Cézanne de edad media, podría significar su época de madurez, cuando su estilo está ya terminado, aunque los comentarios de los críticos parece que dan a entender que Paul, para los amigos, estuvo siempre buscando facetas nuevas y más perfectas.

        Ya hemos comentado que su objetivo era unir clasicismo e Impresionismo, o darle al Impresionismo la misma característica de durabilidad que había tenido el clasicismo. Vano intento, a mi modesto entender. Con la deformación que Cézanne aportó al Impresiosnismo lo que hizo fue sobrepasarlo y, al hacerlo, preparar la serie de deformaciones que vendrían a continuación con, la Historia me perdone, Matisse, Kandisnsky, Picasso y compañía, allá donde la Pintura deja de serlo y se convierte en burla, con perdón.

        Pero Cézanne aún no se pasa, que se dice hoy. Por eso aún me agrada, aunque hoy le sacaré alguna que otra faltilla. Una característica general de Cézanne es que sus cuadros son bastante planos. No hay separación cromática entre los primeros planos y las lejanías. No ocurría lo mismo con nuestro Carlos de Haes.

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Paul Cézanne, 1.886. Aix, paisaje rocoso. Óleo sobre lienzo, 65 x 81. National Gallery, Londres

(Fuente: CÉZANNE and his art. Nicholas Wadley. Hamlyn, 1978.)

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        En este otro cuadro sucede lo mismo, el verde Cézanne del primerísimo plano es el mismo que aparece en el loma de la colina, cuando éste debiera ser más grisáceo y muerto.

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Paul Cézanne, 1.887. Castaños en el Jas de Bouffon. Óleo sobre lienzo, 73×92. Instituto de Arte de Minneapolis

(Fuente: El Impresionismo. Bernard Denvir. Editorial Labor, 1.983.)

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        Tampoco en la renombrada serie del monte Saint-Victoire, el sucedáneo de la catedral de Rouen de Monet, Cézanne se preocupa de dar profundidad al cuadro y los morados lejanos son tan fuertes o más que los cercanos. No obstante, consigue sacar un verde oliva para las hojas de los pinos diferente a su verde de la casa para la hierba. No se piense que saco faltas con amargura en mi interior. Pero ante estos temas simplones no siento la admiración que me causan otros cuadros de otros Pintores. Y parece que un Pintor de fama mundial, que cuelga sus cuadros en los mejores Museos del mundo, debiera … asombrarnos un poco, dejarnos la sensación de que eso no hay quien lo imite.

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Paul Cézanne, 1.887. Mont Saint-Victoire. Óleo sobre lienzo, 66 x 90. Galerías del Instituto Courtland. Universidad de Londres

(Fuente: El Impresionismo. Bernard Denvir. Editorial Labor, 1.983.)

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        Otro fallo que encuentro en varios cuadros de Cézanne es el dibujo, falta de perspectiva. Por ejemplo, la mesa del cuadro que viene se está cayendo hacia nosotros, los platos deben resbalar sobre ella, el borde superior no es prolongación del borde inferior de la izquierda. El lector dirá si exagero …

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Paul Cézanne, 1.894. Bodegón de manzanas. Óleo sobre lienzo, 46 x 55. Colección privada.

(Fuente: CÉZANNE and his art. Nicholas Wadley. Hamlyn, 1978.)

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        Volviendo a los retratos, que en Cézanne no se prodigan – posiblemente porque él sabía que dibujaba bastante deficientemente, y eso en el retrato es mortal – el mocete con chaleco es deforme. Dígame el lector qué tiene mal.

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Paul Cézanne, 1.895. Muchacho con chaleco rojo. Óleo sobre lienzo, 80×64. Bührle Collection, Zürich

(Fuente: CÉZANNE and his art. Nicholas Wadley. Hamlyn, 1978.)

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        En mi modesta opinión, los brazos. Son larguísimos, deformes. Y el derecho, entre hombro y codo hay casi doble distancia que entre codo y muñeca. Mírese el lector su brazo. Esto no sucede con el parroquiano del cuadro que viene, de sobra conocido. Pero el título, puesto por su autor, dice que se apoya, con un brazo correcto, en una mesa. Aquí vuelve a fallar la perspectiva y la mesa se cae hacia nosotros, hacia el apoyado. Me da la impresión de que la mesa primitiva acababa muy cerca del codo del hombre. Pero a Cezanne no le gusto el amplio espacio que quedaba entre la mesa y el cuerpo del hombre, y lo rellenó, inventándose, una prolongacin de la mesa.

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Paul Cézanne, 1.895. Hombre apoyado en una mesa. Óleo sobre lienzo, 92×74. Städtische Kunsthalle, Mannheim

(Fuente: CÉZANNE and his art. Nicholas Wadley. Hamlyn, 1978.)

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        A mi parecer, estos fallos no tenían que producirse en un Pintor de este calibre … lo siento.

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Fernando Conde Torrens es autor de “Simón, opera magna”, “El Grupo de Jerusalén”, “La Salud” y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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