Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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La política del miedo

La política del miedo

© Copyright  Fernando Conde Torrens, el 21-11-2.005

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        La lectura de los textos que vienen a continuación puede herir la sensibilidad del lector, pero en sentido inverso al habitual. No son desagradables, ni inmorales, al contrario, son edificantes, pero con un concepto de la edificación que es la clave del asunto. 

        Rogaré al lector que aguante hasta el final, que supere las ganas de abandonar la lectura, porque estamos ante un documento que refleja muy bien lo que ha sido nuestra religión durante siglos, hasta ayer. Además, está escrito por un santo, no se olvide. 

        En efecto, voy a mostrar al lector algunas páginas de uno de los libros más antiguos de mi colección, del que lleva por título “Camino recto y seguro para llegar al cielo”, de San Antonio María Claret. Ofrezco los originales en un enlace que colocaré al final del artículo de hoy. Pero antes, sepamos de ejemplos históricos que redundarán en mejora de nuestra salud espiritual. 

        Son las páginas 354 y siguientes y dicen así:

        1º.  Ejemplo de un hombre que hacía malas confesiones, y después cuando quiso confesarse debidamente no pudo; porque bien lo expresa el mismo Dios cuando dice: Me buscaréis y no me encontraréis, y moriréis en vuestro pecado. Dice san Ligorio, que en los anales de los Padres Capuchinos se refiere de uno que era tenido por persona de virtud, pero se confesaba mal. Habiendo enfermado de gravedad fue advertido para confesarse, e hizo llamar a cierto Padre al cual dijo desde luego: Padre mío, decid que me he confesado, mas yo no quiero confesarme.¿Y por qué? replicó admirado el Padre. Porque estoy condenado, respondió el enfermo, pues no habiéndome nunca confesado enteramente mis pecados, Dios en castigo me priva ahora de poder confesar bien. Dicho esto comenzó a dar terribles aullidos, y á despedazarse la lengua diciendo: ¡Maldita lengua que no quisiste confesar los pecados cuando podías! Y así haciéndose pedazos la lengua  y aullando horriblemente, entregó el alma al demonio; y su cadáver quedó negro como un carbón, y se oyó un rumor espantoso, acompañado de un hedor insoportable.

        2º. Ejemplo de una doncella que murió también impenitente y desesperada. Cuenta el P. Martín del Rio, que en la provincia del Perú había una joven india llamada Catalina, la cual servía a una buena señora, que la redujo á ser bautizada y á frecuentar los Sacramentos. Confesábase a menudo, pero callaba pecados. Llegando al trance de su muerte se confesó nueve veces, pero siempre sacrílegamente, y acabadas las confesiones decía a sus compañeras que ella callaba los pecados. Estas lo dijeron a la señora, la cual sabía ya por su misma criada moribunda que estos pecados suyos eran algunas impurezas. Avisó, pues, al confesor, el cual volvió para exhortar á la enferma á que se confesase del todo; pero Catalina se obstinó en no querer decir aquellas sus culpas al confesor, y llegó a tal grado de desesperación , que dijo por último: Padre, dejadme, no os canséis más, porque perdéis el tiempo. Y volviéndose de espaldas al confesor se puso a cantar canciones profanas. Y estando para expirar, y exhortándola sus compañeras a que tomase el Crucifijo, respondió: ¡Qué Crucifijo, ni Crucifijo! No le conozco ni le quiero conocer. Y así murió. Desde aquella noche empezaron a sentirse tales ruidos y fetidez, que la señora se vio obligada a mudar de casa; y después se apareció ya condenada a una compañera suya, diciendo que estaba en el infierno por sus malas confesiones.

        3º. Ejemplo de un joven; en este ejemplo se deja ver claramente aquel principio, o confesión o condenación para el que ha pecado mortalmente, y que todas las obras buenas y penitencias, sin preceder la confesión, de nada sirven para salir del miserable estado de la culpa, á no ser que se tenga un deseo eficaz y verdadero de confesarse, si entonces no se puede. La razón es evidente: el pecado mortal tiene una malicia infinita; para curar esta llaga infinita es absolutamente necesario un remedio infinito; este mérito infinito son los méritos de Jesucristo aplicados por medio de los Sacramentos: resulta, pues, que si pudiéndose recibir los Sacramentos no se reciben, ó á lo menos no se desean eficazmente recibir cuando no se puede, jamás se alcanza el remedio, como desgraciadamente sucedió al infeliz Pelagio.

        Cuéntase en la crónica de San Benito de un cierto ermitaño llamado Pelagio, que puesto por sus padres a guardar ganados hacia una vida ejemplar, de modo que todos le daban el nombre de santo, y así vivió por muchos años. Muertos sus padres vendió todos aquellos cortos haberes que le habian dejado, y se puso de ermitaño. Una vez por desgracia  consintió en un pensamiento de impureza. Caido en el pecado vióse abismado en una melancolía profunda, porque el infeliz no queria confesarlo para no perder el concepto de santidad. Durante esta obstinación pasó un peregrino que le dijo: Pelagio, confiésate, que Dios te perdonará, y recobrarás la paz que perdiste; y desapareció. Después de esto resolvió Pelagio hacer penitencia por su pecado, pero sin confesarlo, lisonjeándose que Dios quizás se lo perdonaria sin la confesion. Entró en un monasterio, en donde fue al momento muy bien recibido por su buena fama, y allí llevó una vida áspera, mortificándose con ayunos y penitencias. 

        Vino finalmente la muerte, y confesose por última vez; mas así como por rubor había dejado en vida de confesar su pecado, así lo dejó también en la muerte. Recibió el Viático, murió, y fue sepultado en el mismo concepto de santo. En la noche siguiente el sacristán encontró el cuerpo de Pelagio sobre la sepultura; le sepultó de nuevo, mas tanto en la segunda como en la tercera noche le halló siempre insepulto, de manera que dio aviso al Abad, el cual unido con los otros monjes, dijo: Pelagio, tú que fuiste obediente en vida, obedece también después de la muerte; dime de parte de Dios, ¿si es quizá su divina voluntad que tu cuerpo se coloque en lugar reservado? Y el difunto, dando un aullido espantoso, respondió: ¡Ay de mí, que estoy condenado por una culpa que dejé de confesar: mira, Abad, mi cuerpo! Y al instante apareció su cuerpo como un hierro encendido que centelleaba horriblemente. Al punto echaron todos a huir; pero Pelagio llamó al Abad para que le quitase de la boca la partícula consagrada que aún tenia. Hecho esto, dijo Pelagio que le sacasen de la iglesia y le arrojasen a un muladar, y así se ejecutó.

        4º. Ejemplo de la hija de un rey de Inglaterra: Muy semejante al que antecede. Refiere el P. Francisco Rodríguez que en Inglaterra, cuando allí dominaba la religión católica, el rey Auguberto tenia una hija de tan rara hermosura, que fue pedida por muchos príncipes.

        Para resumir, a pesar de su hermosura y sus muchos pretendientes, la princesa responde a su padre que ha hecho voto de perpetua castidad. El hecho es que se va a vivir a una casa solitaria y allí se puso a hacer una vida santa de ayunos, oraciones, penitencias, frecuencia de Sacramentos y ayuda en un hospital cercano. Joven aún, cae enferma y muere. Una antigua aya de la princesa recibe una noche la visita de un alma de mujer rodeada de fuego, es la de la princesa y cuenta a su aya su verdadera historia, había un paje que le gustaba. El paje primero le leyó un libro, luego le besó la mano y finalmente ofendieron a Dios. Al confesarse se guardó su pecado y “ahora me veo condenada por toda una eternidad“. Y desapareció, con gran estruendo y el mal olor acostumbrado.

        5º ejemplo, resumido. Es el ejemplo de una casada, muy parecido al anterior. También referido por san Ligorio, que sigue al P. Serafín Razzi que cuenta que en una ciudad de Italia una señora casada era tenida por santa. Al morir recibió todos los Sacramentos y dejó muy bien fama al morir. Estaba su hija rezando por ella cuando se le aparece con gran ruido un cerdo de fuego, apunto de arrojarse de pavor por la ventana, oye una voz: Hija, detente, yo soy tu desventurada madre, á quien tenian por santa; mas por los pecados que cometí con tu padre, y que por rubor nunca he confesado, Dios me ha condenado al infierno; no ruegues mas á Dios por mí, porque me das mayor tormento. Y dicho esto, bramando, desapareció.

        6º. Ejemplo de una señora que por muchos años calló en la confesión un pecado deshonesto. Refiere san Ligorio, y mas particularmente el P. Antón Coroccio, que pasaron por el país en que vivía esta señora dos religiosos, y ella, que siempre esperaba confesor forastero, rogó a uno de ellos que la oyese en penitencia, y se confesó. Luego que hubieron partido los Padres, el compañero dijo a aquel confesor haber visto que mientras aquella señora se confesaba salían muchas culebras de su boca, y que una serpiente enorme habia dejado ver fuera la cabeza, mas de nuevo se había vuelto adentro, y entonces vio entrar tras ella todas las culebras que habian salido. Sospechando el confesor lo que aquello significaba, volvió al pueblo y a la casa de aquella señora, y le dijeron que al momento de entrar en la sala habia muerto de repente.

        Por tres días consecutivos ayunaron y rogaron a Dios por ella, suplicando al Señor les manifestase aquel caso. Al tercer día se les apareció la infeliz señora, condenada y montada sobre un demonio en figura de un dragón horrible, con dos serpientes enroscadas al cuello, que la ahogaban y la comían los pechos, una víbora en la cabeza, dos sapos en los ojos, saetas encendidas en las orejas, llamas de fuego en la boca, y dos perros rabiosos que la mordían y se la comían las manos; y dando un triste y espantoso gemido dijo: Yo soy la desventurada señora que V. confesó tres días hace; á medida que iba confesando mis pecados, iban saliendo animales inmundos por mi boca, y aquella serpiente enorme que el compañero de V. vio asomaba la cabeza y se volvió adentro, era figura de un pecado deshonesto que siempre había callado por vergüenza: quería confesarle con V. , pero tampoco me atreví; por esto volvió a entrar dentro, y con él todos los demás que habían salido.

        Cansado ya Dios de tanto esperarme me quitó de repente la vida y me precipitó al infierno, en donde soy atormentada por los demonios en figura de horribles animales. La víbora me atormenta la cabeza, por mi soberbia y demasiado cuidado en componerme los cabellos; los sapos me ciegan los ojos, por las miradas lascivas; las saetas encendidas me lastiman las orejas, por haber escuchado murmuraciones, palabras y canciones obscenas; el fuego me abrasa la boca, por las murmuraciones y besos torpes; tengo las sierpes enroscadas al cuello y me comen los pechos, por haberlos llevado de un modo provocativo, por lo escotado de mis vestidos y por los abrazos deshonestos; los perros me comen las manos, por mis malas obras y tocamientos feos; pero lo que mas me atormenta es el formidable dragón en que voy montada, que me abrasa las entrañas, y es en castigo por mis pecados impuros. ¡Ay que no hay remedio ni misericordia para mí, sino tormento y pena eterna!

        Y tras lanzar un aviso a las mujeres, que todas pecan de lo mismo, “abriose la tierra, y se hundió esta desdichada hasta el profundo del infierno, en donde padece y padecerá por toda una eternidad.”

        Asegura el autor que este relato ha convertido más gente que doscientas Cuaresmas y que llegó a hacerse una fundación para enseñar este ejemplo varias veces al año en la iglesia. No hay delito que más ofenda a Dios que la comunión sacrílega. Y esto es así desde los tiempos de los santos Padres. Desde san Agustín, san Juan Crisóstomo y el propio san Pablo.

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La política del miedo

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        San Cipriano refiere …

        San Juan Crisóstomo conoció casos …

        San Gregorio papa asegura …

        Y lo mismo refiere de su tiempo San Anselmo …

         Y tras los puntos suspensivos, un ejemplo edificante resumido.

        Vale por hoy. Hoy no hay santos, imágenes. Hoy, duro texto. El mismo que viene en las páginas de libro citado, a las que se accede haciendo click en este enlace.

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Enlace al próximo día

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………. Fernando Conde Torrens es autor de “Simón, opera magna”, “El Grupo de Jerusalén”, “La Salud” y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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