Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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La reforma de la Lengua castellana 10

Tertulia con el Centro virtual Cervantes

 © Copyrigth Fernando Conde Torrens
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        Un buen amigo y lector asiduo del blog ofreció una dirección en uno de sus comentarios. He leído detenidamente el artículo en cuestión y me surgen cantidad de apostillas al tal. Cuando así, lo habitual es montar una Tertulia. Cedo la palabra al autor del artículo, del que voy a comentar dos apartados, los más interesantes y concretos, a mi juicio. Se ofrece el enlace, por si al lector quiere leer el artículo completo. Y vienen a continuación los dos apartados a los que responderé en el artículo siguiente. Elimino los enlaces internos del articulista. Si el lector los precisa, entre en el artículo mediante el enlace ya indicado.

……….A fin de hacer el artículo más digerible, he remarcado las ideas-fuerza sobre las que voy a discutir con el articulista. Se invita al lector a forjarse su opinión sobre las frases en azul, a ver qué coincidencias se dan pasado mañana.

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Centro Virtual Cervantes.

Anuario 2.003

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        Lengua y nación

……….En la tradición romántica de Humboldt lo menos convincente es la identificación que hace de lengua y nación, como si cada lengua implicara la existencia de una nación. Tesis que, si bien ha echado raíces profundas en Cataluña, no encaja con lo ocurrido en el inglés o el español, idiomas que lo son de muchas naciones. El caso del español es ejemplar a este respecto. Por un lado, una misma lengua pertenece a diferentes naciones, cada una con una sólida conciencia nacional; por otro, España, por lo menos desde el punto de vista de sus lenguas, es una «nación de naciones». Además del castellano, se habla el catalán, el gallego y el vascuence y, como las cuatro lenguas son españolas, el castellano no debiera monopolizar el nombre. La Constitución de 1978 en su artículo tercero sostiene que «el castellano es la lengua española oficial del Estado (…) Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas». El que el castellano haya pasado a denominarse español constituye un proceso bastante complejo, en buena parte debido a la reacción de las demás lenguas peninsulares.

……….En el siglo XVI, con el surgir de una conciencia nacional, empieza a llamarse español a nuestra lengua, aunque esta denominación sigue conviviendo con la de castellano. La Real Academia Española, fundada a comienzos del XVIII, se inclina por llamar castellana a nuestra lengua, lo que no es óbice para que el valenciano Gregorio Mayáns y Siscar en sus Orígenes de la lengua española (1737) cargado de razón manifestara: «Por lengua española entiendo aquella lengua que solemos hablar todos los españoles cuando queremos ser entendidos perfectamente unos de otros». La Real Academia, en 1924 a su gramática y en 1925 a su diccionario, los llama de la lengua española, sin dar ya marcha atrás, para acoplarse a la Constitución española de 1978.

……….En los países americanos a nuestra lengua a menudo se la llama castellano, a veces por arcaísmo, otras con la intención de subrayar que ya no es una lengua exclusiva de España. Con este fin se propuso —por suerte, sin el menor éxito— sustituir los términos de castellano o español por «idioma nacional». En 1900 Luciano Abeille publica Idioma nacional de los argentinos, libro en que anuncia a bombo y platillo el nacimiento de una nueva lengua, «el idioma argentino, expresión de una nueva raza, la raza argentina». Amado Alonso juzga con acierto la aportación de Abeille. «En los últimos años del siglo XIX y al principio del XX se hablaba apasionadamente del idioma argentino hasta que un señor francés, Lucien Abeille, que lo quiso defender con aparato teórico, lo desacreditó del todo». Así pues, la idea que aporta el romanticismo alemán de que la nación implicaría una lengua propia, no sólo fructifica en la Cataluña de la segunda mitad del XIX; antes lo hizo en Argentina.

……….Conseguida la emancipación política, las nuevas naciones americanas, en el sentir de los argentinos Estebán Echeverría, Juán Bautista Alberdi y Domingo Faustino Sarmiento, habrían de conquistar la independencia cultural y hasta lingüística de España, y, aunque hablaban de libertad, en el fondo caían en un nuevo vasallaje, al sustituir el español por la lengua y la civilización francesas. El mismo Sarmiento defendía que «el idioma de América deberá pues, ser suyo propio, con su modo de ser característico y sus formas e imágenes tomadas de las virginales, sublimes y gigantescas que su naturaleza, sus revoluciones y su historia indígena le presentan. Una vez dejaremos de consultar a los gramáticos españoles, para formular la gramática hispanoamericana, y este paso de la emancipación del espíritu y del idioma requiere la concurrencia, asimilación y contacto de todos los interesados en él» (Obras, XII, pág. 184). Acertaba Sarmiento cuando decía que «los pueblos en masa, y no las academias, forman los idiomas», pero erraba, y gravemente, cuando en 1843, en su Memoria sobre ortografía americana proponía una ortografía «vulgar, ignorante, americana», como la forma expedita de romper todos los lazos con «la Academia de la Lengua y con la Nación española». Desde el prejuicio de que no habría nación sin lengua, ser plenamente argentino exigiría una lengua propia, como Estados Unidos no alcanzaría la categoría de nación, mientras no dejara de hablar inglés.

……….De la misma manera que el término español es un provenzalismo —si la palabra hubiese nacido en Castilla, nos hubiéramos llamado «españuelos»— también el idioma que hablamos a ambos lados del Atlántico empezó a llamarse español fuera de nuestro espacio lingüístico antes que entre nosotros. En cualquier parte del mundo, un hispanoparlante, peninsular o americano, se anuncia como profesor de español, y no de castellano, y seguro que verá en los escaparates el letrero de «Se habla español». Al final terminamos llamándonos tal como nos llaman los otros. También el nombre de América Latina surgió en Francia en la segunda mitad del siglo XIX y llegó a América por conducto de Estados Unidos, y hoy los hispanoamericanos lo tienen perfectamente asumido.

……….No sólo, superados resabios nacionalistas del pasado, se ha impuesto a ambos lados del Atlántico la denominación de español para nuestra lengua, sino que, pese a los intentos decimonónicos en sentido contrario, estamos en camino de mantener como un verdadero tesoro la unidad de nuestra lengua común. Hoy nadie duda que nuestra fuerza radica en que 400 millones de hispanoparlantes nos entendemos oralmente o por escrito sin la menor dificultad. Bueno, para no recibir alguna sorpresa que pudiera resultar hasta desagradable, basta con prestar alguna atención a ciertas palabras o modismos, propios de cada país y que se aprenden fácilmente24. El que sea así no debe ser óbice para dejar de reconocer que son significativas las diferencias; ahora bien, las peculiaridades del español no se traducen en una escisión entre el que se habla en España y en América, sino que cabría distinguir, siguiendo a Diego Catalán, un español castellano de otro atlántico, que incluiría Andalucía, Extremadura, Canarias e Hispanoamérica.

……….Si la lengua está inmersa en la historia, y cuentan los caracteres étnicos, la situación socioeconómica, la mentalidad de las gentes y un larguísimo etcétera, a la larga la consecuencia tendría que ser la descomposición del español que se habla en países tan diferentes. A partir de las tesis humboldtianas, y teniendo en cuenta el aislamiento de la población rural, incluso de buena parte de la urbana, parecía plausible el vaticinio del colombiano Rufino José Cuervo de que el español estaría condenado a fragmentarse, de la misma manera que lo hizo el latín vulgar después de largos siglos de desaparecido el Imperio romano de Occidente, máxime si a ello contribuía un nacionalismo que pretendía tomar cuerpo también en la lengua. La experiencia de los dos últimos siglos, empero, no ha confirmado este pronóstico, lo que no debe tranquilizarnos en exceso, pese a que trabajen a favor de la unidad, por un lado, la conciencia compartida de la ventaja que supone hablar una lengua, y, por otro, la infinitamente mayor comunicación que a ambos lados del Atlántico existe hoy entre los hispanohablantes, dados los actuales medios de transporte y de comunicación, así como el que se mantenga la migración, aunque ahora en sentido inverso, de América a la Península.

……….Sí, cabe albergar la esperanza de que no se convierta en realidad la duda angustiosa de Rubén Darío, «¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?». Porque, efectivamente, la mayor amenaza a la unidad de la lengua proviene hoy del inglés. No porque se incrusten en nuestra habla cada vez más anglicismos, proceso tan imparable, como a la postre enriquecedor —como lo fue en la Edad Media que el castellano se llenase de arabismos, en el Renacimiento, de italianismos, y en la Ilustración, de galicismos— sino porque una misma palabra inglesa adopte una forma distinta en cada país. Ya es grave que se emplee una palabra inglesa, cuando tenemos la española a punto, y se diga bluyins para vaqueros, pero resulta exterminador, cuando en cada lugar toma una forma diferente el anglicismo de turno.

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        El ensayo en español

……….La unidad del español como lengua de pensamiento se manifiesta también en un influirse mutuamente en el estilo y, mucho más llamativo, incluso en los contenidos a ambos lados del Atlántico. El desplome de la cultura en la segunda mitad del XVII la lleva a mínimos en la primera del XVIII. Claro que a punto de secarse, el pozo suele volver a tener agua. A finales del XVII, alejados de la corte —la Academia de Matemáticas de Madrid había cerrado en 1625—, en Sevilla, Valencia, Barcelona o Zaragoza, nos encontramos con algunas personas interesadas en la filosofía y la ciencia que se hace en Europa; las conocemos como los «novatores». España, que hasta bien entrado el siglo XVI ha pertenecido plenamente a la cultura europea, en el XVIII tiene que esforzarse en adquirirla, como si se tratase de una ajena. Europeizarse supone, justamente, este arduo proceso de aculturación a la modernidad.

……….El español, como lengua de pensamiento, surge tras el vacío que va desde 1681, año de la muerte de Calderón de la Barca, por poner una fecha, hasta la segunda mitad del XVIII. En este resurgir de la lengua, la influencia francesa, por lo menos hasta bien entrado el siglo XIX, es creciente. Si los españoles piensan en francés y llenan su lengua de galicismos, los hispanoamericanos no tienen por qué seguir orientándose en España; desde la Independencia, pueden comerciar con Inglaterra y leer en francés sin necesidad de intermediarios.

……….El que el impacto del francés haya sido tan fuerte se debe a que el español, como lengua de pensamiento, empezase a partir de niveles ínfimos. «El siglo XVIII español hereda un lenguaje escolástico, barroco y dislocado entre la chabacanería y la artificiosidad», diagnostica Rafael Lapesa. Todavía en 1760, Francisco Mariano Nipho publica un libro titulado Cajón de sastre literario o percha de maulero erudito con muchos retales buenos, mejores y medianos, útiles, graciosos y honestos para evitar las funestas consecuencias del ocio, encabezamiento que basta para captar el nivel que debe alcanzar su contenido. En este mismo año, la Inquisición prohíbe la Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, que José Francisco de Isla había publicado en 1758; en la novela, así la llama el autor, ridiculiza la lengua de la oratoria sagrada de la época, no muy diferente de la que se empleaba en otros géneros literarios. Una simple lista de los títulos de los libros españoles de la época sería suficiente para dejar constancia de las razones por las que no los encontramos en las bibliotecas europeas del XVIII.

……….El español como lengua de pensamiento se inaugura en la segunda mitad del siglo XVIII de forma bien modesta. El precursor fue sin duda fray Benito Feijoo, una cumbre, medido con lo que se publica en la España de su tiempo, y un pigmeo, comparado con el pensamiento que a la sazón se escribe en inglés, francés y alemán. Mérito de Feijoo es haber roto con el barroquismo chapucero de su tiempo, volviendo al estilo sencillo, conversacional, de Juan de Valdés o de Antonio de Guevara. El lector no se libra de la impresión de estar sentado a su vera, en amigable tertulia, escuchándole tratar de los temas más diversos: artes, astronomía, geografía, economía y derecho, filosofía, física y matemáticas, historia natural, medicina, historia, supersticiones y costumbres. En rigor, Feijoo inventa el ensayo en español; una curiosidad insaciable involucra su persona en ese «discurrir a lo libre», que dijera Gracián. Desde su celda de Oviedo, Feijoo trata de importar todo lo que puede del pensamiento europeo de su tiempo; como no lee inglés ni alemán, sus fuentes están en francés —sigue periódicamente el Journal des Savants de París— lengua que admira y que considera incluso más útil que el mismo griego.

……….La unidad del español, como lengua de pensamiento, es un hecho y no sólo en cuanto a las semejanzas en el estilo, sino también en lo tocante a los contenidos. Para terminar, un ejemplo de esta convergencia. Una de las preocupaciones centrales a ambos lado del Atlántico es determinar quiénes somos, la cuestión de la identidad. Desde que Simón Bolívar se preguntara quiénes son, en realidad, los hispanoamericanos, al no ser ni españoles ni americanos, hasta que el joven Ortega insistiese que para un español la cuestión esencial es conocer quién es él en su especial circunstancia, y cómo condiciona esta circunstancia su modo de vivir y de pensar, la literatura ensayística sobre la identidad del iberoamericano, o en concreto, del español, argentino, mexicano, o peruano, es amplísima. Nos preguntamos quiénes somos, y en la pregunta queda sobreentendida nuestra relación con la modernidad, que se nos presenta como algo propio —proviene de raíces que compartimos— a la vez que extraño, al no haber participado en los siglos XVII y XVIII en el primer despliegue de la modernidad.

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Siguiente artículo: La reforma de la Lengua Castellana 11.

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……….Fernando Conde Torrens es autor de “Simón, opera magna”, “El Grupo de Jerusalén”, “Año 303. Inventan el Cristianismo”, “La Salud” y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En  http://sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

 

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