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Las primeras 100 estrofas de la Eneida

Las primeras 100 estrofas de la Eneida

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1Canto a las armas y al varón, que llegó el primero, prófugo por el hado, de las costas
2 de Troya a Italia y a los litorales lavinios,
3 muy azotado no sólo por las tierras sino por el alto mar
4 por la fuerza de los altísimos, a causa de la ira memoriosa de la cruel Juno.
5 Y (que había) sufrido muchas cosas también por la guerra, mientras fundara la ciudad,
6 y llevara los dioses al Lacio, de donde (es) el pueblo latino,
7 y los padres albanos, y las murallas de la alta Roma.
8 Musa, rememórame las causas, por qué numen ofendido
9 o doliéndose por qué, la reina de los dioses empujara a sufrir tantos sucesos (casos)
10 a un hombre insigne por su piedad, a afrontar tantas labores.
11 ¿Acaso tan grandes (son) las iras para los ánimos celestiales?
12 Una urbe antigua hubo, Cartago, los colonos tirios la tuvieron,
13 frente a Italia y a las bocas del Tíber, lejos,
14 rica de recursos y muy áspera en los afanes de la guerra;
15 a la que, se dice, Juno (Juno es referida que) cultivó más, a ella sola, que a todas las tierras,
16 (incluso) dejada-atrás Samos; aquí las armas de ella,
17 aquí su carro estuvo; la diosa, si algunos hados lo consienten,
18 ya entonces pretende e intenta que éste sea el rey (reino) para los pueblos.
19 Pero de hecho había oído que era conducida una progenie de sangre troyana,
20 la cual, en otro tiempo, subvertiría las fortalezas tirias;
21 que de aquí vendría un pueblo, ampliamente rey, y soberbio en la guerra,
22 para la destrucción de Libia, así lo hilaban (volvían) las Parcas.
23 Esto temiendo, y recordando (memoriosa) la Saturnia (de) la vieja guerra,
24 la que, ella la primera, ante Troya había llevado a favor de sus queridos argivos;
25 – pues aún las causas de sus iras y sus crueles dolores
26 no habían caído de su ánimo; en su profunda mente permanece repuesto
27 el juicio de Paris y la injuria de su despreciada hermosura,
28 y el pueblo odiado, y los honores del raptado Ganimedes-;
29 encendida de sobra por estas cosas, retenía a los troyanos,
30 agitados por todo el mar, las reliquias de los dánaos y del cruel Aquiles,
31 (los retenía) lejos del Lacio, y por muchos años
32 erraban, sacudidos por los hados, alrededor de todos los mares.
33 De tan gran dificultad (mole) era fundar el linaje romano.
34 Apenas daban velas, contentos, desde la vista de la tierra siciliana
35 hacia el alto-mar, y surcaban con el bronce las espumas del mar-salado,
36 cuando Juno, que guardaba una eterna herida bajo su pecho,
37 (pensó) estas cosas para sí: “¿Desistir (yo) de mi propósito, dándome por vencida,
38 y no poder (yo) alejar de Italia al rey de los teucros?
39 Sin duda se me veta por los hados. ¿Acaso no pudo Palas quemar
40 la flota de los argivos y sumergirlos a ellos mismos en el Ponto,
41 por el crimen y la furia de uno sólo, Áyax, hijo de Oileo?
42 Ella misma, habiendo lanzado desde las nubes el rápido fuego de Jove (Júpiter),
43 dispersó las naves y revolvió el mar con los vientos
44 y a aquél, expirante, con el pecho atravesado a llamas
45 lo arrebató en un torbellino y lo clavó en un escollo agudo.
46 En cambio yo, que avanzo (como) reina de los dioses, y de Júpiter
47 hermana y cónyuge, llevo guerras contra un solo pueblo
48 durante tantos años. ¿Y (acaso) alguien el numen de Juno adorará
49 después de esto, o suplicante impondrá su honor a mis altares?”

50 Revolviendo tales cosas consigo misma en su pecho inflamado, la diosa
51 llegó a la patria de los nimbos, lugares preñados de furiosos austros,
52 a Eolia. Aquí, el rey Éolo en una vasta caverna
53 oprime a los vientos y a las sonoras tempestades
54 con su mando y con cadenas y cárcel los frena.
55 Ellos, indignados, con un fuerte murmullo hacen sonar los encierros
56 del monte; en la cumbre de la fortaleza se sienta Éolo
57 sosteniendo su cetro, y suaviza los ánimos, y atempera las iras.
58 Si no (lo) hiciera, los mares y tierras y el cielo profundo,
59 sin duda, se (los) llevarían (estos) rápidamente (rápidos) y los barrerían consigo por las auras.
60 Pero el padre omnipotente los escondió en oscuras cavernas,
61 temiendo eso, y les puso encima una mole, y sobre ella unos montes altos,
62 y les dio un rey que con un pacto cierto supiera
63 apretar y aflojar las riendas según las órdenes recibidas.
64 A él entonces Juno suplicante de estas voces se sirvió:
65 “Éolo, puesto que a ti el padre de los dioses y rey de los hombres
66 te concedió calmar los oleajes y alzarlos con el viento,
67 un pueblo enemigo para mí surca el mar Tirreno
68 portando hacia Italia a Ilión, y a sus Penates vencidos:
69 insufla fuerza a tus vientos y destruye las popas sumergiéndolas
70 o haz que se dispersen y deshaz sus cuerpos en el Ponto.
71 Son mías dos veces siete ninfas de hermoso cuerpo
72 de la que Deiopea (es) la más bella por su figura,
73 te uniré a ella en matrimonio estable y te la consagraré como propia,
74 para que por tales méritos (tuyos) pase todos los años contigo
75 y que con una bella prole te haga padre.”
76 Éolo, a cambio de esto: “Labor tuya (es), oh reina, explorar lo que prefieres,
77 mi deber es acoger tus órdenes.
78 Tú me concilias este reino, cualquiera que sea, tú mis cetros
79 y a Jove (Júpiter); tú concedes que me recueste a la mesa de los dioses en los banquetes
80 y me haces señor de los nimbos y poderoso de las tempestades.
81 Cuando fueron dichas estas cosas, el hueco monte, con su lanza vuelta,
82 empujó hacia un lado: y los vientos, como una fila formada,
83 por donde les es dada puerta, se precipitan, e insuflan con su torbellino las tierras.
84 Cayeron sobre el mar, y todo él lo acometen desde sus sedes más hondas
85 a una el Euro y el Noto, y el Ábrego, preñado de tempestades,
86 y vuelcan vastos oleajes hacia las playas.
87 Sigue a ello el clamor de los hombres y el crujir de los cordajes.
88 Las nubes arrancan de pronto el cielo y el día
89 de los ojos de los teucros; una noche oscura yace sobre el Ponto.
90 Tronaron los polos y el éter destella con incesantes fuegos
91 y todas las cosas apuntan a la muerte, presente para los hombres.
92 Desfallecen (se disuelven) de pronto por el frío los miembros de Eneas,
93 gime, y tendiendo hacia las estrellas sus gemelas palmas
94 tales cosas con su voz refiere: «¡Oh, tres y cuatro veces felices
95 (aquellos) a quienes (quis = quibus) tocó encontrar (la muerte) bajo las altas murallas de Troya
96 ante los rostros de sus padres! ¡Oh el más fuerte del pueblo de los Dánaos,
97 Tidida! ¿No haber podido yo caer en los campos ilíacos (de Ilión)
98 y no haber podido derramar esta alma mía por causa de tu diestra,
99 donde yace el fiero Héctor por la lanza del Eácida, donde el ingente
100 Sarpedón, donde el Simunte revuelve bajo sus ondas, arrebatados,
101 tantos escudos de los hombres y yelmos y fuertes cuerpos?»

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(Fuente: https://es.wikisource.org/wiki/La_Eneida_(traducci%C3%B3n_verbum_ad_verbum)/Libro_I )

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Las primeras 100 estrofas de la Eneida

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