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El primer choque no ha sido favorable a los griegos. Superado el tapón que los griegos quisieron forzar en las Termópilas, mientras sus naves se apostaban en el cercano cabo Artemisio, los griegos han de retroceder y dejar al enemigo persa el acceso a toda la Grecia central. Anteriormente la Tesalia ya había caído en sus manos. Ahora el Ática y la Beocia conocerán el dominio persa.
Como de costumbre, cuando preparaba la referente a la batalla de Salamina, me han aparecido datos sobre ... las Termópilas. Por ejemplo, que al ejército de Jerjes le costó siete días cruzar con su ejército el Helesponto, por aquellos dos puentes de barcas que habían construido sus ingenieros.
O que a las naves de su padre, Darío I, les cogió una tormenta en la península del monte Atos, al sur de Macedonia, que destruyó gran cantidad de barcos. Como Macedonia era reino vasallo y para que no le suceda a él lo mismo, como preparación para la invasión, ordenó abrir un canal que permitiera el paso de un barco en el istmo de dicha península, cosa que se hizo, y por allí pasó la flota, como se muestra en el mapa que veremos a continuación, evitando contornear al península.
A pesar de su precauciones en el monte Atos, Jerjes tuvo otra desagradable sorpresa con la flota y la climatología. En la segunda mitad de Agosto, y mientras los espartanos le retenían en las Termópilas, Jerjes ordena a una flotilla de 200 barcos que rodeen la isla de Eubea y trate de atacar a la retaguardia griega que se protege en los estrechos entre la isla y el continente. Poco se imagina que lo que le sucedió a su padre en Atos le va a suceder a él en Eub ea. Una tormenta de verano se desata y las 200 naves persas encallan contra los acantilados de la isla, que carecía, como ye se dijo, de puertos en los que guarecerse. Los helenos conocían la orografía de su país palmo a palmo. Jerjes, no.
O una anécdota sucedida en el paso de las Termópilas. Aparte del traidor Hipías, de quien volveremos a hablar cuando esbocemos la historia de la ciudad de Atenas, Jerjes tenía una especie de intérprete, un tal Demarato, otro espartano exilado, que había ido a parar a la corte de Jerjes, que trataba muy bien a los exilados helenos, pensando en el futuro. Pues bien, antes de ordenar a sus hombres que iniciaran el ataque contra los espartanos y beocios, Jerjes mandó unos espías para saber con cuántos enemigos tenía que vérselas y saber que hacían sus enemigos. Los exploradores volvieron con una estimación aproximada de las huestes helenas y con la asombrosa información de que los helenos unos estaban haciendo gimnasia y otros, vestidos con capas rojas, peinándose sus largos cabellos.
Al conocer la información, Jerjes mandó llamar a Demarato para que le explicara qué significaba aquello. Dicen los cronicones que Demarato le explicó la razón: "Sábete, oh Gran Rey, que cuando los espartanos se disponen a poner en peligro su vida es cuando se cuidan especialmente la cabellera." Respuesta que dejó a Jerjes tan desconcertado como la noticia. Aquellos acicalados guerreros iban a matar a 20.000 de sus mejores hombres en 7 días que al Gran Rey se le hicieron interminables en su tienda. Las capas rojas se las ponían los espartanos en combate para evitar dar a conocer al enemigo que el guerrero espartano tenía alguna herida.
Volviendo a lo ocurrido tras la derrota en las Termópilas, con la mayor parte de Grecia dominada por el invasor, los habitantes de Atenas, centro de la ira del padre de Jerjes, son conducidos en barco a las islas de Salamina y Egina, distantes pocos kilómetros de Atenas. Entre ambas posiciones, los helenos cuentan con plantar cara al invasor en una apuesta definitiva, en el istmo de Corinto. El istmo de Corinto es ese estrecho pasadizo situado al sur de Atenas que desemboca en la ciudad de Corinto. Por allá tiene que pasar el ejército persa si quiere conquistar el Peloponeso, el lugar donde se concentran todos los que aún no aceptan el dominio persa. El resto de la Hélade ha caído ya bajo el dominio persa.
Los espartanos y demás habitantes del Peloponeso comienzan a construir murallas que protejan el pequeño paso de los persas. El estratego ateniense, Temístocles, confía más en la flota que en hacer frente al ejército persa de a pié.
Victorias griegas.

(Fuente: Nationnal Geographic. Historia, nº 7. RBA Revistas, 2.004.)
Vamos a hablar de una batalla naval. Bueno será recordar cómo era la estrategia naval antigua. Los griegos eran una potencia marítima, pero a medias. Competían con los fenicios en las rutas comerciales de Mediterráneo. Los egipcios eran marineros de agua dulce. Los persas tenían caballería, pero no tenían barcos en cuanto que persas. Los persas eran guerreros de a caballo. Los barcos los tenían dado que sus vasallos fenicios o jonios los ponían a su disposición, pero Jerjes no era un marino nato. Eso se va a notar enseguida, para beneficio de los pobres helenos. En las guerras médicas, mantengo, los griegos pusieron su valor, los persas, su inexperiencia marinera. Los helenos pusieron su mejor armamento, los persas, la multitud. El resultado fue el lógico. Ganó el valor y el armamento, frente al número y la inexperiencia del Gran Rey. Pero era el Gran Rey, y mandaba. Punto.
Al finalizar la primera guerra médica, con los medos o persas, los atenienses, guiados por Temístocles, emprendieron una política de construcción de naves de guerra, temiéndose la revancha persa. Al cabo de 10 años, los que pasaron entre la primera y la segunda guerra médica, los atenienses disponían de 200 naves de guerra del tipo trirreme. Eso les convertía en la polis con más potencia de guerra naval de la Hélade.
Veamos primero cómo eran los barcos y cuál la manera de vencer a una nave enemiga. En una vasija de cerámica de figuras negras se nos ha conservado un dibujo esquemático de una nave griega en combate. Si el dibujo es fiel al original, la nave, de una fila de remeros, sería lo que ellos llamaban una pentecóntora, nave con 50 remos, 25 a cada costado.
Nave de guerra griega con los remeros protegidos por sus escudos.

Historia de la Humanidad, tomo 8. Grecia Clásica. F.J.Fernández et alia. Arlanza Ediciones, 2.000.)
Los tipos de naves de guerra en la Antigüedad viene muy bien explicados en el libro del que tomo uno de los esquemas. LA evolución va de arriba hacia abajo y en el momento en que estamos, hacia el año 485 AEC. Existen los tres tipos de arriba, la pentecóntora, la birreme y la trirreme; las más modernas, éstas últimas.
Evolución de las galeras en la Antigüedad.

(Fuente: La guerra en el mundo antiguo. Víctor Barreiros Rubín. Almena Ediciones, 2.004)
El siguiente paso fue colocar dos líneas de remos, con 23 remos en cada línea, a base de rebajar un poco la primera fila y alzar la segunda. Fue necesario elevar medio metro la cubierta del barco. Remeros de una birreme, 92 y dos más para el timón. Una maqueta de este tipo de naves a continuación. está en orden de travesía, no en orden de combate. Para el combate se arriaba la vela y se abatía el mástil, o se los dejaba en una playa cercana, y se confiaba la velocidad del barco a la fuerza de sus remeros.
Nave de guerra helena. Birreme.

Historia de la Humanidad, tomo 8. Grecia Clásica. F.J.Fernández et alia. Arlanza Ediciones, 2.000.)
El próximo día, la trirreme, la nave ateniense empleada en al batalla de Salamina.
Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre este libro.