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Hemos visto ya algunas obras de Pietro da Cortona. Veamos una más, la alegoría del planeta Marte, no alejado del dios Marte, dios de la guerra. De ahí la profusión de espadas, lanzas, escudos, carros de combate, barcos de guerra con proas amenazantes y, cómo no, coronas de laurel para los caídos a mayor gloria de la potencia ganadora. Claro que todo son alegorías
Alegoría de Marte, 1.646. Pietro da Cortona. Pintura al fresco del palacio Pitti, Florencia.

(Fuente: EL BARROCO. Arquitectura. Escultura. Pintura. Könemann, 2.004.)
Otra de las habitaciones privadas del Gran Duque de Toscana estaba decorada con la alegoría de Júpiter, planeta y supremo dios romano. Cortona puso en ella una proa amenazante que no había podido meter en el fresco de Marte.
Alegoría de Júpiter, 1.643-1.645. Pintura al fresco del palacio Pitti, Florencia.

(Fuente: EL BARROCO. Arquitectura. Escultura. Pintura. Könemann, 2.004.)
El letrero del cartel encargado por los Médici a Lucas Jordán dice "Elevando de la tierra al cielo nuestro intelecto". No hace falta decir con qué instrumento se eleva tal cosa a tal sitio. La simbiosis entre el poder temporal y el poder eterno ha sido casi siempre perfecta. Uno y otro se apoyan mutuamente y mantiene su predominio sobre el resto del personal. Eso es parte de la Historia, imposible de negar, y debiera ser también parte de nuestra formación, porción insignificante de ese resto residual.
El intelecto humano liberado de las ataduras de la ignorancia, 1.680. Lucas Jordán. Pintura al fresco del palacio Médicis-Ricardi, Florencia.

(Fuente: EL BARROCO. Arquitectura. Escultura. Pintura. Könemann, 2.004.)
Si los poderosos de la tierra encargaban a los mejores Arquitectos y Pintores la decoración de de sus palacios, la Iglesia hacía lo propio promocionando a sus santos. Y, en tratándose de techos, lo elemental era colocar al santo en el proceso de ascensión hacia las moradas eternas. Eso obligaba a los humanos a mirar hacia arriba, que es lo que hacían al mirar al techo. Todavía se aprecia al compartimentación del espacio disponible en cómodos rectángulos, que suponen pintar un cuadro normal, aunque subido a un andamio. Nótese la complicada ornamentación que rodea a la pintura, estamos en el Barroco.
Ciclo de San Genaro, 1.631. Giovanni Battista Caracciolo. Pintura al fresco de la iglesia de San Martino, Nápoles.

(Fuente: EL BARROCO. Arquitectura. Escultura. Pintura. Könemann, 2.004.)
Veamos ahora una artística techumbre que tiene por motivo la llegada de otro santo a la gloria celestial, tal como la imaginaban las jerarquías eclesiales del Barroco. Nótense los artesonados circundantes, a modo de marco, y las esculturas, que se confunden con el santo, también de blanco Era costumbre que la pintura desbordara el marco, lo que complicaba la visión, complicación muy del gusto barroco.
Llegada de San Ignacio al Paraíso, hacia 1.691-1.694. Andrea Pozzo. Pintura la fresco de la bóveda de la iglesia de San Ignacio, Roma.

(Fuente: EL BARROCO. Arquitectura. Escultura. Pintura. Könemann, 2.004.)
Y, para terminar, veamos techumbres decorados no con pinturas, sino con formas ornamentales diversas. Borromini fue uno de los primeros Arquitectos en incorporar las formas geométricas más sencillas, circunferencias, cuadrados, óvalos, a la decoración. Combinadas con artesonados y guirnaldas, al viejo estilo romano, implantan una estética agradable y solemne. Los artesonados definen la figura de la cruz, decoración muy propia para una iglesia.
Francesco Borromini. Roma, San Carlo alle Quattro Fontane, 1.638-1.641.

(Fuente: EL BARROCO. Arquitectura. Escultura. Pintura. Könemann, 2.004.)
Bernardo Vittone (1.705-1.770) fue un Arquitecto de Turín que, tras sus estudios en Roma, construyó, entre otras obras, la iglesia de Santa Clara. En ella soluciona la cúpula no con pinturas, sino con nichos y estatuas. En un primer nivel coloca a seres humanos preclaros, clérigos y obispos; un piso más arriba coloca a los ángeles; todavía más altos están los serafines y querubines y en el sumum, la pura luz. Todo ello rodeado de artesonados en forma de guirnaldas, columnas jaspeadas, estucos y cornisas doradas al gusto barroco.
Bernardo Vittone. Bra, Santa Chiara, vista interior de la cúpula e interior de la iglesia, 1.742.

(Fuente: EL BARROCO. Arquitectura. Escultura. Pintura. Könemann, 2.004.)
Y con esto, amigo lector, terminamos nuestro paseo por los techos barrocos. La semana siguiente nos deparará novedades. Tengo casi todo el fin de semana para pensar en cuáles.
Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre este libro.