El tesoro de Tutankhamon 5

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        Veamos ya cómo era la tumba del Faraón en el que estamos interesados. Su  muerte prematura y no anunciada - dicen los expertos que cogió a todo el mundo sin haber preparado adecuadamente el suceso -hizo que lo que acompañó al joven difunto era, dentro de lo establecido para todo un Faraón, discreto. Su tumba, asimismo, era más bien pequeña, con cuatro cámaras. Se accedía por una galería (1) a una antecámara (2). Al frente seguía una cámara lateral (3) y a la derecha la cámara funeraria (4). Ésta estaba casi completamente llena con cuatro tabernáculos, uno dentro de otro, que protegían los féretros. Más allá estaba la cámara del Tesoro (5), donde se depositó lo más valioso del ajuar funerario. Y todo ello, como ya sabemos, en el Valle de los Reyes. Así pues, era del tipo acodado, aunque carecía de pasillos, que suponen un trabajo de excavación gratuito y  no eficaz para la capacidad de la tumba. En algún lugar he leído que las técnicas del embalsamamiento duraban 75 días, en los que sin duda se trabajó febrilmente en la terminación de la tumba.

Plano de la tumba de Tutankhamon.

(Fuente: EGIPTO. El mundo de los faraones. KÖNEMANN, 2.004)

 

        No se pudo sacar una fotografía de los tabernáculos tal y como fueron encontrados, lo que los libros reproducen son dibujos. Eso se comprende al ver el plano de la tumba. Como ya conocemos los tabernáculos de los vasos canopes, podemos imaginarlos. Veremos la puerta del segundo tabernáculo. En ella, el difunto (la figura del centro), con la doble corona, el flagelo y el cetro curvo, se presenta ante Osiris (a la izquierda), con la corona alta y las dos plumas de la Perfección sobre ella y vestido como una momia, por ser el dios de los  muertos. Entre ellos, la normalidad y el trato cordial por ser ambos de la familia. Detrás de Tutankhamon, la diosa Isis respalda al Faraón. Y, como siempre, todo lo que no son imágenes, hasta el borde de texto jeroglífico. Ahora comprendemos mejor que jero-glífico viene de sagrada escritura, escritura para comunicarse con los dioses. En las ocasiones oportunas y en los lugares oportunos.

        Ésta es la puerta referida. Compárese el cartucho sobre la mano del Faraón con el escarabeo que vimos ayer, son idénticos. Hay otro cartucho igual en la imagen. ¿Por qué? Porque en ambos está escrito el nombre civil de Tutankhamon, Nebkheperure, mucho más difícil de pronunciar que el que tomó al subir al trono. Los Faraones, como los Papas, tenían su nombre de pila y tomaban otro al convertirse en Faraones divinos. No todos los hijos de un Faraón serían divinos, sólo uno. O de uno en uno. Nótese asimismo el gran disco solar sobre el difunto. 

Puerta del segundo tabernáculo en la tumba de Tutankhamon. Madera dorada. Altura, 2´25 metros.

(Fuente: EGIPTO. El mundo de los faraones. KÖNEMANN, 2.004)

 

        Pues bien, debajo de los tabernáculos está el sarcófago de piedra. No lo mostraremos. Sólo decir que la caja era de tonos amarillos y que la tapa era de granito rojo, posiblemente los materiales de las dos tierras, caliza del Norte y granito del Sur. Que se pintó la tapa de amarillo, para igualar. Y que en el transporte, la tapa se partió en dos. No obstante, y tal vez dadas las prisas, no había tiempo de preparar otra, por lo que se empleó la tapa partida. Las cuatro diosas que velaban ente el tabernáculo de los vasos canopes extendían sus alas en las cuatros esquinas del féretro de piedra. 

        Levantamos la tapa y nos encontramos con tres ataúdes, progresivamente menores. Una foto del ataúd exterior tomada por Howard Carter en el momento del descubrimiento. En torno a las insignias sobre la frente, el buitre y el ureus, alguien ha enrollado una pequeña corona de flores que allí quedó cerca de 3.333 años. El sarcófago mide 2´24 metros y es de madera dorada e incrustaciones. Representa la figura del Faraón difunto.

El primer ataúd.

(Fuente: EGIPTO. El mundo de los faraones. KÖNEMANN, 2.004)

 

        Abierto este primer ataúd, aparece un segundo ataúd, también de madera dorada con incrustaciones. Éste tiene ya mayor trabajo. Las incrustaciones, que en el primero eran muy escasas, en este segundo cubren por completo el ataúd. Estamos conociendo lo más granado del arte egipcio en la Antigüedad. El 

 

(Fuente: EGIPTO. El mundo de los faraones. KÖNEMANN, 2.004)

 

        Volvemos a abrir este segundo ataúd y aparece un tercero, que dejaremos para mañana. Cuando se abre este tercer y último ataúd, aparece al momia del difunto, recubierta de una máscara de oro. Mañana veremos el tercer ataúd y la máscara, que se ha hecho famosa e ilustra numerosas obras sobre el Antiguo Egipto, como la obra que nos guía y que veremos al final de visitar Egipto. Pero hoy anticipemos el futuro, echando un vistazo a la situación de la máscara en el momento del descubrimiento. Eso sí, en blanco y negro. Por su realismo, casi podría parecer que no hay tal máscara y que es Tutankhamon vivo, despertándose.

La momia de Tutankhamon con la máscara de oro

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(Fuente: EGIPTO. El mundo de los faraones. KÖNEMANN, 2.004)

 

        Mañana la veremos tal y como Hooward Carter la dejó, limpita.

        Y esto es todo por hoy, amigo lector. Mañana, el plato fuerte, el ataúd de oro y la máscara del despertar.

 

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Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com  hay comentarios y más información sobre este libro.