Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Nuestra sociedad 2

Nuestra sociedad 2

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Copyrigt Fernando Conde Torrens

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        Partiendo de la base de que la sociedad occidental moderna viene influida por los modelos británico, de Monarquía con un Parlamento más y más activo, y francés, del que ya vimos su proceso de remodelación a partir de la revolución francesa en la larga serie titulada «El nacimiento de París» y que en el número 72 y siguientes, hasta el 80, relata paso a paso los sucesivos gobiernos y las mejoras que se produjeron en el corto período que va de la caída de Napoleón III en 1.871 al inicio de la Primera Guerra Mundial en 1.914, veamos qué podemos esperar de cara al futuro. Para ello deberemos fijarnos en las características de esta sociedad y tener en cuenta ese factor desconocido para el gran público y del que tan poco se habla, el nivel de Evolución. ¿Por qué será que es tan poco mencionado? Dejemos al lector unos párrafos para que halle él solito la respuesta.

        Ya dijimos en un artículo anterior que más de la mitad de las personas pertenecen a los dos primeros grupos situados más a la izquierda – es decir, los últimos de la fila – de los que desprecian la Ética o de los que siguen a los demás y todavía no tiene criterio propio. Esa composición no es previsible que cambie en las próximas dos ni tres generaciones. Sería interesante medir la posición en la escala constantemente indicada de aquellos en cuyas manos están las grandes decisiones de moldear la sociedad, de los grandes, de los poderosos, de los líderes políticos y económicos del mundo. No hace falta poseer un coeficiente mental elevado para situar a los tales, ni es difícil deducir cuál es el lugar exacto que ocupan en la referida escala. Si no va a haber motivos para que la composición cambie en los próximos … digamos cien años, y la posición de los más poderosos es la que es, todo ello es un peso muy fuerte para poder afirmar que grandes cambios positivos no son de prever.

        Al revés. En los últimos años parece haberse producido un retroceso en ese «estado del bienestar» que tan bien acostumbrados nos tenía. Y algunas nubes se ciernen en el horizonte. La vida, que era algo romántica todavía hace 50 años, se ha endurecido, los controles y los objetivos se han extendido y generalizado, las condiciones de trabajo parece que se endurecen una legislación tras otra, y el paro, como las drogas, parece ser una cada vez más extendida lacra para unos, los más, pero pudiera resultar ser beneficioso para los menos. De forma que incluso pudiera ser que perdiéramos enteros en esto de la calidad de vida.

        Parece claro que de la parte izquierda del espectro no podemos albergar esperanzas de mejora, sino más bien lo contrario. ¿De donde deberá partir, entonces, ese boleto para la esperanza? De las personas con criterio propio, que, aunque económicamente son, consideradas una a una, infinitamente menos potentes que los acaudalados, en número les rebasan, centuplican e incluso más. De que las personas con criterio propio reaccionen y hagan prevalecer los derechos de la mayoría, ejerciendo la presión que les da su número, frente a las presiones que ejercen los primeros, basadas en su potencia económica. A las personas con criterio propio no es preciso decirles que hagan tal cosa, porque ya tiene cerebro suficiente para comprender cuándo les pretenden engañar y reaccionar adecuadamente. Por eso, pudiera pensarse que la maquinaria opera sola. Unos pocos, los poderosos, a estropear las cosas al resto en beneficio propio y los más tratando de que no sea así.

        ¿Hacia qué parte se ha desplazado la línea del término medio, del equilibrio logrado, en los últimos doscientos o quinientos años? ¿En beneficio de los menos o en beneficio de los más? Vamos a dejar esta pregunta en el aire para que el lector tenga tiempo de cavilar a gusto y conectar sus neuronas con tranquilidad. Y vamos a dar nuestra respuesta a la que hemos dejado colgada poco ha, a saber, «¿Por qué será que es tan poco mencionado (el nivel de Evolución)?».

        Se nos ocurren varias respuestas, a las que el lector tal vez pueda añadir la suya. Veamos. Por vergüenza propia, sería la primera respuesta. ¿Cómo se va a permitir que el personal, que la masa, mida a unos y otros, a todos, por su nivel de Evolución si el de quienes dirigen, la enseñanza, las ideas, las Leyes, los comportamientos financieros globales, estuviera por los suelos? Sería como un suicidio, sería poner en manos del adversario un arma que se volvería contra el que está arriba. De modo que no se hace.

        Por eficacia de la manipulación global. Cuanto más irracional sea el comportamiento de las masa, más deliciosamente manipulables resultan. Cuanto menos sepan, más fácil resulta engañarles. El analfabetismo y la pobreza constituían los ingredientes de una situación perfecta para los menos. La ignorancia, la incultura, el control de las élites intelectuales, el paraíso. Cuando las élites se inclinaron por la lógica, la razón y la luz, cuando aumentaron y resultó inviable su control, las autoridades ideológicas temblaron de indignación y temor. ¿Adónde estábamos llegando? Si levantaran la cabeza de sus tumbas los líderes de entonces … volverían a agazaparse raudos en sus nichos, confusos, horrorizados y escandalizados. Hemos llegado mucho más lejos de lo que ellos temieron en vida.

        Ha quedado una pregunta pendiente. A responderla dedicaremos el siguiente artículo. Y con lo que digamos de más, tendremos posiblemente todos los ingredientes para poder hacer un definitivo resumen y hasta una conclusión.

Continuará.

Enlace con el próximo día.

Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. Enhttp://www.sofiaoriginals.com/expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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