Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Nuestra sociedad 4

Nuestra sociedad 4

        A lo largo de la Historia y en todas las latitudes se han dado invasiones. Tanto más cuanto más nos remontamos en la Historia. Distingamos entre invasiones y conquistas, porque no son lo mismo. Un país conquista al vecino. Los imperios se hacen como un sumatorio de conquistas parciales que engrosan su territorio. Roma conquistó las ciudades y reinos limítrofes. Así se formó el Imperio Romano. En una conquista, el nivel cultural del conquistador suele ser aproximado al del conquistado. No en vano son vecinos y llevan siglos copiándose, imitándose. Generalmente el conquistador suele ser un poco menos culto que el conquistado y mucho más bruto, o fuerte.

        En las invasiones, lo normal es que el nivel cultural del invasor esté muy por debajo del del invadido. Y éste, por tanto, pierde en todo, en cultura y en libertad. La invasión de los bárbaros sobre el Imperio Romano de Occidente es un buen ejemplo de ello. La civilización retrocedió en … 1.400 años. Teniendo en cuenta la tesis aquí defendida de que allá por el 1.850 se vivía en Europa al mismo nivel de calidad de vida que en Roma en época imperial. Hay que decir que ese desnivel cultural el invasor inteligente lo suple tomando los adelantos del conquistado y haciéndolo suyo. Si en vez de ser inteligente es una mala bestia, destruye todo lo que encuentra.

        Estas invasiones suponen un cambio en al autoridad de la zona invadida. Antes mandaban los romanos, civilizados, adelantados en tecnología, cultura e ideas y luego mandaban los lombardos, ostrogodos, visigodos, francos, etc. que, mal está decirlo, pero eran unas malas bestias. Estas invasiones se caracterizan por la cantidad de los invasores y porque vienen siempre montados a caballo, lo que les da el factor sorpresa y, sobre todo, la velocidad.

        Como ejemplo de invasión en la que España se vio involucrada está la invasión de una gran parte de América por nuestros llamados «conquistadores». En este caso la tecnología y cultura de los invasores podría pensarse que eran superiores a las de los pueblos aborígenes, que tenían una cultura más primitiva, lo que no quiere decir que no nos superaran en determinados aspectos, cosa que se aprecia hoy, no entonces. No puede uno estar orgulloso de haber sido un pueblo conquistador, de haber forzado, no forjado, un Imperio. Tuvimos nuestro castigo, por todo el mal que hicimos. Ya hemos dicho aquí que ser un pueblo imperial tiene consecuencias peyorativas. No es algo de lo que se pueda nadie enorgullecer. Sólo cabe pedir perdón por lo que hicieron nuestros antepasados, aunque eso en la vida práctica no sirva de nada. Pero, al menos, admitirlo como un fallo, no recordarlo como un logro.

        Por todo el daño que hacen los invasores, la moraleja es que no hay que dejarse invadir. Uno pierde mucho y otro tanto pierden sus descendientes – mmmm…   14 por 3 da 42 – de las 41 generaciones siguientes.

        Otro avance de la sociedad occidental es que se han desechado las conquistas. Y eso no es tan reciente. En la guerra franco-prusiana de 1.871 hubo conquistas, Alsacia, Lorena y un poquito más, como pago del vencido al vencedor, que a fin de cuentas … Se me dirá que ahora las conquistas y las colonizaciones son de otro tipo, más sutiles, económicas, de patentes, de negocios, de mano de obra barata … Bien, responderé pero con éstas la integridad de mis propiedades no queda comprometida y la de mi persona tampoco.

        Hablemos ahora de otras invasiones y éstas no a caballo. Son más subrepticias, no inadvertidas, pero aparentemente más suaves: Son las incursiones del poder en campos que no le competen. Intervenciones que van en perjuicio del pueblo. Y si se decide a correr el riesgo, es porque la tajada en juego es sustanciosa. Las cosas se hacen entonces bajo el manto de la Ley, porque el que puede hacer la Ley; la hace, pero mal hecha, porque está trucada. Un ejemplo de invasión que ha causado un gran mal a Occidente es la que perpetraron Constantino y Teodosio en nuestras Ideas.

        Entraron donde ningún poder político debiera entrar, en la manipulación de las conciencias de los ciudadanos. Barrieron todo los logros anteriores e instauraron unas creencias por decreto ley, con el retraso que ello ha supuesto y sigue suponiendo, del orden de 1.700 años, más grave que el de los jacos norteños y sus rudos jinetes. Esto, que hoy es evidente a nivel teórico, no lo ha sido tanto a lo largo de la Historia, incluso reciente. Y los favorecidos de tal dislate siguen haciendo todo lo posible para que no se deteriore su nivel de aprovechamiento del éxito, como en la mili decían.

        Bien, pues también hay que estar atentos para que no nos la den con queso con alguna ley que vulnere derechos personales. Si el poder de los menos es la presión de los despachos, el poder de la mayoría es lo que se ha dado en llamar la opinión de la calle, que también tiene su fuerza. Al final, cada cuatro años o algo menos, los que hacen las leyes tiene que acudir al mercado donde se venden los votos de la mayoría.

        Son las personas con criterio propio las que tienen el deber – por su propio beneficio – de estar al tanto y con su opinión, que medios de expresarse ya hay hoy en día, defender los derechos adquiridos o los que se pretendan vulnerar.

        El peligro potencial que hoy pudiera darse es más una intromisión del poder que otra cosa. Pero hay muchas personas que están atentas a que eso no llegue a producirse. Confiemos en ellas y en nosotros.

        No son conclusiones definitivas, ésas creo que llegarán en el próximo artículo, pero sí puede avanzarse que la Historia, vista desde este sitio, sigue una marcha ascendente, que cada vez hay más cultura y comunicación como para que pueda darse un ataque por sorpresa a los logros alcanzados, aunque hay que aceptar un perpetuo oleaje a nivel social en nuestra sensación de bienestar, como ocurre en la vida personal con nuestro humor. Y que el futuro no está escrito, que lo hacemos posible las personas; y que puesto que la formación es cada vez es más amplia y deseada, no se vislumbran motivos para ser pesimista respecto al futuro de Occidente.

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Enlace con el próximo día.

 11 Octubre 2.010

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……….  Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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