Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Nuestra sociedad 9

Nuestra sociedad 9

América latina.

        Tenía pensado terminar esta serie sobre la sociedad haciendo unas reflexiones sobre el problema que se genera cuando se mezclan sociedades que pertenecen a diversas épocas. Y, para no entrar en terrenos demasiado resbaladizos, se tratará solamente de cuando estas dos sociedades se mezclan sólo en el papel, no en la realidad. La mentalidad de épocas antiguas era muy diferente, estamos cansados de verlo en este blog y en los libros de Historia.

        Entre los Persas, un Rey debía conquistar algo, meterse en el saco algún reino vecino. Eso demostraba que contaba con el favor de los dioses, que no había subido al trono sólo por ser el hijo del difunto Rey, sino que tenía algo más: Gracia ante los dioses. Porque era creencia universal que en el campo de batalla eran los dioses los que decidían la victoria. Eso inmunizaba al monarca victorioso contra complots palaciegos, hasta cierto punto: Debía estar alerta, no obstante.

        Esa mentalidad ha estado vigente siglos y siglos y ha habido abundantes invasiones y conquistas en la Historia, todas las que se han podido. Que si no se dieron más fue porque el reino vecino tenía mayor ejército que el que pensábamos y no se dejó hacer. Como consecuencia de esa mentalidad, el Imperio Romano vio la luz. Y Roma, la ciudad-estado de Roma, conquistó todo el Mediterráneo y más tierras hacia el Este. También conquistó nuestro país, entonces llamado Hispania.

        Las tribus germanas invadieron a su vez el Imperio Romano y lo hicieron trizas en Occidente. Invadieron Hispania, la saquearon, se hicieron dueños de ella. Luego vendrían los árabes, del Sur. Y durante siglos ocuparon y fueron dueños de casi toda la península. Curiosamente, unos pocos visigodos que habían quedado en la cornisa cantábrica – y con el nombre de cristianos – recuperaron las tierras de los moros.

        Si nosotros, los españoles, nos pusiéramos a quejarnos a los países que nos invadieron en el pasado, tendríamos que pedir indemnizaciones a los ahora italianos, pues sus antepasados, los romanos, nos invadieron e hicieron aquí barbaridades. Y a la actual Alemania, pues sus bárbaros jinetes hicieron lo propio. Y a los moros, así, en general, porque también nos invadieron y todo lo demás.

        Además, en Navarra, tuvimos serios problemas con los franceses. Murió un Rey navarro, Sancho III el Fuerte, el de las Navas de Tolosa, sin hijos y subió al trono su sobrino, hijo de la hermana, que era francés, de nombre Teobaldo, Duque de Champaña, vasallo del rey francés. Y el francés se trajo consigo una multitud de franceses, que hicieron un barrio en Pamplona, o burgo, amurallado, para vivir en él. Luego vinieron otros más, y como no cabían, hicieron su propio burgo, también amurallado. Al cabo de los años Pamplona, la capital del reino, era en realidad tres ciudades amuralladas cuyos habitantes no se miraban con buenos ojos. Cuando el nieto del primer monarca Teobaldo, dejó a su muerte sólo una niña de dos o tres años, los navarros se levantaron contra el regente que envió el rey francés, adonde madre e hija huyeron, por si acaso. Un ejército francés masacró a los navarros que había en Pamplona y desterró a todo el que se le había opuesto. Así que aquí tuvimos, además, nuestra pequeña invasión local. Motivo para reclamar hoy en día a Francia

        No sé de ninguna reclamación de este tipo. Porque, con bastante buen criterio, aceptamos la Historia. Aceptamos que antaño pasó lo que pasó. Y los que no murieron bajo la espada romana, se volvieron, con el tiempo, habitantes del Imperio Romano. Y mucho más tarde, los que no murieron bajo los cascos godos, los antaño romanos, se volvieron poco a poco visigodos. Y fueron ellos, que eran cristianos, lo que lucharon contra los invasores moros, expulsándoles. Y en Navarra, lo mismo. Los ejércitos del Duque de Alba expulsaron a los franceses y nos volvimos hispanos al tiempo. De forma que podría pensarse que los españoles, ya sean castellanos, aragoneses, navarros o de otros zonas o reinos, tenemos mucha sangra germana, de los bárbaros aquellos que se cargaron la civilización romana y nos atrasaron unos 1.00 años. Pero no se lo reprochamos a estas alturas.

        España invadió y conquistó gran parte de América. Y lo hizo de manera brutal, indefendible con mentalidad moderna, es verdad. Personalmente no me siento orgullos, ni siquiera a gusto, con el pasado imperial de mi país. Pero parece lógico pensar que los que se fueron a conquistar se quedaron allá, se fusionaron con la población natural de América y sus descendientes son los habitantes de México y de los países centro y sudamericanos. Y los que no fueron conquistadores, se quedaron aquí y los españoles modernos somos sus descendientes.

        Todo esto viene a cuento de que en un Foro mexicano del que recibo las aportaciones, suelen aparecer quejas frecuentes de las barbaridades que hicimos los españoles durante la conquista. Y es cierto que las hubo, y no estamos aquí disculpándolas. Y es cierto que esa conquista y toda conquista es terrible, despiadada, sangrienta. Si España, Portugal, Francia e Inglaterra, hubieran sido menos ambiciosas, América Latina, Brasil, Canadá y los Estados Unidos serían ahora diferentes. Pero ninguna de ellas pensó en otra cosa que en forjarse un Imperio. Y toda América pagó las consecuencias de la ambición europea, de Alaska a la Patagonia.

        Y hoy, iniciado el siglo XXI, es saludable aceptar cómo fue nuestro pasado, para poder dedicar nuestras energías a mejorar el círculo cercano. Sin estarse quejando y canalizando nuestras energías a la queja y a la amargura. Por dos razones: Primero, porque nadie nos hará caso. Y la segunda, porque nuestro colon nos lo agradecerá. Que colon, lector amigo, sólo hay uno. Y se malea con los disgustos.

Continuará.

Enlace con el próximo día.

Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com/  hay comentarios y más información sobre este libro.

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