La Pintura clásica

© Copyright  Fernando Conde Torrens

 

 

       

 

 

        Nos toca analizar el cambio que supuso el Impresionismo en la pintura europea del momento. Pero para ello debemos situarnos en la época cuando los primeros pintores que luego se llamarían impresionistas comenzaron a hacer de las suyas. Los impresionistas fueron un grupo de pintores inconformistas que buscaban nuevos horizontes a la Pintura. Es obligado comprender bien qué era lo habitual, la manera universal de entender la Pintura, lo que ahora llamaremos la Pintura clásica.

        En la Pintura de los siglos XVII, XVIII y primera mitad del siglo XIX había varios géneros. El género principal juraría que era la Pintura histórica, cuadros que reflejaban hechos sucedidos durante el pasado. El pintor componía el cuadro con su imaginación, de hecho se inventaba el cuadro, basándose en algún relato de la época que se describía. Veamos un ejemplo en este cuadro, que representa la reunión del Consejo Municipal de París allá por 1.687, finales del siglo XVII. Este cuadro es un boceto. El cuadro de pintó y decoró la sede del Consistorio, pero éste se quemó en 1.793 y el cuadro original ardió con él. Nos ha quedado el boceto, menos es nada ...

 

 Reunión del Consejo Municipal de París. Nicolas de Larguillière, 1.687.

Ermitage, Rusia.

(Fuente: Ermitage, Storia e Collezioni. Giunti, 1.981.)

 

        Equiparable al género histórico estaba el género de la Pintura mitológica. El pintor se documentaba sobre una historia de la Mitología y elegía una escena de dicho mito. Veamos primero una pintura con pocos personajes. Se trata de una escena de la obra de Torcuato Tasso, "La Jerusalén liberada". En el canto XIX aparecen los personajes del cuadro. Como se puede comprobar, el pintor elige los personajes, la postura, es decir, la composición que tendrá su cuadro, las luces, el ambiente, aquí el atardecer, y el paisaje de fondo.

 

Tancredo y Herminia. Nicolás Poussin, 1.630. Óleo sobre tela, 150 x 199 cm. Ermitage.

(Fuente: Leningrado, Hermitage. Umberto Baldino. Salvat Ediciones, 1.967.)

 

        Ya se ha comentado que en el cuadro anterior aparecían pocos personajes. Otros pintores realizaban composiciones mucho más pobladas, como la que veremos a continuación, la lucha de israelitas y amalecitas. El género ya no era propiamente mitológico, sino sagrado, género que fue muy empleado desde el Renacimiento.

 

Batalla entre Israelitas y Amalecitas. Nicolás Poussin, hacia 1.625.

Óleo sobre tela, 98 x 134 cm. Ermitage.

(Fuente: Ermitage, Storia e Collezioni. Giunti, 1.981.)

 

        Otro género, de mucha menor raigambre era el paisaje. Había paisaje clásico, claro está, y en él el pintor también inventaba el cuadro, lo componía, al igual que con los demás géneros. De ahí que siempre intervengan ruinas imponentes, como en el ejemplo que veremos a continuación.

 

La bahía de Bayae. Claudio Lorraine, 1.650. Óleo sobre tela, 99 x 125 cm.

(Fuente: Ermitage, Storia e Collezioni. Giunti, 1.981.)

 

        Otro género respetable era el retrato de personajes respetables, que eran los que podía permitirse el lujo de pagar el retrato al pintor. Los retratos forman, por tanto, parte de la Historia, al retratar a los personajes que hacían la Historia, o, al menos, la pequeña historia local.

Retrato del conde Nicolai Guryev (1.792-1.849). Embajador ruso en Roma y Nápoles.

Óleo sobre tela, 107 x 68 cm. Ermitage.

(Fuente: Ermitage, Storia e Collezioni. Giunti, 1.981.)

        Nos hemos asomado a la Pintura seria de los comienzos del siglo XIX, la misma que 200 años antes. Y, como se habrá dado cuenta el lector, la temática de la pintura es temática seria, inalterable, perfectamente estable en sí misma. Los pintores pueden elegir el género al que desean dedicarse y luego, pintar de acuerdo con las normas. Es lo que el público pide de ellos. El público, los entendidos, los demás pintores, los críticos, en fin, el mundo, todo el mundo.

        Hemos avanzado que en la primera mitad del siglo XVIII se instaura al costumbre de los Salones de Arte, donde los pintores envían lo mejor de su obra, esperando un premio o una mención. Son certámenes anuales y allí los jóvenes valores esperan darse a conocer. Claro que no todos los cuadros son aceptados en los Salones Nacionales. Lo son los que cumplen las normas y placen al Jurado. He aquí un problema con el que se toparás los ácratas "impresionistas". Pero de eso vamos a hablar enseguida ...

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com  hay comentarios y más información sobre este libro.