La vida en el antiguo Egipto 3

 © Copyright  Fernando Conde Torrens

 

 

 

        Hemos visto el Nilo, dividido en regadío y comercio, la alimentación, centrándonos especialmente en la elaboración del rico pan egipcio, y hoy veremos la casa, el hogar.

        Empezaremos por la casa más común, la casa del campesino que vive sin pena ni gloria en cualquier lugar de Egipto. Luego veremos las casas de los trabajadores para el Faraón, de quienes colaboran con él y con los dioses y sabremos cuánto cobraban a la semana. Veremos luego las villas o mansiones de los privilegiados, los que pertenecían a la corte del Faraón. Y, por último, veremos algunos palacios faraónicos que se nos han conservado. Palacios posteriores a las dinastías que hemos estudiado. Seguramente no todo cabrá en el artículo de hoy.

        Como material para las casas, el adobe, para las humildes y la piedra para las casas de cierta nobleza. Las casas de los trabajadores para el faraón son de piedra. De ese modo, el campesino que trabaja para el Faraón sube de categoría y vive en una casa mejor. Aunque bien pudiera ser que unas construcciones que se van a prolongar durante toda la dinastía bien exigen poblados permanentes y por tanto la piedra evitará un mantenimiento constante de la vivienda, cosa que puede hacer el campesino por su cuenta, pero no cuando trabaja para el Faraón a pleno empleo.

        El adobe, usado hasta nuestros días, y único material empleado en Mesopotamia, donde no había piedra, se hacía con paja, barro arcilloso y agua del río. Luego se dejaba secar al sol y se cocía o no. Era mejor el adobe pasado por el horno, pero también el secado al sol servía para construir. Se fabricaban ladrillos de adobe y con éstos se construían las paredes.

Operario fabricando ladrillos de adobe.

 

(Fuente: Atlas du monde biblique. Larousse / The Times)

          Ya comprende el lector que las casas construidas con tierra y agua tienen poca solidez y no resistirán el paso de los siglos. No se conservan restos de tales casas. Lo único que podemos saber sobre su estructura es a través de maquetas que han quedado en algunas tumbas.

        He aquí unas muestras. En la primera vemos el patio delante de la casa, con provisiones. En el patio estaba el horno y el lagar, si lo había. A la azotea superior se asciende por una escalera exterior. En ella hay un respiradero y la casa tiene alguna ventana. Estas casas  son una simplificación de las casas de los cortesanos y funcionarios, que veremos luego y de las que han quedado grabados en tumbas. Quien vivía en una sencilla casa de adobe tampoco podía dejar el plano de su humilde casa en ninguna humilde tumba. 

Maqueta en tumba, de hacia 1.900. Museo Británico. 

 (Fuente: La cultura del antiguo Egipto. EDIMAT Libros)

        Como referencia anterior, en la Edad del Hierro, época posterior al Neolítico, pero anterior al Egipto imperial, ésta era la distribución del patio de una casa. El tronco horizontal forma una prensa para aceite o para vino. En las cestas se coloca el grano y las piedras lo van prensando. El líquido se recoge en un recipiente tallado en el suelo. A la derecha de esta prensa, dos molinos de grano. Los recipientes de arcilla se cuecen en el horno del fondo. Los egipcios serán muy amigo de extraer por torsión tanto el vino como el aceite como las especias. Lo veremos. Como se ve, la filosofía era ser autónomos, todo se hacía en casa. Y ello porque el mercado estaba no muy desarrollado. 

Patio de una casa de la Edad del Hierro.

(Fuente: Atlas du monde biblique. Larousse / The Times)

        Mucho más tarde, tras la muerte de Alejandro Magno, en el período ptolemaico, algunas casas modestas pasan a ser de piedra y varios pisos, como la que muestra la maqueta izquierda. Por el contrario, la de la derecha es de adobe y una sola planta. 

Casas egipcias del período tardío, grecorromano. Mueso Británico.

(Fuente: EGIPTO. El mundo de los faraones. KÖNEMANN, 2.004)

        Veamos ahora los poblados de constructores de tumbas.

        Los Faraones de las dinastías posteriores a las estudiadas dedicarán su esfuerzo constructor más a edificar Templos a los dioses que a sus propios recintos funerarios, con gran contento de la casta sacerdotal. Y sus tumbas pasan a fabricarlas en serie, al menos, en un mismo lugar. Ello racionaliza, en cierto modo, el proceso de construcción, porque puede contarse con un lugar fijo y eso permite un poblado fijo para los obreros dedicados a la construcción. No sería extraño que los obreros se transformaran en fijos, formados más por profesionales de los diferentes gremios que por campesinos que se ocupan durante el período de menos trabajo en el campo.

        Los principales poblado de obreros que se ha conservado es el de Deir-el-Medina, en Tebas. Sirve de alojamiento a los trabajadores de los Templos a los dioses de Luxor y Karnak, en Tebas, y a los de los enterramientos reales en el Valle de los Reyes y de las Reinas, situados según el plano que sigue.

 Distribución de los principales monumentos en la zona de Tebas.

(Fuente: Égypte, Orient Grèce. Bordas, 1.965)

          Pues bien, en este lugar y previendo una construcción continuada a lo largo de generaciones, se construyó el poblado de Deir-el-Medina para los trabajadores tanto de los Templos de Luxor y Karnak como el complejo funerario del Valle de los Reyes y de las Reinas.

        Las casas de los trabajadores tiene dos habitaciones, las de los encargados tiene tres. Todas son de piedra, con una escalera en la parte de atrás para subir a la azotea. Se aprecia los basamentos de las columnas centrales de cada casa, donde se apoyaban las columnas que sostiene el tejado plano, sobre el que ha de poder caminar el morador de la casa y algún ocasional visitante. 

Poblado para trabajadores en los Templos y tumbas de Tebas. Imperio Nuevo.

(Fuente: EGIPTO. El mundo de loa faraones. KÖNEMANN, 2.004)

        Como estas casas son de piedra, han quedado sus cimientos y podemos deducir sus dependencias.

        Hay un detalle importante que aprendí sobre el terreno en las explicaciones de un arqueólogo en el Teatro romano de Cartagena. Decía aquel profesional de la Arqueología que los antiguos no tenían capacidad de desescombro. No tenían la posibilidad de tirar una casa y eliminar los escombros, antes de construir la que ellos querían. Por eso, se construía encima, se aprovechaban las piedras que era posible aprovechar y se rellenaban los huecos incómodos. Un día hablaremos del Teatro romano de Cartagena, del que tengo abundantes fotos propias y volveré sobre este tema, muy evidente en aquel escenario. Esta es la razón de Troya XII, la doceava edición de construir sobre los restos, “arrejuntando” un poco éstos.

        De esa incapacidad se nutre la Arqueología, porque se puede ir bajando por las capas y retrocediendo en el tiempo. Claro que para descender a un nivel, hay que desmontar lo construido en épocas posteriores sobre él. Pero siempre se puede dejar una zona en el nivel cuatro, por ejemplo, y desmontar lo menos llamativo de ese nivel para acceder y dejar al descubierto niveles anteriores, más profundos. Ya se comprende que aunque también suceda lo mismo cuando se construye con adobe, lo que queda de un nivel de casas de adobe es puro polvo, esto es, nada.

        Otra vista del mismo emplazamiento, esta vez a nivel de la calzada. Se aprecia una calle, que corre a lo largo de la foto, a la derecha, de la que se accede  a las casas particulares.

Deir-el-Medina, cerca del Valle de los Reyes. Imperio Nuevo. Hacia 1.300.

 

(Fuente: EGIPTO. El mundo de loa faraones. KÖNEMANN, 2.004)

          Los egipcios eran un pueblo religioso. Yo diría más, todos los pueblos antiguos eran sumamente religiosos. También los romanos de tiempos de la República lo eran. Con un altísimo sentido del deber. Actuaban por deber, porque se debía ser así.

        La religiosidad en Egipto estaba sembrada y mantenida por la casta sacerdotal y abarcaba a toda la sociedad, de modo que no era necesario la asistencia masiva del pueblo llano a los Templos, toda la sociedad mantenía y propagaba las creencias ancestrales.

        Lo mismo pasaba en la Europa medieval. Un pueblo sencillo y dominado ideológicamente es la práctica en tiempos remotos y no tan remotos. Y esa situación se ve también hoy en día en países lejanos, en ideología, a nosotros. Sólo que en los demás casos, exceptuando el egipcio, se cuenta con la asistencia periódica del pueblo llano a ciertos actos de culto, oficiados por la casta sacerdotal. No digo para qué. Léase nuestra historia.

        En las casas de Deir-el-Medina, había un lugar para el culto de cada trabajador, con un altar, donde depositar las ofrendas a los dioses y a sus ancestros. No podemos profundizar en todos los aspectos de cada tema. Pero al final del estudio de Egipto facilitaré las tapas de los libros de los que me he servido. Y animaré al lector interesado a enterarse de la totalidad, haciéndose con tales libros. La Historia es una Universidad muy barata, apenas el valor de los libros. Pero un buen libro de consulta dura tanto como uno mismo.

        De modo que veamos el altar de las ofrendas para el trabajador de los Templos de Tebas. A fin de cuentas, toda su vida giraba en torno a los dioses. Está situado en la primera habitación de la casa. A la derecha, el paso a la habitación principal.

        Esta construcción que emplea piedras irregulares dispuestas de manera irregular, unidas con cemento o barro, se denomina mampostería. La versión señorial es la sillería. Los Templos y monumentos reales se construían con sillares, perfectamente labrados por sus seis caras. El Partenón se construirá con sillería, claro está.

 Dinastías XVII a XX. Imperio Nuevo. Deir-el-Medina. Altar privado. 

(Fuente: EGIPTO. El mundo de loa faraones. KÖNEMANN, 2.004) 

        Y con esto voy a dar por terminado nuestro repaso sobre cómo eran las casas en las que vivía el egipcio humilde, el 98 % del censo. Mañana veremos las casas suntuosas de los funcionarios de alto rango. Y podremos comprobar que las vistas hasta ahora eran sus simplificaciones, un quiero y no puedo, que se decía en mis tiempos jóvenes, cuando esa situación era bastante habitual. Hasta mañana, pues.

 

Enlace al próximo día

Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com  hay comentarios y más información sobre este libro.