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Reyes divinizados en el mundo helenístico 14

En «Reyes divinizados en el mundo helenístico 14» se explica la relación entre el pueblo y su monarca, entre el monarca y los dioses, y los guiños que hacían los reyes para dar por hecho su «divinidad».

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© CopyrightFernando Conde Torrens, el lunes 12-7-2.010

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        Dejemos atrás ya el furor mundialista y volvamos a las cosas serias de que aquí nos ocupamos. Habíamos visto cómo medraba una ciudad. Claro que esa ciudad era nada menos que la capital del Imperio Seleúcida fundada por el primer monarca de la dinastía y sus inmediatos vástagos. Pero hay que pensar que, en menor escala, el modelo se siguió en otras latitudes. Allá donde no llegaba la munificencia del monarca, siempre habría un potentado local que supliría al tal con tal de que su nombre figurara en lugar señalado de la construcción esplendorosa y monumental. Es lo que conoceremos como evergetismo (del verbo griego euergetew = hacer el bien).

        En este largo período, de cerca de 300 años, que va de la muerte de Alejandro, el 323, a la caída del Imperio Seleúcida y su conversión en provincia romana del año 64 AEC. o al año 31, en que Marco Antonio es derrotado por Octavio en Actium, y Egipto conoce igual suerte, no hubo una realidad uniforme, hubo altibajos. No trataremos de describir la situación con detalle y menos reino por reino. Sólo se trata de dar unas pinceladas que esbocen el panorama y nos digan qué aspectos mejoraron y cuáles quedaron a niveles más que discretos en el mundo helenístico aquél.

        Ya había antes y la siguió habiendo una marcada diferencia entre la vida en las ciudades y la vida del campesinado. Lo que más huella ha dejado para la Historiaes la vida en las ciudades. Pero se sabe por referencias a revueltas documentadas que la vida en el campo llegó a ser, sobre todo al final del período indicado, algo casi insufrible. Las diferencias económicas eran mucho más acentuadas que en la actualidad y puede decirse, como en toda la Antigüedad y la Edad Media, que no había lo que hoy se denomina clase media. Las diferencias sociales eran mucho más acentuadas y mientras los afortunados vivían con un lujo que aun hoy sonaría a excesivo, la inmensa mayoría debía conformarse con subsistir trabajando sus pequeñas propiedades.

        A lo largo del período, incluso, los grandes propietarios irán acumulando tierras más y más extensas, donde aplicar la fuerza de la mano de obra de los esclavos, con lo que las cosechas familiares obtenidas en las pequeñas propiedades serán cada vez menos productivas en los mercados. Eso hará que el enrolarse como mercenarios sea una salida cada vez más aceptable, la única que tendrán muchas gentes jóvenes del campo. Por su parte, los monarcas que dirigen unos ejércitos formados por mercenarios, procurarán ahorrar en muertos, porque los tales les cuestan dinero. Eso les hará maniobrar de otros modos, ganándose ocultamente fidelidades que puedan suponer la derrota del contrario sin apenas tener que exponer sus falanges en una batalla, como hemos de ver. Es decir, las traiciones pasarán a estar al cabo de la calle.

        Una cosa que los monarcas Seleúcidas, Lágidas y Macedónicos harán en abundancia ese acuñar moneda como señal de prestigio. Contaban para ello con los botines capturados en las ciudades persas conquistadas. Y con las indemnizaciones de guerra a los reinos que sometían. La guerra, además de botines, proporcionaba esclavos, que eran también una riqueza, aunque sólo para el vencedor. Por eso el mapa iba cambiando y los Imperios no se contentaron nunca con los límites trazados por el monarca predecesor.

        A imitación de Alejandro, que como se ha dicho se convirtió en el patrón y modelo universal, los Diádocos y sus sucesores, se atribuyeron cualidades o atuendos divinos en las monedas que ellos mismos hacían acuñar. Alejandro fue declarado hijo de Zeus-Amón por los sacerdotes de Amón del oráculo de Siwa. Sus sucesores se asimilaron no a Zeus, que ese dios ya estaba cogido, sino a otros dioses de menor calado. En la otra imagen, moneda de oro de Ptolomeo I (305-282 a.C.). Esta costumbre de asimilar un dios al soberano se prolongará ya avanzado el Imperio romano y hasta tiempos de Diocleciano y sus sucesores, en pleno siglo IV de nuestra era.

 

Moneda de Alejandro Magno con los cuernos de Zeus. Moneda de Ptolomeo I con la diadema real

Reyes divinizados en el mundo helenístico 14     Reyes divinizados en el mundo helenístico 14    

 

        Por otra parte, la dinastía Seleúcida conoció hacia la mitad del período un declive, cuando monarcas menos diestros subieron al trono y comenzaron las guerras civiles y el cuarteamiento de la extensión del Imperio en varias lealtades, tal y como muestra el esquema de la dinastía que ya conocemos. Si los primeros 150 años las cosas se sucedieron con normalidad,  a partir de Alejandro Balas, que era él mismo un usurpador, el acceso de un nuevo monarca se realizaba de manera violenta porque siempre había más de un aspirante, a veces con éxito múltiple. Estas continuas guerras y disensiones disminuyeron la actividad económica y las ciudades empezaron a tener problemas de varios tipos.

 

Fechas y monarcas reinantes en el Imperio Selúcida

Reyes divinizados en el mundo helenístico 14

        Lista de Reyes seleúcidas y sus reinados

 

        La mentalidad mágica de la época, que ligaba el devenir de los humanos con la voluntad de los dioses, alimentaba la creencia de que un monarca contaba con el apoyo de los dioses si obtenía una victoria en la guerra. Esto también suponía un aliciente para organizar una guerra discreta para tirar adelante y demostrar así al pueblo que el monarca recién ascendido contaba con la aprobación divina.

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Enlace con el próximo día.

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………. Fernando Conde Torrens es autor de «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén», «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://www.sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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