Escuela virtual de Sabiduría de Pamplona.

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Sabiduría en Eleusis

………. Uno de los primeros focos – el primero que sepamos – de Conocimiento en la actual Europa fue la «Sabiduría en Eleusis«. Se daba en forma  de»misterios», tema al que era muy aficionada la sociedad antigua. Un poco más tarde, los Maestros griegos lo explicaron con total claridad, cn el lenguaje de la calle. Fue un avance. Asomémonos a los mensajes irradiados en Eleusis.

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© Copyright Fernando Conde Torrens

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…………..En el Foro de esta Web alguien ha sacado a colación Eleusis, del que hice mención muy de pasada en el libro de Simón. ¿Por qué no? Hablemos de Eleusis. Es un tema que me encanta.

          Tengo libertad para demostrar las cosas sutiles mediante argumentos sutiles. Esos que sólo se perciben cuando uno ha puesto en marcha el «aparatillo sutil». De modo que aquí no tengo problemas. Eleusis es un misterio en un doble sentido, porque allí se representaban los primeros misterios griegos y porque hoy en día es un misterio saber qué hacían en Eleusis cuando representaban allí los misterios. Parece que ser que nadie tiene ni idea, nadie entiende nada. Nosotros, aquí, sí.

          Hay que situarse en el dominio de lo sutil y comprender que los misterios era la manera que se tenía hace 3.450 años de enseñar lo que luego se llamaría Sabiduría. Por decirlo de otro modo, Eleusis era una Escuela de Sabiduría, o de Conocimiento, que se servía de la pantomima, donde unos Maestros enseñaban a los demás haciendo una especie de marionetas vivientes. No sé como de bruta sería la gente entonces, posiblemente bastante, porque las imágenes que los que guiaban Eleusis proponían a los asistentes eran de lo más directas, de lo más elementales y diáfanas.

          Como trato con gente que ya sabe, indico el teatro que allá se representaba y el lector va a adivinar qué significaba aquello. Luego se lo digo, pero conviene que en primer lugar el lector discurra por sí mismo el significado. Me baso en un libro de una persona de amplísimos conocimientos, Mircea Eliade, que se titula «Historia de las creencias y de las ideas religiosas. Tomo I. De la Edad de Piedra a los misterios de Eleusis.» Editado por Payot en 1.987.

          La leyenda en la que se basaron los de Eleusis es que una de las diosas principales del panteón griego, Démeter, perdió a su hija Perséfone, raptada por Plutón, el dios de los Infiernos, para hacerla su esposa. Pero esta leyenda, que está puesta en El Camino este mismo mes, no es necesaria para comprender el sentido de los ritos. Un neófito sólo era admitido si venía respaldado por alguien ya iniciado, el tutor. Por decirlo de algún modo, el tutor respondía de la cualificación interior de su protegido. No se conocen más que 5 ritos, pero son suficientes.

          Los Misterios se dividían en dos partes, los Misterios Menores, que se celebraban en la propia Atenas, y los Misterios Mayores, a celebrar en el santuario de Eleusis. El paso de una etapa a la otra se hacía mediante una procesión. En ella, los neófitos atravesaban un puente sobre un río y a ambos lados del camino, sobre el puente, personas con máscaras insultaban a los que iban en la procesión. Los neófitos seguían en la procesión, sin abandonarla por ello. El sentido puede captarse también con facilidad, el camino no es fácil y simulacros de personas (máscaras) no se lo pondrán fácil a los buscadores de algo de luz. Pero ellos deben pasar a la otra orilla, dejar atrás la orilla en la que hacían su vida y llegar a la orilla en la que estaba el santuario y su conocimiento.

          En la procesión, los neófitos debían llevar bajo el brazo a un lechón consigo y lavarlo a la orilla del mar. Ese lechón debía ser sacrificado una vez terminados los Misterios, cuando todos regresaban a Atenas. Y el lechón pesaba. La simbología no es demasiado sutil y no hace falta ni explicarla. Plotino, que es muy posterior y alejandrino, lo dirá de manera más elegante:

          «Si aún no te ves perfecto, … quita todo lo superfluo, limpia y da brillo a lo oscuro …«

          A aquellas buenas gentes de hace 3.450 años, las lecciones sobre Evolución parece que les entraban mejor mediante imágenes cotidianas, como los sucios lechoncillos y su limpieza posterior.

          En el tercer rito, ya en el santuario, los neófitos tomaban un pan de una canasta, previsiblemente grande, en la que cabrían tantos panes como aspirantes, y lo palpaban con sus manos. Lo ponían luego en su propia canastilla. Más tarde lo volvían a sacar de su canastilla y lo depositaban en la gran canasta. El sentido del ritual es asimismo fácil de percibir, si se tiene en cuenta que implica sacar algo propio de un depósito común y más tarde, volverlo al cesto de donde salió. Eso es la vida del ser humano, aunque no todo el mundo logra sacar el pan y llevarlo a su propia canastilla. Ni todo el mundo ve claro que, al final, el pan vuelva a la gran Canasta de donde salió. Aunque eso suceda a todo pan.

          Parece que se conoce una oración, el sunzema (sinzema), la consigna, que dice así: «He ayunado, he bebido el vino sagrado, he cogido de la cesta y, tras haberlo amasado, lo he dejado en la canastilla, luego, retomándolo de la canastilla, lo he vuelto a colocar en la cesta.« Era un recordatorio de lo que debían recordar.

          El cuarto rito nos habla de que los neófitos, mirando hacia el cielo, gritaban: «¡Llueve!» Miraban luego a la tierra y pedía en voz alta: «¡Concibe!«. La simbología de este ritual tampoco es difícil de comprender. Porque algo venido de lo alto debía manifestarse y caer abundantemente sobra la tierra. Y luego le tocaba a ésta volverse fértil y concebir, dar a luz, engendrar. Porque no toda tierra es fértil y concibe. Mucha semilla cae en tierra seca, dura y allí apenas sale nada. Sólo en la tierra fértil, dirá otro Maestro, la semilla germina y crece y da espigas repletas de fruto, una con treinta, otra con sesenta y otra con cien granos.

          Y por último, el acto final, en el que los mistos, que así se denominaba en griego, creo, a los aspirantes, provistos de antorchas, imitaban la búsqueda de Perséfone, la diosa hija, por parte de su madre, hasta que la encontró. La apoteosis final venía acompañada de una gran cantidad de luz. Tuvo que buscar mucho la madre, Démeter, para logran encontrar a su hija.

          Alguien también dijo que «el que busca, encuentra, el que pide recibe y al que llama se le abre.«

          Y Plotino lo dirá con la elegancia que le caracteriza: «… hasta que se encienda en ti el divino esplendor de la virtud … siendo tú mismo todo entero luz verdadera.«

          De manera que todos los que sabían algo de lo sutil enseñaron lo mismo. No podía ser de otro modo.

. Sabiduría en Eleusis

Sabiduría en Eleusis

    Sabiduría en Eleusis

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          PD: Tratar de enseñar Conocimiento a quien no tiene la «pituitaria sutil» funcionando es inútil. Por eso, un merodeador no entenderá nada de todo esto, y lo negará todo. Ha pasado.

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……….Fernando Conde Torrens es autor de «Año 303. Inventan el Cristianismo», recientemente editado,  «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén»,»La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En http://sofiaoriginals.com/ expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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