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Conde Torrens
Al poco tiempo de lo sucedido y referido en el artículo anterior, aparece en escena Sócrates (-469-399). Estamos en el siglo V AEC. No tengo seguridad de con quién aprendió, tal vez fuera autodidacta y se nutriera sólo de los escritos que habían dejado los maestros anteriores a él, que también así se puede llegar arriba. El hecho es que en su madurez, Sócrates enseña el Conocimiento, o cómo ser feliz en vida, en Atenas. No pocos de sus alumnos, o “prokoptes”, son jóvenes, por aquello de que la juventud es curiosa y tiene ganas de aprender.
En su tiempo, la
clasificación vigente, en esto del Conocimiento, seguía siendo la de “idiotes”,
“prokoptes” y “sofos”. Y sus alumnos “prokoptes” le llaman a él “sofos”.
Esto parece que hirió la sensibilidad de Sócrates e inventó un subterfugio
que iba muy bien con el temple democrático y maternal que tenía Sócrates.
Y un buen día dijo Sócrates
a sus alumnos:
- “No me llaméis
más “sofos”, aquí ya no hay “prokoptes” y “sofos”. Todos buscamos
la Sabiduría (Sofía), todos somos buscadores o amigos (filo) de la Sabiduría
(Sofía), por tanto todos practicamos la “Filo-Sofía” y todos somos
igualmente “filo-sofos, buscadores de la Sabiduría”.
Profesor y alumnos
desde ese día se llamaron “filosofos” en lo externo, aunque nadie se hacía
ilusiones y cada cual sabía bien dónde estaba. Y pasan otros 800 años. En ese
tiempo, varios alumnos de Sócrates llegan a “sofos” y fundan sus escuelas.
En un libro que tengo escrito, la estela socrática estudio esa época. Cuando
se publique, lo citaré como referencia. Alumnos “prokoptes” que acuden a
las escuelas de Atenas, Megara y Elis parece que serán Zenón de Zitio, Pirrón
de Elis y Epicuro, quienes a su vez fundarán las escuelas estoicas, escéptica
y epicúrea.
No estoy seguro de si
en tiempos de Sócrates o algo antes, comienza a surgir una profesión nueva, la
de los modernos abogados, defensores profesionales de causas litigiosas. Mi
humilde diccionario VOX da como acepciones de sofista, entre otras, orador, retórico;
pseudo-filósofo. Porque el “sofos” defiende el Conocimiento, la Verdad
universal. El sofista defiende la causa del que le paga. No se le podía llamar
“sofos”, por más que parezca que siempre tiene razón, y, no sin ironía,
se le llamó “sofista”. Tengo para mí que “sofista es a “sofos” lo
que listillo es a listo, o lo que sabiondo es a sabio. Es un término
despectivo, una caricatura. De modo que hay un oficio más, “sofista”, el
abogado moderno, dicho sea sin retintín.
Con el tiempo, las
escuelas adquieren renombre y se convierten en toda una institución, de modo
que un maestro, o “sofos”, rige cada escuela hasta su muerte y cuando se ve
en vísperas de la marcha, llama a otro ex “prokoptes” devenido en “sofos”,
para que se haga cargo de la dirección de la escuela, donde se sigue enseñando
lo mismo que enseñaba Sócrates y los “sofos”, lo pongo en singular,
anteriores a él.
Sigue sin haber confusiones y las cosas marchan razonablemente bien. Tan bien que hasta los Emperadores del siglo II de la saga de los Antoninos siguen los dictados de las escuelas de Filosofía, sobre todo de la estoica, que se implantó con más fuerza en Roma. Repito pues que hasta inicios del siglo IV EC no había confusiones.
Y ahora, tema
sensible, entramos en la época de Constantino, principios del siglo IV. Dejo
aparte si el NT lo ordenó redactar Constantino o estaba redactado ya. El hecho
es que entre Constantino y Teodosio, y en eso coinciden todos los historiadores,
implantan, obligan, convierten o imponen el Cristianismo como religión oficial
primero, y obligatoria después. Teodosio cierra las escuelas de Filosofía. Basta leer los escritos cristianos primitivos, anteriores a Nicea, con
independencia de quién los redactara, para comprobar que en ellos se desprestigia la Sabiduría.
Y no sólo eso, sino
que se impone y generaliza un nuevo diccionario, que perdura en nuestro tiempo.
Y ahora entro en el corazón del asunto. A Constantino y a Teodosio les molestaba
la Sabiduría y la borraron del mapa. El Cristianismo se opone frontalmente al
Conocimiento en la práctica. Y con ello se opone al objetivo del ser humano.
Los menos evolucionados dictan las normas de la nueva
educación a toda la sociedad. La nueva manera de progresar se llama sumisión, fe.
Desaparece el
concepto de sabio, se entierra la Sabiduría, y en su lugar se promociona la fe,
“creer en lo que nosotros os contamos”. A este objetivo le viene de perlas
la vieja división, obra de Sócrates: No hay “sofos” ni “prokoptes”,
todos somos ya “filosofos”.
Para completar la
confusión, se unen Ciencia y Conocimiento y a todos los físicos, matemáticos,
geógrafos, historiadores, e incluso sofistas, se les llama filósofos. Se
confunde, con plena conciencia y aviesa intención, a los científicos con los
maestros y a todos se les llama “filósofos”. La Sabiduría ya no existe, el
viejo sueño de Constantino realizado, la Verdad tampoco, el Conocimiento se entremezcla
confusamente con la Ciencia, el analfabetismo esencial está servido.
Ahora - por un
momento voy a tirar
la modestia a la basura - expondré la clasificación correcta. Las diversas Ciencias se van
desarrollando y el Renacimiento es la última etapa en que a una mente humana le
está permitido abarcarlo todo. A partir de Leonardo da Vinci, muy conocido
porque inspiró el famoso código que lleva su nomnre, ya los matemáticos tienen bastante con las
Matemáticas y los físicos con la Física. Todos ellos pasan a ser científicos,
operarios de las Ciencias, que ya están separadas.
Vamos al mundo de las
ideologías. Dado que han desaparecido las escuelas, donde enseñaban los que
sabían, los maestros, sólo se puede aprender la “inexistente” Sabiduría
en plan autodidacta, leyendo los pocos libros que escapan a los destructores de
libros (biblioteca de Alejandría y otras muchas). Otras personas comienzan a
elucubrar por su cuenta: Son los pensadores. Leen algo de no saben bien quién,
piensan en su confusión saber algo o ver claro algo ...
y van y lo escriben. Son simples pensadores. A éstos, los maestros de la
desalfabetización también les llaman filósofos. Así se incrementa la confusión.
Pues bien, realmente,
los profesionales de las Ciencias son los científicos. En el mundo de las
ideas, hay pensadores, los más, y maestros, poquísimos. Los primeros piensan,
los segundos saben. Los primeros pertenecen al viejo género de los
“idiotes” o de los “prokoptes”, según su grado de acierto. Los maestros
modernos o actuales son los herederos y continuadores de los viejos maestros
griegos y, como ellos, no se equivocan nunca. He ahí la pequeña diferencia. Una
lista de obras de maestros contemporáneos aparece en este
enlace.
Y así son las cosas,
por mucho que nos pese o que no las entendamos. Por mucho ruido que hagan. Por
muy “asnoalfabetos” que pretendan que seamos. Por muy manipulados que fuéramos
en la infancia, edad dorada para los manipuladores, cuando los bípedos
carecemos de defensas y lo tragamos todo.
Por poner un ejemplo,
Sócrates era un maestro de Sabiduría, por más que su método de divulgarla fuera
hacerse el “tonto” y dialogar con el objetivo en plan compadre. Platón fue
un “prokoptes” de los que no llegó a “sofos”. Su mérito fue dejarnos
abundante literatura con las enseñanzas del maestro, que no es poco. (Inciso
astuto para decir que Platón, respetuoso, ni deificó a Sócrates ni le adjudicó
milagros. Los buenos "prokoptes/sofos" no se hubieran quedado callados).
Aristóteles fue otro “prokoptes” si bien eligió a un profesor desastroso,
Platón. Fundamentalmente, Aristóteles fue un científico, que, como Posidonio,
trasteó en el mundo de las ideas. Ahí no pasó de pensador, si bien en el
campo científico le fue mejor. Pero de ahí a pretender que nos pueda enseñar
en el campo de la ideología ... va un abismo.
Los enterradores de
la Sabiduría ignoraron al primero y promocionaron a los dos segundos e hicieron
de ellos lo más granados del saber antiguo (???????). Y ello porque ambos eran
inofensivos. Hicieron eso y destruir los libros de los auténticos maestros. Y
sembrar el equívoco durante 17 siglos. Por eso, las clasificaciones y las
opiniones que se hacen en miles y miles de libros sobre Filosofía adolecen de
la incuria generalizada, porque prácticamente nadie sabe qué sea realmente eso
de la Filosofía, definida por Sócrates. Tendrían que saber de manera
vivencial qué es Sabiduría y eso “¡Uuuuhhhh ...!” que decía el
lobo. Algunos buenos alumnos, en su despiste, la califican de “New Age” ...
cuando es más viejo que andar a pie ...
Como decía alguien,
al que aún no he seguido muy bien la pista, pero que estaba en la mitad
superior de la escala, “mil libros que escriban mil autores dormidos, sólo
harán seguir soñando más profundamente a un millón de lectores dormidos”,
citando de memoria al bueno de Gurdjieff.
Espero que las cosas
hayan quedado claras. Caso de que no, atrévase el lector a llevarme la
contraria y sabrá lo que es bueno. Frase, evidentemente, escrita en broma. Las
discrepancias serán bien recibidas y darán origen a jugosas Tertulias. Gracias
de antemano a los eventuales invitados.
Nos queda por ver una muestra más de ingenio en la Grecia antigua, obra de personas dedicadas a las Ciencias. Porque el ingenio, dado que es “inventar algo con rapidez y facilidad”, es algo que está bastante alejado del Conocimiento, que tiene, como decía Demócrito, “una manera de conocer más fina”. Descartes, siglos más tarde, dirá que se conoce de "una manera clara y distinta". Lo malo es que de ella sólo puede hablar el que la ha catado. Y sólo se entera de qué va la fiesta el que está próximo a catarla. De ahí la supuesta "esotería".
Los logros
en el campo del Conocimiento se logran con sangre, no con ingenio. Cuando hablo
de sangre, esa sangre es metafórica.
Lo dejamos por hoy, lector. Ya me he quedado tranquilo.
Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre este libro.