Las pirámides y 4

© Copyright  Fernando Conde Torrens 

 

 

 

        Hemos visto cómo se construyeron previsiblemente las pirámides. Al margen de su forma de construcción, vamos a ver hoy algunos detalles constructivos que nos permitan hacernos una idea de su real tamaño, de su aspecto, del mérito que tuvo su construcción, aun sin llegar a estar junto a ellas.

        En primer lugar, veámoslas por fuera. Aquí, voy a evitar las imágenes clásicas y procuraré ofrecer al lector algunas fotos poco vistas y que nos den una idea clara de la grandiosidad de las construcciones. La que veremos ahora es la pirámide de Keops vista de cerca. Se ven los bloques de piedra. Ello puede dar una idea de su tamaño y de la dificultad de la construcción.

 (Fuente, Historia Universal SALVAT)

        Creo que sobran los comentarios. Faltan, evidentemente, todos los bloques de revestimiento. Ahora veamos la pirámide de Kefren, hijo de Keops, desde el aire. Esta pirámide conserva en su parte superior el revestimiento original. Eso hace que, desde arriba, se pueda ver la forma perfecta de la pirámide, con las aristas perfectamente definidas, especialmente las que delimitan las zonas de sombra. Se comprueba que, al menos en la parte superior, los bloques de revestimiento son más anchos que lo que nos dijeron en la teoría de días anteriores.

(Fuente, Historia Universal SALVAT)

        Una de las caras de la pirámide de Micerinos, hijo de Kefrén, conserva el revestimiento exterior, claro de que erosionado por las inclemencias y las tormentas de arena de siglos y siglos. Luce así.

        No todas las pirámides tienen la clásica forma de pirámide, como las de Keops, Kefren y Micerinos. En los primeros tiempos, las tumbas eran mastabas. Una mastaba es un edificio sólido en forma de trapecio. Si se construyen varias mastabas superpuestas, se tiene una aproximación a una pirámide. Así fueron las primeras pirámides, las construidas con anterioridad a las más conocidas, y más altas, de Keops, Kefren y Micerinos. En concreto, la de Zoser, hacia el año 2.560 AEC.

(Fuente: EGIPTO El mundo de los faraones. KÖNEMAN, 2.004)

        En un determinado momento, hacia 1.850 y con la XII dinastía, se construyeron no pirámides de piedra, sino de ladrillos de adobe. La erosión ha sido mucho más severa con ellos que con la piedra y los restos que han llegado a nosotros de tales pirámides son apenas una mole informe, como la de la figura siguiente, del faraón cuyo piramidión se nos ha conservado, quizás porque quedó confundido con la ruina de su tumba. Recuerda los restos de zigurats babilónicos.  

(Fuente: EGIPTO El mundo de los faraones. KÖNEMAN, 2.004)

        Hubo errores en el diseño de algunas pirámides. Los primeros arquitectos no siempre acertaron en sus cálculos. Así, en Saqqara una pirámide se derrumbó y quedó como mudo testigo de un diseño demasiado audaz. En otra ocasión, un diseño equivocado se trató de corregir, disminuyendo la inclinación de las caras laterales, la pirámide acodada de Snefru, de la III dinastía, con éxito sólo relativo, pues hubo derribos parciales.

  (Fuente: EGIPTO El mundo de los faraones. KÖNEMAN, 2.004)

        Ya hemos visto las pirámides por fuera. Ahora vamos a verlas por dentro. Lo único que se puede ver de una pirámide por dentro son sus galerías, los huecos. Veamos la gran galería de la pirámide de Keops. Hela aquí.

 

  (Fuente: EGIPTO  El mundo de los faraones. KÖNEMAN, 2.004)

        Recordemos que la gran galería conducía a la cámara funeraria del faraón, estaba prevista en los planos de la pirámide diseñados por el arquitecto real y debía tallarse y construirse conforme se colocaban las capas de la pirámide. El esquema, ya reproducido en artículos anteriores era éste. El punto 9 es la gran galería.

  (Fuente: EGIPTO  El mundo de los faraones. KÖNEMAN, 2.004)

        La gran galería era el conducto que llevaba a la cámara funeraria, donde estaba el sarcófago que contenía el cuerpo del faraón y todos sus enseres más personales. Quizás por eso ha sido el objetivo más codiciado de los ladrones de tumbas, quienes, a través de los siglos de que han dispuesto, han expoliado todas las tumbas, una tras otro. Todas menos la tumba de Tuthankamón - un insignificante faraón que apenas reinó unos pocos años, y que murió inopinadamente muy joven, a lo que parece, de un accidente - fueron saqueadas y su contenido no ha llegado a nosotros. Tuthamkamon fue el yerno de Akhenaton, el faraón hereje. La suya fue la única tumba  intacta que se conserva. 

        Los egipcios no conocían la bóveda. Por eso, cerraban una estancia a base de colocar en el techo bloques cada vez más próximos entre sí. Algunos siglos más tarde, en Micenas, se empleará la misma técnica, con la única diferencia de que los micénicos tallarán las losas del techo, dándoles la apariencia de una perfecta bóveda, sin serlo. Una construcción similar, a base de acercar los bloques cada vez más, se empleó en el cierre de la cámara mortuoria de Snefru. Pues bien, he aquí la cámara funeraria de la pirámide de Snefru, al que más adelante conoceremos.

 

  (Fuente, Historia Universal SALVAT)

          Habría mucho que hablar de las pirámides, de cómo se progresó en el conocimiento de la técnica para construirlas perfectas, de los usos y costumbres de cada dinastía. La IV fue la que más importancia dio a la majestuosidad de las tumbas de sus faraones, de ahí el tamaño y el esfuerzo realizado. Posteriormente, los faraones comprendieron que tal vez el trabajo era excesivo y esquilmaba el imperio. El hecho fue que se dio más importancia a la construcción de Templos que a la majestuosidad de la tumba del faraón de turno. Así pues, de Templos hablaremos mañana.

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Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com  hay comentarios y más información sobre este libro.