© Copyright Fernando
Conde Torrens
Un determinado
proceso de investigación compleja, como averiguar el sentido de una escritura
antigua o averiguar la forma en que se escribieron unos libros hace más de
1.500 años, he comprobado que tienen aspectos comunes. Y dejo aparte el hecho
de que ambos casos estén relacionados con la escritura. Quizás ese aspecto
profundice en las similitudes, pero creo captar analogías tanto en el
planteamiento, como en el desarrollo, como en el final satisfactorio. Vayamos,
entonces, por partes.
Analogías en el
planteamiento.
El proceso de
investigación se desencadena en un momento determinado, antes no hay interés o
no hay medios. De hecho en un primer momento, siglos atrás, el problema es
inexistente. Cuando los monarcas persas construían sus palacios y en ellos
escribían lo que les parecía, no existía ningún problema con los signos
cuneiformes. Todos sabían lo que los signos querían decir. Cuando se
escribieron los Evangelios, para una serie de personas tampoco había ningún
problema, ellos habían visto muy de cerca la génesis de los libros, sea ésta
la que fuera. El problema llega miles de años después, cuando la huella que
unos y otros han dejado queda sepultada por el tiempo.
En el caso de los
jeroglíficos egipcios, o del lenguaje cuneiforme, es la falta de uso impuesto
por pueblos extraños que conquistan el territorio. En el caso que nos ocupa, la
falta de engarce histórico de los autores “inspirados” y los historiadores
oficiales. Si de la historia que narran nuestros libros ideológicos hubieran
quedado huellas innegables y diversas en la memoria de la época, no estaríamos
discutiendo de la historicidad del protagonista.
Y no es comparable la
afirmación de que de Jesucristo no podemos dudar del mismo modo que no dudamos
de Julio César, Amilcar Barca o Alejandro Magno. La diferencia es que de todos
los citados nos quedan huellas de diversa procedencia, no sólo de los
partidarios ideológicos.
Llega un momento en
la historia de Occidente en que se plantea como problema el resolver el
significado de los signos cuneiformes o jeroglíficos, pero se carece de medios
para hacerlo. Y llega un momento en que aparecen esos medios y se pone en marcha
el proceso de búsqueda. Será la piedra Roseta o será el hecho de que se hacen
descubrimientos arqueológicos más consistentes, pero llega un momento en que
una parte de los científicos se proponen resolver un enigma del que se acaba de
tener conciencia. Podríamos decir que pasan 100 años y el problema ha quedado
resuelto. En el caso de la historicidad de la figura de Jesús, no puede decirse
lo mismo. Han pasado más de 100 años desde las primeras publicaciones de la
escuela de Tubinga y el acuerdo sigue inconcluso.
Me aventuro a señalar
que posiblemente la naturaleza del asunto tenga mucho que ver con esta tardanza
en confluir hacia una solución razonada y generalmente aceptada. En los temas
que acabamos de ver, con sus más y sus menos, pero hemos visto colaborar a
cuantos en la búsqueda intervienen, se portan como servidores de la Ciencia,
aun con sus miserias personales. Algo diferente debemos estar haciendo en el
tema nuestro para que tal acuerdo sea tan poco esperable hoy como hace 100 años.
Insisto, la naturaleza del asunto, no es preciso aclarar más detalles.
Así, hay analogías,
del problema se tiene conciencia a partir de un cierto momento, no antes. Los
medios juegan un papel importante. Cuando los hay, se acomete la búsqueda y en
100 años, la unión hace la fuerza. La diferencia es que, en nuestro asunto,
100 años no han sido suficientes. Creo poder decir que nunca como en este caso
las banderías han sido más evidentes y más inamovibles. Con banderías
incluidas, el trabajo de los que buscan aclarar lo sucedido se torna más difícil,
porque ya no hay colaboración generalizada. Pero queda la esperanza de que los
que buscan sean capaces, ellos solos, de hallar la solución. A fin de cuentas,
no necesitan de otra cosa que su ingenio y su interés. Tampoco colaboraron
mucho los que seguían convencidos de que la escritura cuneiforme eran cenefas
estéticas para decorar los alféizares de puerta y ventanas. De modo que la
falta de colaboración no es un problema paralizante, aunque lo sea retardante.
Analogías en el
desarrollo.
He creído percibir
ciertas semejanzas entre ambos procesos de búsqueda, la jeroglífica y la
cuneiforme. Luego trasplantaremos el tema a nuestro caso.
La primera sería la
división en dos bandos, los partidarios de la búsqueda y la de quienes dicen
que no hay nada que buscar. Incluso en el caso de la escritura cuneiforme, se
dio la postura de quienes decían que, aunque hubiera algo que buscar, no había
nada que pudiera ser encontrado.
La segunda similitud
la veo en la metodología a emplear. En uno y otro caso, el ingenio y la novedad
juegan un papel determinante. Pero donde la suma de ambos factores se vuelve
evidente es en la caso de la escritura cuneiforme. No es éste el momento de
hablar del ingenio, sino dentro de tres días, cuando conozcamos más ejemplos.
Pero me ha parecido que Grotefend, Rawlisson, Young, Champollion y Lassen fueron
los mas constructivos, los más intuitivos. Hay una característica de su
metodología que quiero resaltar, la aparente fragilidad, consecuencia de una
construcción que pudiera aparentar teórica o fortuita en exceso. Si se
acierta, no lo es.
Otro aspecto a
detenerse es que la Ciencia progresa gracias a métodos nuevos, métodos no
consagrados. Los métodos nuevos no se oponen a los consagrados, los
complementan. Y deben hacerlo cuando los consagrados resultan ser incapaces de
resolver el problema, bien porque no se aplican, bien porque no están
preparados para las nuevas contingencias. Empeñarse en que problemas nuevos se
descubran sola y exclusivamente con métodos viejos, tal vez sea una postura
ajena por completa a la flexibilidad que la Ciencia ha tenido en otros campos, y
cuyo fruto ha sido el progreso.
La postura de los
propios científicos es otro aspecto en el que convienen pararse. Si la Historia
es útil, una parte de su utilidad tal vez sea que, como dijo el otro, “no hay
nada nuevo bajo el sol”. Ya hemos hablado de los que no ven problema o
mantienen que no creen posible su solución. A lo que quería referirme ahora es
al comportamiento interesado. Es más evidente en el caso de Grotefend. Porque
oponerse, se opusieron. Lo sangrante es que luego utilicen sus hallazgos en
beneficio propio, para basarse en ellos y pasar a la Historia en el mismo campo
que dificultan. El autor del libro que he seguido es muy diplomático en este
tema y también desea serlo un servidor. Pero no puedo evitar un último
recuerdo a la negación interesada, cuca.
La multitud de
aportaciones es otro aspecto a destacar. Nunca todo lo hace uno, salvo el caso
casi inaudito de Rawlisson, que él solo se agenció las inscripciones, estudio
los idiomas, y resolvió el problema, aislado del mundanal ruido. No puedo
ocultar que me resulta especialmente simpático. De ahí el dedicarle la
cabecera en exclusiva de un artículo. Pero salvando este caso, e incluso en
este caso, la aportación múltiple es el común denominador.
La multitud de métodos
e iniciativas sería otro aspecto destacable. Todo vale, todo sirve. Herodoto,
los monolitos, los vasos, las inscripciones, textos litúrgicos de los Vedas,
todo puede ser fuente. Y también valen todas las personas, incluso los que,
como Rawlinson, de aficionados pasan a Miembros Honorarios. La Ciencia no
discrimina a un investigador por sus títulos, su color de piel o su credo;
algunos malos científicos, sí. Pero siempre acaba por imponerse la razón,
aunque, en ocasiones, sea ya muy tarde para el protagonista.
Otro tema que me
parece crucial es que aun siendo métodos diferentes, aunque unos y otros se
ayudan de instrumentos distintos, todos llegan a conclusiones que finalmente
confluyen y se confunden. De ahí que mantenga que no hay que tener miedo a los
métodos. Si son correctos, todos llevarán a la solución única. No puede ser
de otro modo. Y si son erróneos, ya se demostrará.
Y para no cansar al
lector, ya que hoy no hay viñetas, el resultado final. El resultado precisa de
dos factores: De tiempo y de constancia. Cuando se busca, se encuentra. Cuando
no se busca la solución de un problema, cuando ni se tiene conciencia de que
tal problema exista, entonces es cuando se tiene el problema, no cuando se busca
la solución. Cuando se busca, ya se ha dejado atrás el problema. El éxito
final es sólo cuestión de tiempo.
La paternidad del
Nuevo Testamento.
En este tema voy
hablar escuetamente de las facetas que ya se han dado en este entorno. El “aquí
no hay ningún problema” me resulta conocido. El “sería una actitud
presuntuosa querer llegar a saber lo que Jesús dijo”, también me es
conocido.
La colaboración
desinteresada y anónima también me es conocida y supera con fuerza a las
posturas antes mencionadas, por lo que la agradezco de manera colectiva desde
aquí. Las ideas múltiples también la conozco. Es bueno que haya personas a
las que sus creencias les interesen lo suficiente como para dedicar tiempo a
poner a prueba afirmaciones y teorías ajenas, con el resultado que sea.
Lo que menos importa
es tal o cual resultado parcial. Lo que importa es la contribución que todos
hacemos a la clarificación de un problema. ¿Que resulta que Jesucristo es una
persona plenamente histórica (no se puede ser sólo medianamente histórico)?
Alegrémonos, hemos resuelto el enigma. Y otros frutos más se obtendrán de la
investigación.
Ahora ya sabe el
lector por qué cuando cogí el libro citado entre las manos no lo solté hasta
que lo acabé. Me costó un día, aunque no he relatado sino aproximadamente una
cuarta parte del contenido del libro, que tiene 220 páginas y habla de otros
muchos lenguajes. Algunos, desconocidos aún al día de la fecha.
Bien, pues a esas conclusiones llego, amigo lector. Cualquier aportación será bien recibida porque ahora ya podemos organizar Tertulias. Entramos en un nuevo Curso. Esperemos mucho de él.
Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre este libro.