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Fernando Conde Torrens
Un periodista no malo
no dejará de defender sus criterios si ve que otros colegas divagan en un tema
que aprecia. Y no digo que difieren, sino que divagan, yerran, dicho sea con más
claridad. Estamos hablando de la ciencia de los griegos, de su ingenio. Hemos
vista que la idea de que la Tierra era redonda y no plana, se tuvo en Grecia en
el siglo IV AEC., pero se perdió. Que el heliocentrismo estaba aceptado por los
más sabios de Grecia en el siglo III AEC. Pero también se perdió. Que la
medida correcta de la circunferencia terrestre había sido hallada, y por dos métodos
distintos y estaba publicada. Pero tal conocimiento se perdió.
No son estos
conocimientos los únicos que se han perdido. Ojalá lo fueran. Pero no, hemos
perdido más cosas, e incluso cosa más importantes que la idea el
heliocentrismo o de la redondez de la Tierra. A fin de cuentas, Colón y los
indios podrían protestar por ello, nosotros no, puesto que los conceptos
acertados se han vuelto a encontrar. Se han recuperado. Hoy quisiera hablar de
algo que se ha perdido y que aún no ha sido hallado. Dice el libro al que he
seguido, titulado Historia de la Filosofía, que Posidonio fue filósofo. A
continuación describe las aportaciones de Posidonio en el campo de la Filosofía.
Resumiré la posición de Posidonio en Filosofía.
Si su maestro, que
fue Panaitios de Rodas, rechazaba la astrología y la adivinación, Posidonio
les daba validez. Su maestro defendía que no habrá fin del universo gracias a
una conflagración de fuego, Posidonio era partidario de la conflagración ígnea
periódica. A lo que se ve, Posidonio tenía una pesimista filosofía de
la Historia. Los estoicos clásicos “mantenían la unidad de la personalidad,
que podía sintonizar por completo con el Logos o razón universal, eliminando
de raíz las malas pasiones y viviendo una vida en virtud perfecta”. Posidonio
no aceptaba la estructura unitaria del alma, sino que la dividía en tres, dando
entrada a dos "daimones" dentro de nosotros, uno bueno y otro malo.
Posidonio rompe también el paralelismo entre microcosmos y macrocosmos, típico
del estoicismo, ya que “en nuestra alma hay un lado o daimón malo, cosa que
no sucede en el alma del mundo o dios”. Felizmente, en algo coincidían
Posidonio y su maestro, en que aunque la virtud es el único bien moral, también
la salud y la riqueza contribuyen a la felicidad. Incluso ayudan a cooperar más
eficazmente con la divinidad o Logos en la tarea de buscar la verdad e
introducir o conservar el orden en el mundo, nuestra meta última en la vida.
Como resumen, el autor del libro al que sigo indica, con muy buen criterio, que
Posidonio dio más bien un paso hacia atrás en temas de Filosofía.
Hasta aquí, casi literalmente, el resumen de la posición de Posidonio siguiendo el libro de referencia, el cual tiene la siguiente portada.

La lectura de éste y otros comentarios
de autores relacionados con la Filosofía y convicciones personales me impulsan
a tratar de aclarar la situación relativa de científicos y maestros, de la
Ciencia y el Conocimiento. Estamos hablando específicamente de Historia y de
Historia de esta Humanidad. No podemos pasar por alto algo tan sustancial,
crucial y trascendente como esta generalizada asimilación entre Ciencia y
Conocimiento, fruto, sin duda, de una educación nefasta, la de nuestra sociedad.
En vez de entrar en argumentaciones al hilo de lo mencionado hasta ahora, lo haré en forma de historia. Y, dentro de la seriedad del tema y sin concederme licencia alguna, lo expondré en plan informal, por más que el tema sea de lo más serio.
Hemos de remontarnos
al siglo VI AEC y situarnos en Grecia, mi cuna natal. Allá se dan varios tipos
de profesiones, o dedicaciones, de los griegos de la época. Los hay matemáticos,
físicos, astrónomos, geógrafos, historiadores, labradores, mercenarios, etc.
Con independencia de la labor profesional, unos pocos buscan el Conocimiento o cómo
ser feliz en esta vida. De los que lo buscan, unos lo encuentran y otros no. A
los que lo han encontrado se les comienza a llamar localmente “sofos”, que
equivale a nuestro sabio o maestro. Por la época a que me estoy refiriendo, alguno
de éstos últimos, a los que luego se llamará presocráticos, ve claro que, en
esto del Conocimiento, los humanos se dividen en tres categorías o clases, que
siempre en idioma local se definen como (y aquí trascribo pronunciaciones) “idiotes”,
“prokoptes” y “sofos”.
El género
“idiotes” comprende aquellos que pasan la vida sin dedicar atención ni
tiempo a la cosa ésta del Conocimiento. Aprenden, sí, pero muy poco, como
fruto del azar, de las adversidades o lecciones de la vida. A fin de cuentas,
puesto que aprenden sin querer, por casualidad, lo que aprendan, bien está. No
hacen nada por aprender ... He dejado, adrede, la traducción del vocablo
“idiotes” para el final. Significa ignorante, inexperto, no lo que el lector
había supuesto.
El género
“prokoptes” incluye a quienes, en un momento de su vida, comprenden que
deben aprender a vivir, que vivir como viven es un desatino, una locura. Y,
normalmente en la época, se iban a aprender al lado de un humano perteneciente
al género tercero, al género “sofos”.
Los del género “sofos” solían tener funcionando escuelas donde se enseñaba
el Conocimiento. Ya que estamos en el género “prokoptes”, terminemos
diciendo que no todo el que iba a aprender al lado de un “sofos” terminaba
hecho un “sofos”, sólo algunos lo lograban. Pero ya nunca volverían
posiblemente a ser “idiotes” integrales.
El que ya de joven se
apuntaba a “prokoptes” y venía dotado de un buen nivel, bajo la atenta y
amable tutela de su maestro, se convertía a su vez en maestro, en “sofos”.
Esta mutación o cambio la percibía el “sofos” guía, de hecho la veía
venir, y también se daban cuenta de ella los demás colegas “prokoptes”,
por las intervenciones del colega aventajado en las clases.
No se confundían
entonces los temas del Conocimiento, la transformación del propio
comportamiento, con los cálculos geométricos, las clasificaciones físicas de
animales y minerales, los trayectorias de los astros, los perfiles de las costas
mediterráneas, la ordenación de los sucesos históricos, la siembra y
recolecta de puerros y zanahorias, el manejo de las armas, etc, que eran los
quehaceres de matemáticos, físicos, astrónomos, geógrafos, historiadores,
labradores, mercenarios, etc. Eran suficientemente despiertos nuestros amigos
los griegos como para no confundirlas.
Unos se dedicaban a unas
cosas y otros a otras, sin confusiones de ningún tipo. Como casi todo estaba
por hacer en aquella época, e incluso siglos después, y la Ciencia había dado
pasos, pero pocos, uno podía abarcar varias de las profesiones citadas.
Por poner ejemplos de
aquella época, Thales de Mileto se dedicó al campo de la Ciencia, en concreto,
parece que a la física. Y sólo a ella. En cambio, los 297 dichos que dejó Demócrito
, según el libro (*) que tengo en las manos, muestran con gran claridad que Demócrito
se dedicó sólo al Conocimiento y no a las Ciencias.
No sólo en la época
citada, sino incluso más tarde, se siguió dando esa dedicación independiente,
como hemos visto que hicieron Eratóstenes y Posidonio. El primero se dedicó a
varias profesiones dentro del campo de la Ciencia. Tocó y aportó en los campos
de la matemática, la geografía y la historia. Pero no parece que entrara en el
Conocimiento, ya que nada dejó escrito sobre tal tema.
Está claro que Posidonio entró de lleno en el campo de las Ciencias, y aportó conocimientos en las matemáticas, la geografía y la astronomía. A lo que parece, fue un “prokoptes” y acudió a clases con un maestro. Sobre lo que aprovechó ... ya caben más dudas.
Pero descifrar a
Posidonio nos requiere seguir adelante en nuestra historia y pasar al siglo V
AEC. Pero eso, buff ... mañana.
Bibliografía citada:
* Penseurs grecs avant Socrate. De Thalès de Milet a Prodicos. Juan Voilquin, GF_Flammarion, 1.964. pag. 169 y ss.
Fernando Conde Torrens es autor de "Simón, opera magna", "El Grupo de Jerusalén", "La Salud" y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. En www.sofiaoriginals.com expone los resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano. En http://simonoperamagna.blogs.com hay comentarios y más información sobre este libro.